El velo del veto
Cuando se establece una negociación en la que determinados partidos políticos tienen el encargo de buscar de forma consensuada las personas que ocuparán cargos de responsabilidad en órganos de representación institucional, lo menos que quieren los negociadores y las personas que pueden ocupar esos puestos es que sus nombres salgan fuera de esa mesa de negociación.
En estas fechas hay en Europa un debate al más alto nivel para ver quién será el próximo "presidente" de Europa. El nombre que más se oye es el del británico Tony Blair, que anda buscando apoyos. Los medios de comunicación le han preguntado a D. Felipe González si le gustaría ocupar ese cargo, y él siempre responde escuetamente "no soy candidato", dejando la puerta abierta, calladamente.
Por eso, cuando a principios de septiembre algunos medios de comunicación informaron de que en la Ejecutiva Regional de los socialistas canarios se había vetado a Eligio Hernández para ocupar el cargo de Diputado del Común (algunos incluso llegaron a darle una relevancia decisoria en el inexistente veto a Matías Ayala, que obviamente no la tiene), se optó por el silencio para no perjudicar a quien no se vetó.
Ahora, un mes después, la necesidad de ocultar la problemática insular que está haciendo mella en la credibilidad del presidente del Cabildo (véase el desastre organizativo que han supuesto las últimas Bajadas; la fábrica de pérdidas millonarias que son Mercahierro y Meridiano; las imputaciones judiciales que sobrevuelan a algunos miembros de la Corporación Insular; la problemática del Ayuntamiento de El Pinar; el fraude mantenido durante años con las aguas del Pozo y ahora puesto al descubierto; los servicios sociales manga por hombro; la crisis que nos afecta a pesar de que, a diferencia de otras islas, estamos en plena construcción de la Planta Hidroeólica, la mayor obra que hemos tenido en los últimos 30 años, con más de 10.000 millones de pesetas. de presupuesto inicial; etc.) les lleva a mancillar el buen nombre de D. Eligio, un socialista de probada trayectoria que, para orgullo de El Hierro, los herreños y herreñas, ha sido el socialista canario que ha ocupado los más altos cargos responsabilidad institucional.
Las declaraciones hechas a algún medio de comunicación contienen literalmente la siguiente afirmación: "Tanto yo como los socialistas herreños estaríamos orgullosos de que Eligio fuese el Diputado del Común, reconozco su valía como no podía ser de otra manera" Lo demás es tergiversar con finalidad política ¡caiga quien caiga!
¿No les extraña que los que siempre han querido minimizar la figura de D. Eligio con infamias (que si no quería el túnel de Frontera, que si quería la Lanzadera por sus intereses inmobiliarios, que si quería el Ayuntamiento de El Pinar para urbanizar sus terrenos, etc.) ahora se quieran convertir en sus mejores defensores?
Queriendo darme una patada a mí le están haciendo un flaco favor a él. ¡Qué pena de gente!
El respeto que me merece la persona de D. Eligio Hernández me obliga a desmentir un veto que no existe y callar sobre el futuro de una mesa de negociación abierta. Él sabe perfectamente que ni Matías Ayala ni los socialistas herreños ni los socialistas canarios le han vetado.
Matías Ayala
(Secretario Insular del PSC-PSOE de El Hierro)
Siglo XXI y aún con barreras
Hace muchos años se viene considerando, como lo haría Roger Muchielli en 1962 en su obra "La personalidad del niño", que "el medio en el que el ser humano se sumerge, inevitable y necesariamente, teje con sus influencias la trama de su personalidad, y ello sólo puede ser comprendido a través de la relación esencial que existe constantemente entre el individuo y su medio".
Es esta una de tantas razones por las que no debe existir una disociación entre el medio y la educación de la persona; hay que atender a cada ser humano según sus características y no agravar sus déficits. Pongamos por ejemplo: si a una persona con una discapacidad física que tiene limitada su movilidad le obstaculizamos el acceso a determinados lugares donde se adquieren conocimientos, ese medio le estará provocando o añadiendo otro déficit más; su discapacidad física no le impide realizar aprendizajes y tener el nivel cultural y profesional que desee. Lamentablemente, la traba está en los escalones del colegio, de la biblioteca, del cine, del museo, de la acera, o, en otros casos, en el transporte que le traslada a un centro de día, y, por ende, en las barreras de nuestra mente, en la corta capacidad de aquellos que, sin tener impedimentos físicos, psíquicos y/o sensoriales, no hemos sabido tener en cuenta la demanda de los diversos seres humanos.
Se ha avanzado mucho en nuestro país después que se implantara la Ley de Accesibilidad, se reconociera como oficial la lengua de signos, etc., pero esto es insuficiente si no se obliga a las administraciones públicas locales a aplicar dichos parámetros. Por tanto, esta reflexión podría parecer un discurso del siglo pasado, si no asistiéramos como asistimos a diario a ese lamentable espectáculo de observar cómo tantos responsables de administraciones públicas, que tienen a su alcance las fórmulas y herramientas para remediar estos males, aún padezcan esas barreras mentales, que, si no se logran superar, nos convierten en personas discapacitadas para dar respuestas en una sociedad de iguales con diferencias.
Si bien, teóricamente, la cuestión de eliminación de barreras (de cualquier tipo) está muy detenidamente tratada, no ha habido una correlación al mismo nivel en la práctica. Por eso, animo desde este pórtico a quienes comparten mi parecer, convencidos de que esta lucha es necesaria y no utópica, a exigir a los políticos que tienen competencias a nivel local a que cumplan con carácter de urgencia y gravedad con las normativas establecidas . Son los programas de actuación los que, en definitiva, determinan si nuestras teorías son acertadas o no.
O quizá habrá que invitar a algunos a hacer una simple reflexión: todo ser humano es susceptible de padecer cualquier tipo de discapacidad, máxime cuando la esperanza de vida va en aumento. Si pensamos en cómo nos gustaría que se nos facilitaran pequeños detalles de la vida cotidiana cuando lleguemos a nuestra senectud, tal vez se empezaran a caer algunos "bloques hormigonados" de nuestro fuero interno.
Ana Esther Flores Ventura
(Licenciada en Pedagogía)
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