La Palma
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GUADALUPE GONZÁLEZ TAÑO *

Historias de valentía

25/oct/09 07:46
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CUÁNTOS NIÑOS habrán crecido en esta isla con las historias del abuelo que emigró a Cuba o las anécdotas del pariente que marchó a Venezuela, o habrán visto a la abuela llorar abrazada a un viejo retrato desteñido por el tiempo y la ausencia. Esa es la historia de la emigración en La Palma, una tierra de emigrantes que ha sudado el pan en la lejanía, gracias al esfuerzo y sacrificio de muchos hombres, pero también de muchas mujeres que apostaron todo por un sueño, el de una vida mejor para ellas y sus familias.

La historia de la emigración femenina es la historia de mujeres anónimas, y muchas veces silenciadas, que ejecutaron a la perfección el rol de protagonistas indispensables pero invisibles, del progreso económico, social y cultural de sus comunidades, tanto de origen como de destino. No todas fueron viajeras, muchas quedaron relegadas al olvido tras aguardar con paciencia y dolorosa espera las promesas que se llevó el viento.

Nuestra isla tiene una deuda histórica con esas mujeres, con las que marcharon tras el anhelo de una mejor vida y con las que quedaron luchando en su tierra para sacar adelante solas a sus hijos. A todas ellas va dedicado el segundo número de Una Historia de Valentía, la revista monográfica impulsada por la Consejería Insular de Asuntos Sociales y Sanidad, y financiada por el Instituto Canario de la Mujer, con el objetivo de destacar los logros personales de las mujeres de La Palma, que en esta ocasión hace un recorrido por la experiencia vital de catorce mujeres valientes de todos los municipios a las que la vida les llevó a sufrir en sus carnes el desarraigo, la ausencia y la soledad al ser protagonistas directas o indirectas de la emigración a América.

Son catorce historias con nombre propio, catorce relatos de mujeres valerosas que afrontaron con tesón las dificultades. Josefa Castro Brito, Doña Pepa, quien, tras una vida llena de dificultades, a los 67 años coge las maletas para comenzar una nueva vida en otro país, Venezuela, de donde regresó con 97; Felisa Gutiérrez, que llevó sola las riendas de su hogar hasta que decidió unirse a su marido emigrante en Venezuela, país en el que crecieron sus hijos y donde ha dejado recuerdos y amigos maravillosos; al igual que Esther Pérez Jorge, cuya niñez transcurrió a cargo de una madre luchadora que sacó adelante sola a sus tres hijos y lejos de su padre emigrante con quien se reencontró a los 17 años. Emotiva es asimismo la historia de Luz María Cruz Toledo, quien durante años sufrió la ausencia, primero de su hermano y después la de su padre. María de las Nieves Hernández Lorenzo vivió cinco años separada de su hijo, que quedó en La Palma al cuidado de sus suegros al emigrar ella a Venezuela tras la estela de su marido. La vida de Josefa Hernández Martín tampoco ha sido un camino de rosas. Tras la marcha de su marido, sufrió el desamor y el abandono, y ahora, con 85 años, vive una vejez digna y tranquila tras años de lucha en soledad llevando sobre sus hombros el peso de su familia.

Una Historia de Valentía recoge asimismo vivencias y recuerdos de Onelia Rodríguez Pérez, quien se reunió ya adolescente con sus padres emigrantes y ahora, de nuevo en La Palma, al cuidado de su madre anciana, retoma la vida en su patria chica llena de proyectos; la de Amparo González Hernández, que vivió trece años en Venezuela, donde se dedicó a bordar para ganar dinero y ayudar a su marido enfermo; Bárbara Sanfiel Rodríguez, emigrante retornada también, quien asegura que estuvo bien en Venezuela pero que "la tierra llama". Basilisa Guerra Hernández afirma haber emigrado con dolor e ilusión y la idea de regresar a su tierra; Longina Rodríguez Ferraz, quien vió marchar a su marido embarazada de cinco meses y tuvo que sacar adelante a sus hijos hasta reunirse con él, del que después se separó. Gladis Remón Acosta partió ilusionada para casarse con un emigrante palmero en Venezuela, donde vivió durante 20 años, "los más felices de mi vida", afirma. Rita Nieves Rodríguez Concepción tuvo que vender parte de su dote para sufragar gastos de su viaje a Venezuela, donde vivió casi 40 años; y, por último, Teresa González Brito, a quien Venezuela dio el mejor regalo, sus cuatro hijos y maravillosos amigos.

Constantemente se nos presentan en nuestra vida diaria oportunidades para sumar nuestros pasos a la senda de la igualdad, pero para lograrlo hay que dejar a un lado tópicos y recelos, que con frecuencia son el freno que nos impide romper la cadena del prejuicio. Muchas de estas mujeres fueron capaces de romperla poniendo su granito de arena en esta lucha. Como dice un proverbio africano: "Mucha gente pequeña en lugares pequeños, haciendo pequeñas cosas, puede cambiar el mundo".

* Presidenta del Cabildo de La Palma

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