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20/oct/09 07:33
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LAS ELECCIONES celebradas en el Casino de Tenerife han dejado un poso de recelo entre las directivas ganadora y perdedora. Es decir, que aunque el doctor Muiños ganó, y ganó limpiamente, en la asamblea del próximo enero van a salir a la luz algunas cuestiones que pueden empañar la trayectoria de la sociedad. Se trata de comportamientos no demasiado caballerosos de algunas personas que se encuentran en la junta ganadora.

Ha dicho este periódico, y lo ha dejado bien claro, que el Casino es una prestigiosa sociedad chicharrera en la que no debe caber el revanchismo, ni las malas artes a la hora de valorar un candidato a presidirlo. El letrado Vicente Álvarez Gil, que encabezó la candidatura perdedora, es miembro de una honorable familia tinerfeña y no merece la campaña de desprestigio que le han creado, de una manera intolerable. Tiempo habrá para que intente, de nuevo, el acceso a la junta del Casino de Tenerife, una institución que se ha caracterizado siempre por la corrección de sus socios y de sus dirigentes. En el futuro no tienen por qué cambiar las cosas.

Las sociedades recreativas son indudables cotos de poder en un ámbito pequeño, como el nuestro. Tanto en su aspecto cultural como en su labor creadora de opinión deben participar en la vida ciudadana y manifestar sus sentimientos, dentro de la pluralidad de su masa social. El hecho de que Vicente Álvarez Gil y su equipo hayan decidido incorporarse a la directiva del Casino no debió despertar los recelos en la junta que pretendía ser renovada. Todo esto entra dentro de las más elementales normas democráticas. No hace falta recurrir a las descalificaciones, y mucho menos a las personales, para apartar a un rival, ni para demonizarlo. Estos son procedimientos de otros tiempos, felizmente superados.

Ahora, el Casino de Tenerife debe mirar al futuro, mejorar la gestión y cuidarla. Porque de lo contrario la masa social tiene que reaccionar. Para la asamblea anual de enero se esperan algunas acciones ya iniciadas -para defender la honradez de la institución- por parte de un grupo de socios. Que esta victoria de Muiños no sirva a su equipo para otra cosa que para trabajar por el Casino y por Tenerife con mucho ahínco. Y con mucho acierto.

Porque el Casino no es una sociedad cualquiera, sino una vieja y señera sociedad santacrucera y tinerfeña que ha respirado señorío y vocación de servicio a Santa Cruz y a Tenerife, desde su fundación. Porque entre sus paredes se ha desarrollado una gran actividad cultural. Porque personas muy honorables de la vida tinerfeña han honrado su trayectoria. Y porque esta historia no merece ni dobleces ni descalificaciones, sino sensatez, sentido común y honestidad.

 

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