A PRIORI, D. Antonio, había decidido no continuar esta polémica. De hecho, ésta será, por mi parte, la última de la miniserie, valga el término.
Había decidido no continuar, entre otras cosas, porque ahora estoy inmerso en un proyecto del que no quiero distraerme. Pero es el caso que Vd. hace de mi persona afirmaciones muy graves. Yo voy a hacer algunas aclaratorias, un poco al azar, lo cual hago, como siempre, con el debido respeto.
1.- Vd. dice que yo admiro a los conquistadores de América y de Canarias, y cita una frase de mi "Carta Abierta" sobre Fernández de Lugo: "Era un conquistador del s. XV, que rezaba a Dios e iba a misa". Por favor: ¿por qué elimina la mitad de la cita: "...para cometer luego arbitrariedades e, incluso, delitos"? ¿Es esto admirar los actos de Lugo? Un historiador serio no admira; estudia los hechos a la luz del contexto en que se produjeron. Esa cita que Vd. no transcribe honestamente me recuerda la que normalmente se hace en muchos textos de Historia de Venezuela -sobre lo que yo, como profesor allí, llamé la atención-. Bolívar, en su Decreto de Guerra a Muerte de 1813, dice textualmente: "Españoles y Canarios, contad con la muerte, aún siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad de Venezuela". En muchos textos aparece; "Españoles y Canarios, contad con la muerte, aún siendo indiferentes". Hay diferencia, ¿verdad? Lo mismo hace Vd. para afirmar que yo "admiro" a los conquistadores. Es lamentable que, en este sentido, no cite la comparación que hago con los papas y obispos de la época.
2.- Sobre lo de que los guanches tenían escritura es algo que aún los más serios investigadores no se han pronunciado. Es más: se sigue discutiendo sobre los petroglifos. La presencia de cruces en ellos dan mucho que pensar a algunos sobre la cronología. Sin embargo, la cruz es un signo que no tiene necesariamente que ver con el cristianismo: aparece en inscripciones mayas y aztecas de mucho antes de la llegada de los españoles a América, y en el Egipto faraónico la frase "quien está en" se escribía con una perfecta cruz. En fin: tema polémico aún. No olvide que los petroglifos se hallan al aire libre, y muchos han sido dañados. Lástima. Como se siguen dañando yacimientos aborígenes. ¿Cómo es posible que se tenga la cueva de Bencomo en el estado en que está? Lo he denunciado personalmente al Museo Arqueológico; nada se hace.
3.- La cerámica no es una manifestación propia de pueblos postneolíticos, como dice Vd. Ya en el preneolítico del Cercano Oriente se da. Es cierto que los guanches son agricultores y ganaderos, pero los sistemas de riego que tenían poco tienen que ver con los del neolítico mesopotámico o egipcio. Eso sí: los canarios parece que los tenían más sofisticados que los aborígenes tinerfeños. Lo mismo su cerámica (aunque a mí, personalmente, me gusta más la de los auaritas). Yo no soy un especialista en nuestros aborígenes. ¡Hombre...!, pero algo sé de ellos, por los que siento respeto y cariño. No sé de dónde saca Vd. que no.
4.- Sobre el Renacimiento. Dice Vd. bien que fue un movimiento muy desigual en Europa. Pero también en la propia Italia. Mire Vd.: a fines de la Edad Media, Francia, Inglaterra y España consiguen la unidad política. Surgen como naciones abandonando el feudalismo. Por tanto, poseen la fuerza y la riqueza necesarias para grandes proyectos. Mientras, Italia y Alemania continuaban divididas al estilo feudal, eso sí, con una burguesía poderosa en las ciudades, que creó el comercio y la banca modernos. El Renacimiento español ya se da bajo los Reyes Católicos, cuando -Vd. lo señala- vienen artistas extranjeros con un arte de avanzada. Es cierto que la influencia religiosa (medieval) es fuerte en España; menos en Francia. Pero, ¿qué le quedaría al Renacimiento italiano si no consideramos las obras de temática religiosa? El Renacimiento se dio en España. ¿Cree Vd. que Colón hubiera logrado la ayuda de los Reyes Católicos si aún hubieran tenido la idea medieval de que más allá de las Columnas de Hércules sólo había monstruos e insondables abismos? Muchos de los marineros que iban con Colón en su primer viaje tenían esa mentalidad; una de las razones por las que él llevaba un doble diario.
El Renacimiento no es sólo arte. Decir que en España no había renacimiento al momento de la conquista de Canarias -concretamente de Tenerife- es exagerado.
Vd. dice que en la España de los siglos XV y XVI "no había ciudades-estado o repúblicas como en Italia". Esto es decir que, políticamente, España estaba mucho más avanzada (la Reconquista está en la base del fenómeno). Porque, es cierto que Génova, Venecia y Florencia eran repúblicas..., pero muy bien controladas por las más poderosas familias. De democracia, nada de nada: quienes gobernaban en tales repúblicas eran los Donati, los Médicis, los Cerchi, nada democráticos, por cierto. Si los Reyes mal llamados Católicos y un Donati me hubieran invitado a un banquete, hubiera preferido ir al de los primeros. De verdad. Cuando desapareció en Roma Juan Borgia, duque de Gandía, la noche del 14 de junio de 1497, su padre, el papa Alejandro VI, ordenó buscarlo, y se presentó al Vaticano un pobre hombre que dijo que había visto lanzar su cadáver al Tíber. El Papa le preguntó por qué no había denunciado el hecho, a lo que contestó aquel testigo que había visto botar al río cadáveres todas las noches. Juan fue asesinado por su hermano, el tristemente célebre César Borgia. Esa era la Italia del Renacimiento.
