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FALLECIMIENTO DE FERNÁNDEZ CAMPO

Fernández Campo dictó a los 90 años sus recuerdos como testigo de la historia

26/oct/09 12:09
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Oviedo, EFE El ex jefe de la Casa del Rey Sabino Fernández Campo dictó hace poco más de un año las memorias de sus nueve décadas de vida en las que el general asturiano se convirtió en un testigo privilegiado de la historia de España del siglo XX.

En el documento, publicado en septiembre de 2008 por el diario asturiano La Nueva España, el conde de Latores repasaba acontecimientos como la Revolución de 1934, la Guerra Civil, su paso por el Ministerio de Industria durante el régimen franquista y los años que sirvió en la Casa del Rey, incluido el episodio del 23-F.

Así, respecto al intento de golpe de Estado de 1981, Fernández Campo aseguraba que, en un primer momento, no se percató de la importancia que podría tener la presencia del general Armada en el Palacio de la Zarzuela, pero consideró que éste debía permanecer "en su puesto" como segundo jefe del Estado Mayor.

"Además había una cuestión personal: si yo le había sustituido a él como secretario general de la Casa del Rey, era yo el que tenía que estar en Zarzuela, y que llegara en aquel momento otra persona sería motivo de confusión", añadía.

En una conversación posterior con el general Juste, responsable de la División Acorazada Brunete, Fernández Campo recordaba cómo le advirtió de que Armada no se encontraba en la Zarzuela y de que nadie le había pedido que acudiera con las palabras "no está, ni se le espera, que fue la frase que se hizo famosa", afirmaba.

En sus memorias, el conde de Latores mencionaba también su juventud, marcada por la Guerra Civil y, previamente, por la Revolución de Octubre de 1934, suceso en el que vio cómo un amigo suyo de pupitre se sumaba a los revolucionarios y Fernández Campo lo veía, "aterrorizado desde detrás de los visillos", empujar un cañón.

De la Guerra Civil, el conde de Latores rememoraba el intercambio de chocolate en el frente con los soldados republicanos del bando contrario, la muerte de un compañero a su lado tras recibir un tiro en el pecho y la "cierta satisfacción" que le producía pensar que, al no verse obligado a disparar, sus disparos no mataron a nadie. "Pero también es cierto que yo mandaba a los que sí lo hacían", advertía.

Una vez finalizada la contienda, Fernández Campo se incorporó al cuerpo de Interventores Militares antes de ponerse al frente de la secretaría del Ministerio de Industria con seis ministros diferentes, a uno de los cuales, el general Castañón de Mena, atribuye su incorporación a la Casa del Rey a la que, aseguraba, fue destinado "sin saber exactamente por qué".

En sus memorias, el general asturiano incidía también en sus "profundas ideas religiosas" aunque consideraba que la eternidad le parecía "espantosa, hasta para lo bueno", y confesaba su temor a que Dios fuera "un ser tan justiciero, tan justiciero, que no predomine un poco la clemencia, el perdón".

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