Colillas y colilleros
Con toda seguridad, habrá una cantidad considerable de personas a las que esta denominación de "colillero" les suene muy extraño, si es que de alguna manera les suena.
No pretendo, a pesar de la crisis, que vuelva esta especialidad, entre las diferentes recogidas de desechos humanos, ni pedir un nuevo contenedor, marrón por supuesto, para los derivados del tabaco. Pero no pocos de los que peinamos canas recordamos que hubo en su momento una serie de elementos que bien a mano, o utilizando un palo con un afilado clavo en un extremo, se dedicaban a este menester, no en exclusividad, pero sí como una ayuda para su subsistencia.
Esta forma de aumentar el modesto patrimonio de los recogedores estuvo en boga en los años cuarenta y cincuenta, en los primeros decenios triunfales. En las Islas, donde el precio del tabaco era muy inferior al de la Península, existieron estos profesionales, pero no llegaron a industrializarse como en la piel de toro.
Había especialistas que llegaban a rematar para realizar la recogida en determinadas gradas de los campos de fútbol o tendidos de las plazas de toros. La imagen de un ciudadano, de un estatus normal, en el fútbol o en los toros sin un puro era algo realmente impensable. Un modesto "Farias" era suficiente para hacer feliz a los amigos de calmar sus nervios, mordisqueando el extremo de una oscura tagarnina. No soy capaz de imaginarme las caras de estos elementos si hubiesen podido optar al disfrute de un tabaco palmero, con capa habana y si además ganaba su equipo.
Nada más lejos de mis intenciones que animar al personal a fumar pitillos, puros o en pipa. Todos tenemos conocimiento de lo dañino del tabaco para el organismo, en especial para las vías respiratorias, pero no exclusivamente para estas, los labios, en mayor proporción el inferior, las encías, la lengua o la garganta padecen asimismo lo suyo, por el calor, los alquitranes, e incluso el papel, cada día menos en contacto con los labios, sustituido por los filtros.
De todas maneras, si se siguen elaborando todo tipo de muestras de tabaco, que sufren un elevado encarecimiento por los impuestos estatales, sería cuestión de no señalar como apestados a los consumidores, que bastante tienen con que les metan el resuello en el cuerpo con la literatura de las cajetillas, o las múltiples fotos que las adornan. Es curioso el cinismo de los países productores de tabaco y de un sinfín de marcas, que luego se ponen muy serios advirtiendo de sus inconvenientes.
En la Constitución de los EE.UU. (America's Heritage), la segunda enmienda viene a decir The Right to Bear Arms, que podemos traducir por el derecho a llevar armas y resulta chocante que, siendo algo más peligrosillas que el tabaco, no hayan añadido algo así como "ojo, las carga el diablo".
Hace un par de semanas, en la acera izquierda del puente Galcerán, dirección La Salle, habían recogido más de una docena de bolsas grandes de colillas, destacando por supuesto los obligados filtros. Supuse al verlas que sería el resultado de limpiar los desagües, imbornales o sumideros del puente, en prevención de la llegada de las primeras lluvias.
En este periódico, por las mismas fechas, decían que el servicio de limpieza de Santa Cruz de La Palma se negaba a utilizar una aspiradora industrial en sus labores, y se me ocurre que Urbaser podía pedirla en préstamo, para limpiar los intersticios que hay entre las maderas que adornan el piso de la gran acera que corre paralela al tranvía en la calle de Ángel Guimerá, llenos de estos poco decorativos restos de los fumadores.
José Luis Martín Meyerhans
Y el tiempo pasa inexorablemente
En todo el tiempo transcurrido en estas últimas décadas, ¿verdad que han sucedido cosas nuevas y se han incrementado aquellas a las que quieren acostumbrarnos? No han faltado interesantes noticias, gratas algunas y otras extremadamente desagradables, o desafortunadas, pero... Ese pero es el grito que aún no hemos exteriorizado. En ningún momento deberíamos ceder a las pretensiones antisociales que nos quieran imponer grupos determinados. Y en todo momento pienso que debamos contribuir al fortalecimiento de nuestras convicciones. Se ha perdido mucho tiempo y se han descuidado valiosas ocasiones para sintonizar nuestras justas reivindicaciones. Sin ánimo de protagonismos, creo que, con la debida urgencia, tenemos que tomar más en serio la difícil situación económica y financiera que estamos viviendo y que está paralizando a nuestras islas. Se necesita ser muy torpes para no entenderlo y ciegos para no verlo.
