¿PERO CÓMO va uno a exigir que un guindilla aparezca, aunque sea de vez en cuando, por la poblada zona santacrucera de Residencial Anaga, como he pedido varias veces desde esta columna, si faltan, por lo menos, ochenta agentes de la Policía Local en la plantilla ordinaria de este cuerpo y sólo es posible destinar 20 agentes por turno para que patrullen por la población, que tocan a menos de uno por barrio? ¿Cómo es posible que se gasten millones en el Carnaval, en otros festejos y en obras que, desafortunadamente, destruyen, más que construyen bellezas y hasta la escasa riqueza monumental ciudadana y no haya dinero para pagar seguridad? Son preguntas sin respuesta de esta corporación municipal, convertida en patio de recova barriobajera, como lo fue en el último y conflictivo pleno, en que la sesión fue abandonada por la casi totalidad de los concejales y en la que el señor alcalde desafió a la mayoría plenaria diciendo que haría lo que le diera la gana.
Publica este diario, en su número del lunes último, que, con fecha 30 de mayo pasado, un documento interno califica de insostenibles las circunstancias en que se encuentra el Cuerpo policial, pide aumento de plantilla o reducir los efectivos que forman la Unipol, así como suprimir las escoltas o cerrar la comisaría del importante barrio periférico de Añaza. O sea, medidas de emergencia ante la falta de una garantía de orden en la ciudad. De "grave y caótica" califica el informe la situación en que se encuentra la Policía Municipal santacrucera, "que no puede ofrecer condiciones indispensables de seguridad, incluso de la seguridad personal de los agentes".
El informe parte de la cúpula policial y fuentes del mismo ayuntamiento lo califican de demoledor. Tras algunas incorporaciones y bajas por jubilación, hoy sólo 388 agentes que forman la Policía Local de la capital de la provincia, que son pocos no sólo para una "gran ciudad", que es la calificación de Santa Cruz, sino para una ciudad corriente como Icod o Adeje o Garachico. El concejal responsable de la Policía Local es don Hilario Rodríguez, desde hace seis años. Rodríguez hace lo que puede con los medios y el personal que tiene a sus órdenes. Y como no posee el don de multiplicar, además del pan y los peces, también los agentes, es por lo que en barrios de Santa Cruz a veces no se ve un guardia ni por equivocación. Echa uno de menos aquella promoción inolvidable de los Palmiro, Méndez y tantos otros, que igual dirigían el farragoso tráfico como separaban una riña, dejando amigos a los contendientes, sin sancionar con multas ni echar filípicas. También recuerdo al concejal Romero, "Romerito" para sus muchos amigos, entre los que me contaba, que fue jefe y puede decirse artífice de la Guardia Municipal, como se decía entonces, de Santa Cruz.
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