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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Radares por tramos, chorradas continuas

29/oct/09 07:32
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LA NOTICIA circulaba de boca en boca desde hace algunas semanas, pero ahora ya es oficial: a partir de enero funcionarán los radares de tramo. Quiero decir que empezarán a multar, porque en algunos lugares la Dirección General de Tráfico ya los tiene instalados de manera experimental.

Me puso al tanto del asunto la otra noche un taxista de Las Palmas. Se trata, para quien aún no lo sepa, de un dispositivo algo sofisticado que fotografía y lee mediante un sistema informático la matrícula de todos los vehículos que pasan por un determinado punto, sea cual sea su velocidad. Otra cámara, situada a una distancia que varía entre tres y cinco kilómetros, vuelve a fotografiar cada vehículo y a leer su matrícula. Midiendo el tiempo de paso entre ambos controles se calcula la velocidad media. Si es superior a la permitida, multa al canto.

Desconozco los detalles técnicos del invento, pero aún así les garantizo que tiene, de entrada, varios agujeros. No por la dificultad para leer las placas, pues ese es un tema técnicamente superado -como saben bien los conductores que acceden al centro de Londres sin pagar el peaje-, sino porque se puede circular a 150 por hora durante un kilómetro y a 40 durante el siguiente, y la osadía queda bastante arreglada en cuanto a la media; una media, dicho sea de paso para los que confunden la prueba del nueve con la inexistente prueba del diez -en este país el analfabetismo numérico supera a todas las demás ignorancias-, que no se obtiene sumándole 40 a 150 y luego dividiendo por dos. El cálculo es un poquito más complicado, pero sólo un poquito: basta sumar fracciones y calcular inversas. Si alguien no da con la solución y tiene interés, que me envíe un mensaje vía correo-e y se la remito.

Se pueden saturar las carreteras, las autopistas y hasta las calles de las ciudades con tal número de radares, que a cualquier infractor le resulte imposible escapar de la multa. De hecho, en Gran Bretaña -volvemos con los ingleses- hay más de cinco mil. Quiero decir que los había hace un año y pico, pues pienso que a estas alturas habrán colocado algunos más. Se pueden instalar todos los cinemómetros para los que alcance el dinero -los cacharros son bastante caros; conviene no olvidar este detalle- y algunos más, aunque la eficacia en cuanto al aumento de la seguridad vial la pongo en duda. Lo he contado alguna vez pero no sobra repetirlo: el día que llamé a una autoescuela con la sana intención de informarme sobre lo que debía hacer para obtener el carné de moto, di con un laja parlanchín que me contó varias formas de trucar la matrícula y hacer luego lo que me diera la gana con bastante impunidad; quiero decir sin que logren identificarme los beneméritos agentes del no menos Benemérito Instituto de la Guardia Civil. Tretas que por sensatez nunca he expuesto ni expondré por escrito. En cualquier caso, ¿de qué sirven tantos controles si luego un emulador de Fernando Alonso se siente Fittipaldi y liquida a una familia en pleno Santa Cruz, y otro se salta un semáforo con un coche robado y acaba con un matrimonio, sin que ninguno de los dos pague realmente el daño cometido? Pongamos radares para que Pere Navarro, y hasta el propio Rubalcaba, se hagan la foto en la rueda de prensa -no la foto de la multa, sino la usual de la propaganda-, pero a sabiendas de que el problema es otro.

rpeyt@yahoo.es

 

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