HOY VOLVEMOS con un editorial porque creemos que la independencia para recobrar la libertad que tenían los canarios hace seis siglos no puede esperar más. Hoy, seiscientos años después de aquella vil masacre, el pueblo al que en su día sometieron las tropas regulares de Castilla, ayudadas por mercenarios andaluces y de otros lugares, perpetúan la opresión sobre los habitantes de estas Islas los políticos enviados por la Metrópoli y los que, aun habiendo nacido aquí, se prestan a prolongar la esclavitud del pueblo canario. España ejerce su dominio sobre nosotros mediante los partidos estatales PP y PSOE, a la vez que rapiña nuestras riquezas con la Agencia Tributaria. A toda esta opresiva operación contribuyen las obligadas fuerzas militares, policiales y judiciales, que deben cumplir, ¡qué remedio!, de forma abnegada y con disciplina las órdenes que les dan.
Antes de seguir, hacemos un inciso para decirle a un godo -uno de los cuatro godos descubiertos por otro godo, ya que nosotros nunca los hemos citado- que su actitud de denigrar al editor de EL DÍA no quedará impune mientras José Rodríguez tenga vida y mantenga la cabeza en su sitio; mientras siga teniendo una mente sensata, inteligente, juiciosa, razonable, patriota y limpia de mala uva. No quedarán impunes, como decimos, las acusaciones que ha realizado ese godo contra el editor de este periódico, al que acusa calumniosamente de racista y xenófobo, al que injuria casi todos los días y al que denigra de forma constante con ataques a su imagen y a su honor. Lo intenta ridiculizar pero no puede. José Rodríguez es una persona muy respetada por la sociedad tinerfeña. Algo de lo que no puede presumir ni este godo, ni ninguno de los otros tres. Entre ellos el que piensa que puede manejar a la Justicia a su conveniencia. Nosotros también acudiremos a los tribunales. Ya veremos si por la vía civil o por la penal, pero sus alegres opiniones contra José Rodríguez -opiniones gratuitas, irrespetuosas e irresponsables- serán juzgadas, y ya veremos. Que tampoco crea que puede manejar a la Justicia, igual que el otro godo.
Otro apartado más antes de continuar. Insistimos en que ese tren canarión "grancanario" será objeto de innumerables denuncias si algún día se gasta un solo euro en él. Habrá denuncias por prevaricación, malversación de caudales públicos y quién sabe si también por cohecho. Los dos primeros delitos seguro que serán denunciados, porque no se puede consentir que se derroche de esa forma el dinero de los españoles y de los canarios. Y vamos al meollo.
Hoy, como decimos, reemplazamos nuestro habitual comentario de cada jueves por un editorial, pues éste tiene más esencia. Y nada tiene más esencia, dentro de la política actual que padecemos, que la independencia y la libertad, a pesar de lo que opinen los opresores españolistas. Porque la libertad es un don de Dios que no se puede reprimir. ¿Y por qué hablamos hoy de esto? Muy sencillo: por unas declaraciones del presidente regional del PP, José Manuel Soria, recogidas por un periódico de Las Palmas de Canaria llamado La Provincia. Un periódico fundado, como decíamos ayer y lo hemos hecho en múltiples ocasiones, para dividir a los canarios. Es un atrevimiento suyo afirmar que la libertad de los canarios, pues independencia equivale a libertad, es fruto de algunas mentes calenturientas. ¿Quién es José Manuel Soria para manifestar que la represión es producto de ideas alocadas o mentes calientes?
Tampoco se queda atrás Santiago Pérez. Un letrado al que respetamos en su faceta personal y profesional, pero no como político. Como político es lo más nefasto que le ha caído en desgracia a este Archipiélago después de López Aguilar. ¿Quién es don Santiago Pérez y don el otro para acusar a Miguel Zerolo de estar detrás de las últimas manifestaciones soberanistas? ¿Quién es este político calamitoso para hablar en nombre de EL DÍA? ¿Sabe don Santiago Pérez que nuestro periódico no ha movido ni un solo dedo para que se produjese esa concentración popular? Lo único que hicimos fue publicar un anuncio por encargo. ¿Quién es este señor para acusar a EL DÍA gratuitamente?
