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G. MAESTRE, S/C de Tenerife
El Hospital San Juan de Dios ha puesto en marcha en Canarias el primer Centro Psicopedagógico destinado a personas con discapacidad intelectual, trastornos de conducta y trastornos mentales asociados, con edades comprendidas entre los 17 y los 64 años.
Gracias a la financiación del Cabildo de Tenerife, la Consejería de Bienestar Social, Vivienda y Juventud del Gobierno de Canarias y el Estado, las infraestructuras que ocuparán los usuarios de este centro son de las más punteras que existen actualmente en el Archipiélago, ya que cuenta con un edificio diferenciado en cuatro módulos (distribuidos en dos plantas cada uno), diseñados y equipados para garantizar la mayor calidad de vida y favorecer el aprendizaje y la formación de estas personas.
De momento, ya son 15 los tinerfeños que se están beneficiando no sólo de las actividades propias del centro de día, sino también de las plazas residenciales, que si bien son 40, aún tienen que distribuirse entre el resto de usarios de las demás islas.
"Éste es el centro más importante de Canarias", dijo Paulino Rivero en su discurso de inauguración y en alusión a que "en la medida en que avancemos socialmente y demos igualdad de oportunidades a todas las personas y dignidad, seremos una verdadera sociedad civilizada".
Asimismo, aseguró que "éste es sólo el primero, porque necesariamente tendrá que haber más centros de estas características, pero ése es el camino que debemos de tomar si queremos ser una sociedad verdaderamente justa".
Sin embargo, y ajenos a los discursos, los verdaderos protagonista de la jornada, los beneficiarios del nuevo recurso, se afanaban en realizar trabajos manuales con los que obsequiar al centenar de personal que ayer "invadieron" temporalmente su espacio.
"Estamos haciendo llaveros", dijo el más hablador de ellos que, por si quedaban dudas, dijo, "sirven para meter las llaves y que no se pierdan".
Mientras tanto, otros dos preguntaban a las cuidadoras si faltaba mucho para la hora de la comida. "Tengo ganas de comer ya", dijo uno con un tono mimoso.
"Yo los veo aquí y no me lo creo. ¡Están tan bien!", decía emocionada la madre de un joven que aún espera conseguir plaza. "Es lo único que necesito para poder vivir y morir tranquila, que me digan que mi hijo tiene ya su plaza".
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