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ENRIQUE MARTÍN BRAUN

Solo en Tacoronte

28/oct/09 07:35
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EL ALCALDE de Tacoronte, don Hermógenes Pérez, lleva mucho tiempo, demasiado, sentado en la poltrona que ya posee en las Casas Consistoriales de la plaza del Cristo de los Dolores, proclamándose como independiente político, conociendo, como maestro que es (¿o lo fue?), que cualquier independencia es fruto de otra dependencia. La suya viene de atrás, como todas sus actuaciones, y mucho tienen que ver con el actual presidente del Gobierno canario, Paulino Rivero, mentor de su brillante carrera y espejo donde se ha querido ver reflejado... sin conseguirlo. Y es que no es lo mismo llegar a presidente del Ejecutivo canario que estancarse como tacorontero distante.

Al entonces alcalde Rivero (en el fondo y en la superficie continúa siéndolo) jamás se le ocurrió plantearle a su pueblo disparates como los del propietario del Colegio Tacoronte. Proyectos y más proyectos en reuniones protagonizadas por personas afines todas al becerro de oro. Uno de ellos consistía, sencilla y llanamente, en cargarse la playa de La Arena y todo el acantilado de Guayonge, desde el mirador de La Garañona. Las quejas fueron generales, las elecciones estaban próximas y el independiente vio su trayectoria oscura, se produjo un distanciamiento inmediato y una ruptura dolorosa con los autores de aquel exceso urbanístico.

El primer edil ha olvidado siempre las promesas que hace siempre. Algunas, que los vecinos aplaudieron, hubiesen sido altamente interesantes para la comarca norteña y para otras zonas de la Isla castigadas por la práctica desmedida del monocultivo. La preocupación que existía en el ayuntamiento tacorontero tenía mucho (todo) que ver con el abandono de las tierras que siempre estuvieron dedicadas al cultivo de la vid, en particular, y de la agricultura en general. Los propietarios comprobaban cómo el vecino ganaba más dinero fácil al sucumbir ante la especulación conocida. Pensamos entonces, ilusos, que los concejales lo hacían también en el sentido de incentivar económicamente a aquellas que no querían vender para que los terrenos no se convirtieran en yermos o adosados. Las actividades, pocas, en La Alhóndiga, el mercadillo del agricultor, la bodega comarcal, el mercado municipal... propalaron ciertas esperanzas que muy pronto cayeron en la palangana de los despropósitos al comprobar cómo iban proliferando los adosados y cómo desaparecían las tierras de cultivo.

Hermógenes Pérez, que está solo, está también al frente de un equipo municipal lo suficientemente contestado para que se hayan abierto, en las últimas semanas, las críticas constructivas antes de que Tacoronte desaparezca del todo ante el peso del Plan General que afecta desde Santa Catalina hasta El Torreón. Ahora se plantea lo de siempre: la especulación urbanística por encima de la agricultura. Se contempla el doble de población. Todo Plan lleva trampas camufladas. Se nos hace muy difícil confiar en un diseño dependiente del ayuntamiento tacorontero cuando éste, por ejemplo, permite que en el núcleo fundacional de la ciudad, es decir, Santa Catalina, a escasos tres metros de la preciosa iglesia cerrada, unos pocos aficionados a las bolas y petancas practiquen ese deporte (?) y dispongan, allí mismo, de un destartalado quiosquito de maderas indefinibles y de un pequeño terreno para que las bochas puedan tropezar unas con otras. Más abajo, el ilustre ayuntamiento inauguró hace unos años el Parque de Mayores, un recinto salpicado de juegos inútiles que permanece perfectamente solitario todo el año. Nadie tuvo la idea de trasladar las bolas a este especia de esquina aislada y respetar el lugar donde nació el pueblo de Tacoronte.

Ese mismo ayuntamiento autoriza a una constructora a que durante dos años y medio moleste y perjudique a vecinos de las calles La Perla, Santa Clara y Candelaria, con obras (seis adosados) que no se terminan, con los pavimentos levantados, cargándose, además, una hermosa araucaria. ¿Es esta gente la responsable del Plan que ahora se quiere rectificar?

El veterano alcalde debió reflexionar antes y pensar que la participación del pueblo en asuntos que le van a afectar es fundamental. Desde la primera reunión con los técnicos, los vecinos debieron estar en el horizonte futuro de Tacoronte y el Plan pudo haber nacido con el consenso de todos, además de las alegaciones posteriores.

Don Hermógenes no debe olvidar que hubo un tiempo en que no podía acercarse a El Pris por el tema del emisario. Faltó el diálogo. Ignoramos si aún tiene prohibida la entrada en el barrio de pescadores. Parece que el alcalde metió en la gaveta actuaciones pasadas, experiencias.

 

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