A propósito del señor Pérez, ¿no es él uno de los parlamentarios autonómicos que se subieron el sueldo de forma atrevida mientras el pueblo pasaba y pasa hambre? ¿Es este socialista quien afirma, en virtud de su ideología, que defiende a los famélicos del mundo? Si don Santiago tuviese vergüenza política devolvería lo que ha cobrado de más, al igual que todos los diputados menos uno, en el Parlamento de Canarias. Renunciaría a las dietas. Y ya que citamos al Parlamento, no queremos dejar pasar la oportunidad para comentar la indignidad política de sus miembros, de forma especial los cinco que forman parte de la Mesa, cuando, estando obligados a defender la Constitución española por ser españolistas, cometieron la felonía de desahuciar a unos vecinos para ampliar sus instalaciones. No contentos con esta tropelía, aprobaron un Estatuto de Canarias que relega a Tenerife al último lugar pese a ser la isla más importante, la iguala a las otras en el escudo pese a ser la más grande y de más altura y, además, perpetúa el indebido "gran" en el nombre de Canaria pese a que históricamente no le corresponde. El Parlamento de Canarias y su Mesa, formada por Antonio Castro, Juan Carlos Alemán, Francisca Luengo, Cristina Tavío y María del Mar Julios, volvieron a conculcar la Constitución española al leer una reprobación contra EL DÍA. Nunca antes se había visto un ataque semejante a la libertad de opinión y al derecho del pueblo a recibir información.
Seguimos con las preguntas: ¿por qué no es calenturienta la mente del señor Soria y sí la de los nacionalistas que quieren la libertad para su pueblo? ¿No es un absurdo que un pueblo como el canario esté sometido a otro como es el español? Si esto es así, y a nosotros no nos cabe ninguna duda de que es así, ¿por qué dice don Santiago Pérez que se están haciendo llamamientos al autoritarismo, la xenofobia y a la confrontación entre islas, que nada tienen que ver con la razón? La única razón que admitimos, señor Pérez, es el derecho de los canarios a ser libres, lo cual equivale a ser independientes. ¿Admite usted esa razón? En cuanto a peleas entre canarios, en el Archipiélago no hay confrontación sino rapiña de una isla -la de los secarrales- contra todas las demás; especialmente contra Tenerife. ¿Puede entender usted esto, señor Pérez, o lo ciega por completo la absoluta obediencia que le debe a su partido y a su jefe regional, que además de socialista es canarión "grancanario"? Por cierto, a ver si nos explica eso del nacionalismo constitucional. ¿Qué tiene que ver el nacionalismo canario con la Constitución española?
En cuanto a un referéndum para que la población de estas Islas decida su independencia, volvemos a decir que no procede. Esta tierra ya estaba autodeterminada como libre antes de la conquista española. España y sus esbirros en las Islas quieren imponernos ese referéndum como una treta más para seguir dominándonos, pues sabe que estamos "invadidos" por foráneos que votarán a favor de que sigamos siendo una colonia.
El Gobierno de Madrid sabe que debe concedernos la independencia como muy tarde en 2010. Si no lo hace, los canarios tienen que rebelarse. No de forma violenta, pues detestamos la violencia, pero sí con una rebeldía política y civil que incomode a la nación que nos domina. No una rebeldía de sangre y fuego, sino tributaria y de cualquier tipo, siempre dentro de la legalidad. Es absurdo que sigamos sometidos a un país que está en otro continente, y peor aún, por sus incompetentes mentirosos y déspotas pollíticos gobernantes. En definitiva, una resistencia pasiva, como la de Gandhi con los ingleses, hasta que España suelte a quienes tanto la incomodan. Y no perder elñ contacto y las protestas ante la ONU, la UE y la UA. Nos repugna vivir sometidos como siervos hombre y mujeres a otros hombres y mujeres de otro continente. La libertad es un don precioso. España tiene que abandonar Canarias a los canarios. Para que Canarias sea una nación libre, soberana, rica y feliz.
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