el discurso del heredero de la Corona en el acto de entrega de los Premios Príncipe de Asturias, en la tarde del sábado último, produjo en los españoles un verdadero alivio. Fue un lenitivo a la angustiosa situación que, en los órdenes político, económico y social están creando en nuestro país los desaciertos del Gobierno de Rodríguez Zapatero. El panorama nacional de basura moral e intelectual, la inminencia de la entrada en vigor de unos Presupuestos Generales del Estado que nos llevan derechos al caos; el olor a podredumbre ética y material que emana del Ejecutivo, de algunos gobiernos autónomos, como el de Valencia, de varias corporaciones y de otros organismos regionales, provinciales y locales se ven, en cierto modo, amortiguados por la esperanza de recuperación que han despertado en todos los ciudadanos las palabras del Príncipe de Asturias, muy oportunas en estos momentos de crisis.
El Príncipe Felipe nos sorprendió gratamente no sólo con la detallada mención de los méritos de cada uno de los premiados, entre ellos la directora general de la Organización Mundial de la Salud, Margaret Chan; el escritor albanés, Ismael Kadaré; el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México; los ingenieros estadounidenses Raymond y Tokmlinson, inventores del teléfono móvil y de internet; la atleta rusa Yelena Isinbayeva, y otras personalidades mundiales, sino con sus palabras dirigidas a los españoles, a quienes mostró su confianza en que no les falta capacidad para construir un futuro más sólido y equitativo. Hizo hincapié en el desempleo que -dijo- "hiere nuestra dignidad como seres humanos y constituye nuestra principal preocupación".
Refiriéndose a la significación de los premios y al ejemplo que da a la humanidad entera el quehacer de los que obtuvieron el galardón, el Príncipe de Asturias felicitó a todos, los animó a seguir en su senda de trabajo y resaltó la importancia de la unión y solidaridad de todos los pueblos del mundo.
La conclusión a que llego, tras una reflexión después de escuchar la tan sensata, meditada y acertada intervención del futuro Rey de España, es que no todo está perdido en esta situación llena de desaciertos y pródiga en disparatados y fracasados intentos de solución que, al quedar en agua de borrajas, inclinan al natural pesimismo, críticas circunstancias que estamos viviendo y padeciendo todos los españoles, que tendrían un final, por lo menos aceptable, sin echar las campanas al vuelo. Habrá solución si hay cambios, inteligencia y buena voluntad en los que mandan. O habrá que dar ocasión a que vengan otros a gobernar, mediante unas elecciones anticipadas. Pero los socialistas, con la merecida mala prensa que tienen, no se expondrán a perder la teta del Gobierno. Y Zapatero no se resignará a pasar las futuras vacaciones fuera de La Mareta, con su centenar de acompañantes.
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