UNA RED de corrupción ha sido descubierta en Santa Coloma de Gramanet. Otra más. Como no podía ser menos, corrupción urbanística. Ha actuado Garzón, a pesar de que la red no era del PP, esta vez. Era de CiU y del PSOE catalán, que allí se llama PSC. Los informativos afines al Gobierno ZP han insistido mucho en las siglas: PSC, no han nombrado apenas al PSOE. Son los mismos, los de Montilla.
En la red, un clásico: Maciá Alavedra, amigo de Jordi Pujol y miembro que fue de su Gobierno; y otro que siempre ha rondado los juzgados: Lluis Prenafeta. En realidad, casi siempre son los mismos, aunque me librará el cielo de hacer juicios paralelos, juicios mediáticos. Que el juez que instruye los empure, si los tiene que empurar; y que los suelte, si los tiene que soltar. No sabemos por qué actúa Garzón: ¿es competencia la cosa de la Audiencia Nacional o de un juzgado local? Media docena de detenidos pueblan los calabozos de la Guardia Civil y pronto sabremos lo que decide Garzón, que está en todas el hombre. (Por cierto, hay quien dice que como Garzón se enfrenta a algunas querellas contra él, que debe dirimir el Tribunal Supremo, pues que ha dado un nuevo golpe de efecto para convertirse en el gran corregidor, otra vez). Cualquiera sabe.
Pronto, en esa península, tendrán que poner vallas y techos a los campos para albergar a tanto político trincón, pero pocos dan con sus huesos en la cárcel. Como los juicios no llegan nunca y los sumarios se eternizan, cuando se sientan en el banquillo parece que han purgado sus penas en el tiempo.
No se libran los socialistas de la trincada nacional. Viene de viejo, desde los tiempos de Roldán y compañía, que si los dejan convierten a España en un solar. Roldán fue capaz hasta de meter en su embrollo a miembros de la Benemérita, con el prestigio que tiene el cuerpo. Algunos socialistas de la mala etapa de Felipe González eran insaciables, tenían muy grandes los bolsillos. Pero, en realidad, casi ningún partido se libra de los trincones, los peristas, los arsenios lupines y los trileros.
Veremos en qué queda lo de Santa Coloma de Gramanet y sus terrenos objeto de sospecha y sus operaciones inmobiliarias y esas cosas. De momento, los socialistas tampoco se libran de la sospecha. En España hay de todo. Nadie puede -o al menos no debería- tirar la primera piedra, por aquello del llamado efecto boomerang. Ustedes nos entienden, porque son muy listos.
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