EL TENERIFE y el Xerez enfrentaron algo más que dos equipos que luchan por la permanencia en la tarde de ayer. Se enfrentaron dos estilos. El de José Luis Oltra le llevó al éxito del ascenso la pasada campaña y, por eso, el valenciano permanece fiel a él. Es un fútbol de posesión, intensidad, toque, movilidad... Un estilo moderno y que, no sólo funciona, sino que además es agradecido para el espectador propio y rival. Los blanquiazules presionan lo más lejos posible de su portería para recuperar rápido, esforzarse menos en la transición e incorporar gente a los cuatro de arriba, los virtuosos, los que deben marcar la diferencia en el último tramo del campo.
Enfrente, Cuco Ziganda olvidó pronto las ideas que traía al Xerez para refugiarse en una defensa de cinco, tres medios de contención, un mediapunta en tierra de nadie y un delantero consagrado a ganar algún pelotazo que otro. Sus recuperaciones, a 80 metros de la portería contraria, hacen casi imposible cualquier contragolpe. El esfuerzo defensivo, generoso sin duda, se viene abajo con el primer gol encajado porque, simplemente, no hay plan B. Es el 0-0 o la casualidad. Este camino no conduce a la permanencia, sino al descenso sin orgullo. Y su afición, que estrena la Primera División, merece algo más digno. Una propuesta más atractiva.
No es que la del Tenerife le garantice el éxito, pero sus seguidores pueden salir orgullosos cada quince días del Heliodoro. No es sólo entrega lo que ponen sus futbolistas sobre el campo, sino una idea del juego. Sin estar afortunado en el remate, ayer el conjunto insular tuvo más la pelota, generó ocasiones suficientes para ganar con más comodidad y se llevó los tres puntos. La brillantez queda para cuando visite la Isla un rival que quiera ganar y al que se pueda superar.
P.D. A Nino no le pasa nada. No alimentemos fantasmas. Le terminarán entrando. Se puede confiar en un tío que mete 29 goles en Segunda. Confianza.
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