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¡Coño, qué sueño he tenido!

25/oct/09 07:46
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¿SE IMAGINAN esa pequeña y plana isla de Las Palmas convertida, por ser redonda, en una bandeja bañada con la plata robada y expoliada a las vírgenes de Candelaria, del Pino y las siete sagradas vírgenes isleñas de El Carmen, que se desprendiera del Archipiélago canario y navegara por el Atlántico, gracias al coraje del capitán Juan Fernando López Aguilar, y los dos remadores Ángel Isidro Guimerá y Santiago Pérez, en un feroz viaje hacía la Península, para finalmente atracar en Madrid dentro de la fuente del Congreso de los Diputados, o en la piscina del señor Zapatero en el palacio de La Moncloa?...

Mi brillante amigo y periodista de la primera nómina de medios de comunicación que hay en este país me pidió hoy que lo acompañara al parque del Reloj de Flores.

-Lo siento -me dijo-, pero el loco de la larga gabardina ha tenido un sueño espectacular y necesita contártelo para que puedas dar en la prensa la primicia.

-¿Pero no dices que es un sueño?

-¡Claro! Pero los sueños de los locos y los de borrachos se suelen hacer realidad algún día.

Poco después nos encontrábamos con el extraño personaje, muy nervioso y danzarín en círculo, por la presión contenida por causa de su sueño y que necesitaba urgentemente relatarme.

-¡Coño, qué sueño he tenido! Y además -comenzó a contarme- lo he visto con todo detalle.

Como no había un solo banco libre por estar ocupados por los parados -paradojas de las frases- nos sentamos en círculo en el suelo y le prestamos la máxima atención a su relato evitando cualquier interrupción.

"Todo ha sido por una decisión del Gobierno tras el viaje de Zapatero a Las Palmas. Han pensado que si bien en lejanos siglos se llevaron a los pobres guanches y lo poco que tenían en aquellas legendarias embarcaciones de madera de los godos, hoy día, con métodos modernos y fornidos remadores como Ángel Isidro Guimerá y Santiago Pérez, a las órdenes del más docto de los hijos de Canarias, Juan Fernando López Aguilar, como capitán, sería posible trasladar la isla de Las Palmas hasta Madrid, y ofrecérsela como obsequio en forma de bandeja de plata al presidente.

Yo me rebelaba -continúa- con cosas que no tenía nada claras, pero el sueño me iba dando todas las respuestas: en primer lugar, desprenderla del suelo del fondo oceánico es muy fácil, ya que al no estar hermanada a las otras seis islas saltaría con facilidad.

Su tamaño, un círculo pequeño, es ventajoso para que quepa en el centro de la fuente del Congreso de los Diputados o en la piscina del palacio de La Moncloa.

Por su forma de plato llano -porque es árida y plana- no tiene dificultades su transformación. Tan sólo hay que hacerle dos grandes huecos en los laterales y queda como con asas de una perfecta bandeja.

Para hacer estos huecos se dinamitan, para que desaparezcan para siempre, por arriba la zona de las localidades de Hoya de Pineda, Moya y Arucas y para el asa de abajo se sumergen en el fondo del mar Tauro, Juan Grande y Maspalomas. La bandeja queda perfectamente redonda y pequeñita.

En cuanto a bañarla de plata -qué menos para un regalo presidencial- está todo arreglado. La lúcida cabeza de un ex ministro de Justicia como López Aguilar sabe perfectamente cómo transformar un delito en algo legal y hasta "aplaudible".

En pocos días se va a comenzar a expoliar toda la plata que contienen las camarillas de la virgen de Candelaria, del Pino y las siete vírgenes isleñas del Carmen que tiene el Archipiélago. Con todos esos objetos arrojados al horno se formará un baño de preciosa plata para cubrir la isla de Las Palmas.

Bien es verdad que el ya tercer islote pesará mucho más, pero tanto Santiago Pérez como Ángel Isidro Guimerá están sacando pecho y asegurando que si se trata de un regalo a Zapatero, lo llevan hasta la Casa Blanca, si el presidente decide entregárselo como obsequio de Estado a Barack Obama en el próximo viaje que va a emprender, dado que a los chicos de color les encantan las cosas cursis y nada más cursi puede haber que una bandeja de plata llamada Las Palmas.

