Procuro ser prudente en el trato con todo el mundo, pero sobre todo con aquellos que no conozco y, aunque el resto de la gente que me rodea me tache de anticuada o de majara, antepongo siempre el usted. Sin embargo, a veces sospecho que soy de otra época, pues últimamente entre loncha de jamón y loncha de queso, la dependienta del supermercado me suelta un: ¿qué más te pongo, cariño?, como si ella y yo fuéramos íntimas de toda la vida.
Lo siento, pero lejos de agradarme me suena a tomadura de pelo, a engodo, a señuelo de pescador, a triquiñuela fácil para hacer que piques en el anzuelo del afecto y compres más de lo que tenías pensado. Sin duda hay amores que son desiguales, pues sin percibir mi gesto de disgusto ante su exceso de familiaridad, me despide con un: ¡hasta otro día, cielo!, igual que si mantuviéramos un "affaire" con sabor a tiempo. Es lo que tiene cumplir años, que uno se vuelve más intransigente con la tontería, con las apariencias, buscando relaciones reales y maduras, rodeándose de afectos intensos, los justos, y huyendo despavoridos antes esta avalancha de iguales para los que la edad, educación, posición social, saber y experiencia no son valores a tener en cuenta.
Mucho peor llevo el trato de esos caballeros en los grandes almacenes, los que se consideran tales por llevar traje y corbata, que en su afán por cobrar comisión de las ventas te adulan hasta la extenuación. Son los que sin reparar en los pechos caídos, el abdomen flácido y las patas de gallo te sueltan un "guapa" por nada. Te dicen que llevas una talla cuarenta y ocho que viene siendo una cuarenta y seis, porque esta marca viene pequeña, como si tú no supieras que la báscula te ha reconocido el esfuerzo de ingerir a lo largo del verano, cervezas, pizzas, bocadillos y otras comidas varias. Convencidos de su magnetismo personal y en su afán recaudatorio preguntan desde el otro lado de la puerta del probador: "¿Cómo te ves, cariño?", utilizando esa voz engolada, meliflua hasta ponerte de malhumor, pues en el interior de la reducida superficie siempre hace calor y el espejo te devuelve la imagen de un cuerpo que se desborda dentro de la talla cuarenta y ocho.
Dada su probada experiencia y como si adivinaran tus pensamientos, te apremian con un "aquí te dejo otro conjunto que es ideal y que te favorece a los ojos". Es el momento en el que me pregunto si habrá tenido tiempo de vérmelos. Lo cierto es que con una habilidad pasmosa y en un espacio brevísimo de tiempo, aprovecha que te tiene acorralada en el probador para volver con los brazos llenos de prendas varias -que casi te obliga a probarte-, "todas de tu talla, siempre novedad y que tienen un precio ¡fabuloso!". Luego viene el "te ves divina", frase que acompañan simultáneamente con un gesto ampuloso de la mano derecha y un aletear de pestañas. A punto está el hábil vendedor de llegar al éxtasis ante tanta belleza. Debe ser que su concepto de la misma está próximo a los cánones de Rubens o Botero.
Por todo esto me gustan las tiendas de siempre, en las que te conocen y te tratan con una familiaridad comedida, donde con respeto te dicen que "ahora estás llevando una talla más y aunque estoy aquí para vender, no te aconsejo llevarte esa falda que te hace más gruesa, o ese color de blusa que te avejenta". Prefiero a los dependientes que tienen años de oficio y la prudencia necesaria para decirte las cosas con discreción, sin fingir ese falso entusiasmo que al final terminas interpretando como una mofa o burla a tu apariencia física. Lamentablemente cada vez son menos frecuentes los establecimientos en los que se valora a estos profesionales adecuadamente, dejando paso a jóvenes sin experiencia que pretenden comerse el mundo en dos días a fuerza de rayar el ridículo con el uso de palabras coloquiales y cariñosas.
¿No sé qué me causa más desagrado: la charcutera que me trata de "cariño" con su cara redonda de mortadela o el dependiente famélico que me toma el pelo con su concepción "divina" de la feminidad? Por si acaso, la próxima vez no me diga "cariño".
* Titulada Universitaria en Relaciones
Institucionales y Protocolo
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