CIUDADANOS de Santa Cruz no existió hasta julio de 2006 y la representación municipal se consiguió bajo el paraguas del PNC, siglas por las que nos presentamos en 2003 a las elecciones locales. Los señores Guigou y Guimerá provenían de Alianza Popular, posteriormente llamado Partido Popular, y se incorporaron como independientes por obra y gracia del profesor Juan Manuel García, que en aquel momento aún no había recibido el Premio Canarias de Literatura, en contra del sentir de una gran mayoría del partido que no veía con buenos ojos el coqueteo de un nacionalismo aún casi en estado puro con la derecha más rancia. Eran aquellos tiempos en los que "algunos dirigentes de Coalición Canaria confunden la política con los negocios", famosa frase del profesor Juan Manuel García que aún se puede leer en las hemerotecas digitales.
Los votantes de Ciudadanos de Santa Cruz en 2007, por lo tanto, no son los mismos que votaron las siglas PNC en 2003, porque el mensaje político del PNC y su programa electoral no sólo no era el mismo que el de Ciudadanos sino que se parecían como un huevo a una castaña. El espacio electoral de Ciudadanos en las últimas elecciones locales se construyó en apenas un año, justo el último de nuestro mandato, en el que no faltaron algunos intentos de buscar pactos de unidad con otras fuerzas progresistas, que finalmente boicotearon Guigou y Guimerá.
Por eso no es inteligente comparar los resultados electorales del PNC con los de Ciudadanos de Santa Cruz, a menos que se pretenda deliberadamente manipular a la opinión pública.
Los seis mil votos que cosechó Ciudadanos respondieron exactamente a un mensaje claro y contundente como pocos se han visto desde que se puso en funcionamiento eso que llamamos democracia. Pero si duro fue aquel mensaje, más dura fue la traición tramada meses antes de la puesta en escena del histriónico Decreto de Emergencia Social y del llamamiento de Zerolo al gobierno de concentración, porque, tras las bambalinas, se ocultaba la angustiosa necesidad de ATI de romper relaciones con un Ángel Llanos que ya no respetaba las reglas del alcalde, el mismo que no ha dudado en pagar casi 350.000 ? por dos locales vacíos durante 4 años a Antonio Plasencia, y que quiere seguir pagándole a pesar de la emergencia social que nos vendió. Por eso ha incorporado a su pesebre a Guillermo Guigou y Ángel Isidro Guimerá que están -y al mismo tiempo no están- en una especie de "oposición" que parece poseer la dualidad onda-partícula de la luz.
No es ético pretender justificar en un bajón de representatividad la traición política a los seis mil votantes que apoyaron con su papeleta un mensaje electoral y confiaron en la promesa de no pactar con Miguel Zerolo, ni es honesto vivir ahora de un suculento sueldo de concejal cuando las aventuras empresariales emprendidas en malas compañías no han dado el resultado apetecido. Se puede "vestir el muñeco" con ropajes de responsabilidad y preocupación por la crisis, pero cuando el muñeco es Pinocho la nariz siempre le terminará delatando.
* Ex concejal del Ayuntamiento de Santa Cruz
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