Santa Cruz de Tenerife
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Un horizonte de tres meses

Cristo Jonás tiene 29 años y muy pocas cosas que perder. Lleva desde 2004 reclamando una vivienda digna, pero sus días pasan allí donde lo acogen. Ahora, los Servicios Sociales le han conseguido un alojamiento provisional.
18/oct/09 07:43
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EN EL AÑO 2004, Cristo instaló su tienda de campaña en el parque, y ahora vivía en una caseta abandonada./ m.E
EN EL AÑO 2004, Cristo instaló su tienda de campaña en el parque, y ahora vivía en una caseta abandonada./ m.E

TACHI IZQUIERDO, Tenerife

Con apenas 29 años de edad, Cristo Jonás Morales cuenta con una dilatada experiencia de lo que es vivir sin un techo que lo cobije. Tras la ruptura de las relaciones con la familia, a muy temprana edad se vio obligado a vivir en la calle, arrastrando consigo sus escasas pertenencias y cargando a cuestas una minusvalía física y psíquica del 64%, que le impide trabajar, pero que, por el contrario, le "compensa" con una escasa pensión de 336 euros que no hacen más que acentuar su precariedad.

La historia de Jonás tuvo relevancia pública cuando en 2004 tomó la decisión de vivir pertrechado en una caseta de campaña en el parque García Sanabria, en una mezcla de necesidad y reivindicación que lo llevó a exigir una vivienda digna y el derecho a ser escuchado.

De cinco años a esta parte, su situación no ha mejorado significativamente, pues el raso del cielo y algunas estancias esporádicas en el Albergue Municipal, comedores sociales o en casas de conocidos han sido su tabla de salvación.

Hasta hace una semana vivía en una de las casetas abandonadas del poblado de La Resbalada, en la costa de Añaza, un núcleo que se ha ido desbordando a fuerza de historias desesperadas como la suya entre trozos de maderas y chapas. En un nuevo intento de acabar su invisibilidad para las instituciones públicas, Cristo Jonás Morales emprendió una nueva peregrinación por el ayuntamiento, blandiendo su bandera de necesidades e infortunios, que guarda resignado en las maletas que le acompañan en su truculenta aventura, y que tiene la banda sonora del roce de sus ruedas por las frías y distantes calle y, como guión, una carpeta repleta de historiales médicos, recortes de prensa y de fotos que plasman las condiciones indignas en las que ha venido viviendo.

Jonás le contó su historia al concejal de Cohesión y Bienestar Social, Ignacio González Santiago, quien en su caso aplicó toda la contundencia de la declaración de emergencia social que impera en la ciudad, estableciendo para él una tregua de tres meses fuera de su última y vetusta morada, que, según comenta, "estaba a punto de caérseme encima; plagada de ratas y cucarachas". El responsable municipal ha ubicado a Jonás en el aparta-hotel Horizonte, gracias al convenio que ha establecido con varios establecimientos alojativos de la ciudad a donde se derivan los casos cuando hay saturación en las plazas asistenciales públicas, dentro de la política que se marcó González hace meses y que perseguía que nadie se quedara en la calle.

Esta medida no es definitiva, pero su acogimiento paliativo al menos le permite unas condiciones higiénicas dignas, muy diferentes a las del lugar que había escogido en los cuatro últimos meses.

Después de cuatro años le siguen diciendo que aún no hay una vivienda para él, y mientras se resigna a quedarse allí donde le acogen, porque sus intentos por hablar con los políticos ha sido en balde, "pues no he podido ni hablar con el presidente del Gobierno, ni con el alcalde, ni la concejal de Urbanismo tampoco, igual que las asistentes sociales. Lo he intentado por activa y por pasiva, y la única puerta que se me ha abierto ha sido ahora con la estancia en el Horizonte, una esperanza para los próximos tres meses hasta que salga otra cosa".

El único ingreso económico que percibe casi no le da para comer, y subsiste "de los comedores sociales, la ayuda de Cruz Roja y poco más", pues está convencido de que "el único inconveniente que encuentro para no obtener ningún respaldo es mi juventud".

Ha pasado periodos de tiempo fuera de las Islas, buscando mejores expectativas en la Península, "ya que aquí no tenía nada, donde a pesar de que estaba mejor que aquí, se me terminó el trabajo que tenía de extra en la televisión, me tuve que volver".

Su vida ahora sigue marcada por un gran interrogante que lo acompaña a todos lados, pues una vez que culmine este nuevo horizonte de tres meses el mayor temor es volver a esa realidad de necesidades y la que sigue reclamando una casa en la que poder estar en condiciones, en la que tener una nevera en la que poner comida, porque vivo al día, pues cada vez que quiere hacer de comer lo hace en la calle, no siempre con algo caliente que echarme a la boca, porque a veces cae un bocadillo y otros recurre a la comida rápida".

Con la llegada de la crisis, su situación no ha hecho más que empeorar, pues ante tanta falta de expectativa su visión no va más allá que regresar a La Resbalada, "en un constante volver a empezar, pero siempre partiendo de cero".

A pesar de su juventud, tiene una visión muy clara de "lo mala que es la vida en la calle, pues es muy duro no tener donde dormir, que la policía te desplace o no poder contar con amigos".

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