UNA DE DOS: o terminamos de una vez con ese "botellón" que está adquiriendo unas dimensiones desproporcionadas en lo que atañe al orden y a la tranquilidad ciudadana, o rompemos la baraja y, como en los años cuarenta y cincuenta, nos preparamos para emigrar a Venezuela o, incluso, a Cuba donde, pese al régimen revolucionario pro soviético (pero menos) que allí rige, se vive con bastante más seguridad y tranquilidad que en estas Islas, que antes fueron "Afortunadas" y ahora son todo lo contrario. Dejamos aparte la Península, con sus continuos problemas de corrupción en las corporaciones estatales, autonómicas, municipales y en todos sitios, y allá los godos con sus miserias, pero aquí en Canarias, pese a los desvíos fraudulentos de Lanzarote y de otros, de menor cuantía, en algunos municipios de Tenerife, como Arona, estábamos acostumbrados a tratar con gente seria y honrada del campo y de la ciudad. A los magos, nuestra gente rural, les faltará, como dicen, una agüita pero en punto a seriedad y honradez, se puede confiar ciegamente en ella.
En Madrid, que siempre ha sido la primera meta peninsular en los viajes de los canarios, hace poco, le robaron a mi hija, en plena calle concurrida, una cartera de mano con documentos y dinero. Intentaron robarle a mi nieta, que iba con la madre, pero ésta dio un grito y los chorizos huyeron. Me vinieron a la memoria aquellos años cuando, de joven, recorría, de juerga o no, las calles de Madrid más lejanas del centro con toda confianza de no encontrar un malandro, como llaman a los ladrones en Venezuela, donde, por cierto, jamás he tenido un encuentro con estos sujetos, pese a la mala fama que, en estos menesteres, tiene Caracas.
En Tenerife también hay malandros que roban y asaltan, pero son menos. Sin embargo, en lo que atañe a "botellones", estamos en primera línea. En su número del jueves último este periódico publicaba, ilustrada la información con fotografías, que en la avenida de Anaga, durante el fin de la semana anterior, se había producido una verdadera batalla campal en un "botellón" ante un bar de copas. No es la primera vez, y los vecinos y los empleados de algunos bares ven llegar con temor las noches de los viernes y los sábados. Se quejan y piden policías al ayuntamiento. Al parecer, la Unipol, que acude a esos sitios cuando hay líos, no es suficiente para garantizar la seguridad en esas noches y en todas las demás. Ya dije en comentario anterior que, según un informe interno de la Policía Local, faltan actualmente ochenta y dos agentes en la plantilla de ese Cuerpo y se habla de incorporar los componentes de la Unipol, que son los más necesarios y eficaces.
En el Puerto de la Cruz, el nuevo alcalde y viejo amigo Marcos Brito se propone terminar con el "botellón", que causaba problemas de orden en la ciudad. Ojalá cunda el ejemplo y todos los alcaldes de la Isla y de la provincia declaren la "guerra" a tal actividad realmente delictiva donde el alcohol y la droga incrementan las peleas colectivas de estos jóvenes y menos jóvenes realmente indeseables.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD