LA CULPA del ridículo que están haciendo en Islandia cien jóvenes vernáculos no la tienen ellos. Tampoco la tiene Rita Martín, a la sazón consejera de Turismo del Gobierno de Canarias. Rita no está gestionando los asuntos de su Departamento peor -ni tampoco mejor- que sus antecesores en el cargo, por mucho que las plumas progres carguen contra ella. Lo único que la hubiese salvado de las críticas es militar en el PSOE; en el PSOE de López Aguilar y Santiago Pérez, pues si no, tampoco. Ahí tenemos el caso de José Segura. No dijo nada del otro mundo. Tan sólo, aplicado a Canarias, que no se puede ser catedrático en Salamanca y vivir en Madrid. En mala hora. Los voceros del Terminator le han sacado la piel. A Rita Martín se la llevan sacando desde hace algún tiempo. La única novedad es que ahora se ha unido al grupo de los escandalizados un neo progre del periodismo. Individuo que se ha echado al monte del izquierdismo no se sabe bien por qué, aunque se supone. Pero dejemos a cada cual con sus decadencias y vayamos al grano.
Ocurre en las economías estatalizadas que cada vez son más quienes trabajan para las administraciones públicas, y cada vez menos quienes curran para que puedan cobrar quienes están en la nómina del Estado. Afirmación de Perogrullo con la que no pretendo denostar a los funcionarios, pues no me merecen menos ni más consideración -exactamente la misma- que el resto de los trabajadores, sea cual sea el carácter público o privado de las empresas para las que trabajan. Más aún: me decía hace poco un funcionario que en tiempos de abundancia, cuando hasta un albañil gana el triple que ellos, la gente los mira por encima del hombro debido a que son los pobres del mercado laboral. En cambio, en tiempo de crisis abundan quienes envidian a los que tienen un empleo pagado por el erario, aunque no esté demasiado bien remunerado. Ese es, empero, otro debate. Lo importante es tener claro que el Gobierno de Zapatero ha optado por un modelo de empleo público, ayudado por subvenciones complementarias para quienes no caben laboralmente en la Administración. Una política que tampoco es nueva. También los gobiernos del PP han hinchado la función pública, si bien al menos en tiempos de Aznar se favorecía -con cierta actitud huidiza, pero se hacía- el empleo privado. Prueba de ello es la cantidad de asesores, personal de confianza, etcétera, contratado en España desde hace década y media.
¿Y qué hacen para no aburrirse quienes disfrutan de un innecesario sueldo público pues innecesaria resulta, objetivamente hablando, su presencia en una oficina municipal, insular, autonómica o estatal que ya contaba con su debida plantilla antes de que fuese preciso colocar a otro amigo? En realidad no tienen que hacer mucho; a la mayoría de las empresas de este país, tanto públicas como privadas, no se va a trabajar sino a desayunar y hacer vida social. No obstante, a veces -raras veces, pero ocurre- se impone al menos la vergüenza del torero, y alguien se pone a darle a la cabeza hasta que pare el invento de enviar a cien bisoños para que promocionen el turismo en Islandia. Nada más.
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