Si fuera posible distinguir a la gente honrada sin necesidad de escandalizarla... Si fuera factible que entre todos, sin egoísmos partidistas o personales, sólo pensásemos en la forma de salvar a nuestras islas, sin prejuicios banales... He ahí el gran error de todos nosotros, nuestros pleitos insulares provocados deliberadamente por nuestros comunes enemigos de siempre, alevosamente interesados en mantenernos enfrentados políticamente. Debemos subirnos todos al mismo carro, el de nuestro progreso, para salvarnos de las posibles y futuras arremetidas que la presente crisis político-económica nos quiere sorprender. Formar un solo bloque desde la responsabilidad y el amor a nuestros pueblos y nuestras gentes, para enfrentarnos seguros a las posibilidades que surgieran frente a nuestros enemigos. No seamos incautos, ejercitemos nuestra inteligencia con el derecho que nos asiste y busquemos la salida de tamaña adversidad antisocial e incívica. Si no nos unimos todos, al menos hasta que nuestros problemas alcancen sus inmediatas soluciones nos vamos a arrepentir largamente.
Nada es imposible cuando el juego es legal y cuando se presta la mejor voluntad para un fin justo y de primera necesidad. Todos o nada, porque mientras quede un grupo por fuera, existe el peligro de la contaminación y el fraude.
Hasta hoy he observado que cada cual va por su lado, que ya ni dentro de sus propios partidos políticos se respetan y se tiran los trastos a la cabeza, impunemente. Que la política se ha desprestigiado tanto que también peligra la futura voluntad frente a las urnas y la presencia popular en las próximas elecciones. La abstención electoral podría ser la tónica en esos tan necesarios sufragios políticos.
¿Qué estamos haciendo en favor de nuestra juventud? Le ponemos un uniforme militar y la mandamos al mismo infierno? ¿Qué podemos hacer por ellos?
Rodéense de personas preparadas, que de esos sobran en nuestras islas; pongámosles a trabajar como debe ser. Búsquense a gente honrada que sepan defendernos de tantas miserias y abusos cometidos hasta hoy. Trabajemos para esa juventud confundida y engañada, y con nuestra honradez y esfuerzos dejémosles las riendas del destino de nuestros pueblos. Mientras, que se vayan preparando con el trabajo y el estudio, con la certeza de que algún día serán ellos los que digan las últimas palabras. Que se van en las distintas planchas electorales a hombres y mujeres con experiencia y años de edad suficientes que inspiren confianza y que no se dejen chantajear ni confundir con cuentos chinos y prebendas provocativas y tentadoras. ¿Cómo se explica que concejales, por ejemplo, que nunca hayan trabajado vayan a estrenarse lidiando nuestros asuntos públicos? Claro que son más fáciles de gobernar.
Tal vez yo no sea el más indicado para expresarme así, me adelanto porque siento miedo del tiempo, lo rápido que va pasando, y, lamentablemente, seguimos engañados, viviendo con esta zozobra y entre gentes tan raras y mal avenidos que sólo piensan en sus propios beneficios y en el de los suyos, de aquellos que reciben órdenes a cambio de ciertas consideraciones ilegales.
Celestino González Herreros
Sobre el proyecto de Ley del Aborto
Ante la masiva asistencia a la manifestación del 17 de octubre a favor de la vida, como siempre, los medios de información afines al gobierno dan cifras ridículas, a esto ya estamos acostumbrados, pero no es mi intención extenderme en este tema.
El señor Blanco, como no tiene argumentos que utilizar ante esta masiva concentración, arremete contra el PP recriminándole que durante su gobierno hubo no sé cuántos abortos. La actual Ley del Aborto considera esta práctica como un "hecho delictivo", a pesar de lo cual ninguna mujer ha sido procesada y menos condenada. Se despenaliza en tres supuestos, pero sigue siendo el aborto un hecho delictivo.
La actual ley que el gobierno propone cambia totalmente el planteamiento. Pretende considerar el aborto "un derecho de la mujer" en aras de su libertad, cosa totalmente antinatural pues nadie tiene derecho a matar, menos una madre a su hijo. Incluso esta ley es inconstitucional, pues el primer derecho considerado en la Ley de Derechos Humanos es el derecho a la vida.
Espero que esta ley no prospere, y si es así que el PP, si gobierna en un futuro, se atreva a abolir esta ley y la actual.
Araceli Caracuel Kindelán
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