Luego me desvelé un rato -continúa relatando el loco- y lo aproveche para hacerme un par de preguntas y que el sueño me las contestara.

La primera, cómo se iban a limar las asperezas que siempre surgen entre marineros durante un viaje transoceánico tan largo.

Efectivamente, la primera explosión surgió cuando Juan Fernando López Aguilar, como capitán de la convertida isla de Las Palmas en bandeja de plata navegable, ordenó que el personal marinero se tuviera que tatuar los logos del Partido Socialista en el pecho y en los brazos.

Ángel Isidro Guimerá contestó que a él no le gustan los tatuajes, que en el mes de junio ya tuvo grandes problemas cuando retiró por las buenas -mejor dicho, por las malas- el apoyo al Festival de Tatuajes de Santa Cruz.

Que la prensa vapuleó por dejar a cientos de profesionales sin trabajo en momentos de crisis, y que sus palabras calificando de "drogotas" a todo el que tenía relación con el tatuaje fue una temeridad antidemocrática. Entre otras cosas se pudieron leer: "Oiga, señor Guimerá, no se equivoque usted. En esta sociedad, desgraciadamente, las drogas están en todas las clases sociales, estamentos, edades, profesiones e, incluso, en los baños del Congreso de los Diputados".

Los que hacen tatuajes y los que les gusta llevarlos para toda la vida como parte de su piel no son drogadictos. No puede, ni debe, señor Guimerá, empezar su mandato en la Sociedad de Desarrollo de la capital con frases no pensadas. Ahora ya no forma parte de los titulares. Contrólese, don Ángel ¿qué va a decir cando lleguen a la puerta de Santa Cruz los grupos de gays y lesbianas deseosos de volver a pasear su bandera arcoiris por las calles de la capital?

Fernando López Aguilar, como capitán ilustrado, le recordó que el gran Borbón, el padre de el Rey Don Juan, era uno de los hombres más tatuados y no por ello había perdido su categoría de jefe de la Casa Real española.

Por su parte, Santiago Pérez, para alternar los ratos de duro trabajo remando hacia la Península y, concretamente al Congreso de los Diputados al trasladar el obsequio bandeja de la isla de Las Palmas a Zapatero, se había llevado como entretenimiento una serie de recortes de prensa que hablaban de él, y especialmente una respuesta que daba en una entrevista en la que aseguraba: "Soy diputado, y por tanto eso significa ser algo más que un legislador -a pesar de estar ahora como simple remero-. Soy un representante de la ciudadanía, tengo el deber de poner voz a los que no pueden, porque representan a la magistratura, o no tienen oportunidad de expresarse porque son ciudadanos corrientes. Tengo un plus de libertad porque soy aforado -y ahora otro plus por marinero remador- y hablo cuando considero que tengo el deber de hacerlo, pero siempre con argumentos y sobre sentencias firmes. A mí me parece que al Poder Judicial hay que dejarlo trabajar sin presiones, pero cuando toma decisiones, estas son criticables, como lo son las del poder ejecutivo y el poder legislativo. Puedo equivocarme, y cuando se me hace ver, lo reconozco. Pero no suelen ser muchos los casos".

Juan Fernando López Aguilar, el capitán, le reprendió por el largo tiempo que estaba empleando en su descanso y le dijo que menos "chicharreta" legalista y más remar, que Las Palmas estaba deseando llegar a la Península para mostrar al amo Zapatero su total sumisión.

Cuando mi amigo el loco terminó el relato de su sueño, mi compañero periodista y yo nos levantamos del corrillo que habíamos formado en el suelo y con la cabeza completamente confusa me formulé en silencio la pregunta: ¿Y si realmente alguna vez la isla de Las Palmas, la tercera de las islas, esa que tanto perjudica al resto de las hermanas del Archipiélago, decidiera emanciparse y largarse a través del océano?

fggracia@hotmail.com

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