HACE más de un mes que entregué la documentación para el cambio de titular y de cuenta de cobro de un teléfono móvil en una oficina de Vodafone. Me dijeron que la cosa tardaría sólo tres o cuatro días. Sintiéndome engañado, he acudido varias veces a la misma oficina y me han dicho que "se ha estropeado el sistema". Y que tienen muchos casos como el mío sin resolver.
Tamaña memez no me convence y telefoneo a Vodafone a ver qué pasa. La primera vez me tuvieron más de una hora al teléfono, pasándome de departamento en departamento. La segunda vez me ofrecieron una rebaja en mi factura por las molestias. Esta es la fecha en que el móvil no ha cambiado de titular, así que tengo dos opciones: o darme de baja de la compañía, aunque tarden un año en hacerlo efectivo, o no pagar la próxima factura, reunir todas las pruebas e iniciar una reclamación judicial que puede tardar -tal y como funciona la justicia en España- más allá del día de mi muerte.
Me ocurrió también hace poco. El banco devolvió mi factura del móvil, supongo que por incorriente. Me cortaron la línea y en cuanto me di cuenta la pagué a través de la tarjeta de crédito. Tardaron 48 horas en reponerme el servicio y 24 horas más en comunicarme con una supervisora, que me anunció "por las molestias" una nueva rebaja en mi facturación.
A lo mejor el truco está en protestar para obtener rebajas, así que se lo recomiendo a ustedes, si tienen paciencia y si no necesitan -como yo- el móvil perentoriamente. También les recomiendo que revisen los servicios que contratan con las compañías de móviles y con Telefónica. Hace unos días contraté celulares de empresa con Movistar. Me mandaron primero la factura y después los teléfonos que me habían ofrecido "gratuitamente". Casi 300 euros que no pagué y que más tarde me bonificaron. Pero la factura llegó. ¿Por si colaba?
Todas estas cosas que cuento las considero abusos. Abusos intolerables. El ciudadano se encuentra cada vez más desprotegido ante las grandes compañías. Ya no hablas con personas, sino con máquinas que te interrogan de manera inquisitorial y has de darle tal suerte de datos que asusta. El calor humano de la operadora nunca volverá. Ahora nos relacionamos con monstruosos ordenadores que han restado todo el encanto de la relación entre personas. Y, además, te cortan el teléfono.
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