Santa Cruz de Tenerife
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JOSÉ ROJAS HERNÁNDEZ

De colectores, albañales y alcantarillas

21/oct/09 07:44
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Recuerdo aún la impresión que me causó la tromba de agua que azotó Santa Cruz el día 31 de marzo de 2002.

A los pocos días, mientras los servicios públicos -y los privados- se afanaban en desescombrar la ciudad, se me ocurrió la idea de que ese hecho debía ser recogido en una especie de crónica, pero novelada, puesto que ya los periódicos referían lo sucedido con todo lujo de detalles; era conveniente, pensé, que las futuras generaciones tuvieran un recordatorio de lo que aquel día sucedió.

Después de urdir el argumento de la novela -la titulé "La riada"- estimé oportuno que el relato comenzara exponiendo con la mayor claridad posible lo sucedido aquel aciago día, y para ello nada mejor que los artículos y noticias que publicó EL DÍA desde el 1de abril. Los que suelen leerme saben que esa novela vio la luz gracias a este periódico, pues la publicó, por fascículos, todos los lunes durante cuarenta y siete semanas.

El motivo de este comentario no es, como pudiera parecer, hacerme un poco de propaganda, sino referirme a los problemas que la tormenta ocasionó. Por mi profesión siempre me percaté de que la red de evacuación de aguas de la ciudad era deficiente; bastante deficiente. Encandilados por la bondad de nuestro clima -aquí apenas llueve, suele decirse-, descuidamos lamentablemente la red de aguas pluviales, no sólo las autoridades sino los ciudadanos, muchos de los cuales no tiene reparo en dejar que el agua se lleve consigo todo tipo de desperdicios. Conscientes de ello, las administraciones implicadas comenzaron a elaborar un plan para que la evacuación de las aguas fuera la debida y no se produjesen en el futuro inundaciones. Debido a eso los conductores hemos sufrido durante años los efectos de las obras que se han emprendido, la última de ellas -siete años después- el colector que se ha construido en la avenida de los Reyes Católicos -su nombre, afortunadamente, no sujeto a la ley de la memoria histórica-, siendo posible que a lo largo de los próximos años se realicen algunas más con el mismo objetivo.

Sin embargo, cuando se lleva a cabo una obra pública hay que tener en cuenta algo muy importante: su mantenimiento. Repetidas veces he denunciado aquí el lamentable estado de algunos parques, jardines, colegios, lugares públicos, etc., achacándolo a la falta de dinero para sufragar los gastos que esa labor de conservación comporta. Pero si bien puede aplazarse la limpieza de una pared dañada por los grafitis, o dejar pendiente para mejor ocasión el desescombro de un solar o el arreglo de un jardín arrasado por los vándalos de turno, hay cosas cuyo arreglo debe ser inmediato.

El cauce de los ríos es más amplio, más profundo que el de los afluentes. El deshielo, las escorrentías, el agua sobrante del riego se unen por la pendiente del terreno hasta llegar a formar parte de la corriente que las llevará al mar, o a un lago. Pero para que eso se produzca es preciso no entorpecer el discurrir del agua. Si construyésemos muros en los márgenes de un río para impedir que el agua que habitualmente llega a él lo alimente, su cauce acabaría secándose.

Y es esta última afirmación la razón de este comentario: de nada sirve construir grandes colectores, albañales o alcantarillas si el agua no llega a ellos. Porque eso es lo que va a suceder, si antes no se remedia, el próximo invierno debido a la gran cantidad de papeles, hojas de los árboles y envases de todo tipo que taponan los aliviaderos. A las rejillas que a veces los cubren para evitar la salida de ratas se ha añadido por si fuera poco una tela metálica, con lo cual la basura se acumula sobre ellas impidiendo que cumplan su función. Bien es cierto que de vez en cuando vemos a alguien realizando las labores de limpieza que tiene encomendadas, pero insisto en que no son suficientes; es preferible prevenir que curar.

Supongo que muchos empleados de Emmasa continúan en sus puestos de trabajo a pesar del cambio de la titularidad empresarial. Supongo también, sin embargo, que no ocurrirá lo mismo con algunos de sus cargos directivos, quienes posiblemente ignorara el daño que pueden ocasionar a una ciudad como la nuestra, tan pendiente, con lluvias demasiado copiosas. No estaría de más, en consecuencia, que se den las órdenes oportunas para que las brigadas encargadas del mantenimiento del alcantarillado revisen su estado ahora que estamos a tiempo.

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