A propósito, me aconseja Vd. repasar la Historia de esa época por los libros del bachillerato. Es lo que nunca haría. Por razones obvias, la Historia del bachillerato es muy genera, y llega a conclusiones simplistas, como la suya sobre el Renacimiento. Yo le recomiendo sobre el tema a Ranke, Frunck Brentano, Burckhardt, Frederick Antal, Indro Montanelli, Hugh Thomas, Giulio C. Argan, Martin Wackernagel, Fred Berence y un largo etcétera de grandes y profundos especialistas. Los libros de bachillerato, por ejemplo, colocan a Dante como poeta medieval; sin embargo, ¡cuánto hay en él de anuncios renacentistas... y hasta románticos!
5.- ¿De dónde saca Vd. que yo digo que Fernández de Lugo es "un ejemplo a seguir"? Por favor, Sr. Cubillo: un mínimo de seriedad. Los que lean su carta sin haber leído la mía van a pensar que en mi casa tengo un altar con Lugo encima. ¡Un poco de seriedad!
6.- Me escribe: "¿Cree usted que pedir con pintadas para que sacaran de la catedral los restos del bandolero como hicimos en 1975 y con artículos de prensa, como el mío que tanto le molestó, es una gamberrada? ¿Y lo que hicieron los conquistadores y ocupantes a lo largo de los siglos en Canarias, la esclavitud, el tributo de la sangre de 1658, son actos de cultura?". Claro que no son actos de cultura. Pero, ¿por qué imitar en el siglo XX las gamberradas del XV?
7.- Yo, D. Antonio, no he dicho jamás que luchar por la independencia "es fanatismo". Vd. no puede demostrar tal extremo. Lo que yo he dicho es esto: "La independencia es lo más hermoso a que puede aspirar un pueblo; eso sí: siempre que ese pueblo se pueda mantener siendo independiente".
Lo que yo censuro es la forma de luchar por esa independencia. Un proyecto que pueda lograrse -como quieren ETA y terroristas irlandeses o fundamentalistas- poniendo bombas, me es aberrante, odioso y maldito. No hay proyecto que justifique la muerte de un inocente por una bomba que estalla en la calle o en el tren; o la de un niño que pisa una mina; o la de la mujer que se tropieza en el mercado con un terrorista suicida. La vida humana me es demasiado hermosa y respetable como para justificarlo.
8.- Termino con varias "guindas" que pone en su carta. ¿Qué es eso de que yo hubiera recibido con "besitos volados en la boca y con ramos de flores" a Napoleón? Esto, Sr. Cubillo, sinceramente, me indigna. ¿De dónde saca Vd. tal conclusión? ¿Y eso de su también admirado guanarteme Fernando de Canarias"? Le aconsejo leer la frase en la que me refiero a él.
Pero hay algo que ya no me indigna. Me saca de quicio; y es que yo, según Vd., no hubiera estado al lado de Bolívar, Miranda, Francisco de León, Páez, Sucre... Vd., realmente, no me conoce. Aunque me choca hablar de mí mismo, le daré algunos detalles: enseñé durante más de 20 años en Venezuela, donde publiqué una decena de libros (dos de ellos textos oficiales), además de una pequeña serie de biografías de Bolívar -a quien admiro por encima de todos-, Andrés Bello, Páez y Sucre. Esas biografías las dediqué a mis alumnos, alumnos que en varias ocasiones me pidieron para que les diera Historia de Venezuela, lo que la ley no permitía, pues yo no nací en Venezuela. Como profesores de la materia tuve a dos colosos de la enseñanza en Venezuela, a quienes deseo nombrar: el profesor Arias Blanco y la profesora Lupe de León. Fueron ellos los que me despertaron el amor por la historia de la que siento también mi patria, al nivel de ésta en que nací.
¿Cómo puede Vd. creer que yo pueda denigrar a Bolívar, que escribió el más bello discurso político que se pueda leer, el Discurso al Congreso de Angostura de 1819? ¿Cómo podría yo denigrar a Sucre, el alma más generosa de América, autor de la Capitulación más humana que se ha hecho nunca con un vencido, como lo es la que se firmó en Ayacucho en 1824? El "Abel de Colombia" lo llamó Bolívar. Y por eso, por bueno, lo asesinaron vilmente, no los españoles, sino los propios americanos que se oponían al Libertador y veían en Sucre al continuador de sus ideas de unidad de los países latinoamericanos.
La independencia de América fue un hecho inevitable: continente de incalculables riquezas, lejano de España, con una burguesía ilustrada (Bolívar pertenecía a ella) que no hallaba manera de acceder a los altos cargos a que aspiraba. Todo ello hizo deseable la independencia. Sólo faltaba la oportunidad, cual fue la invasión napoleónica a España.
Yo, Sr. Cubillo, veré la manera de hacerle llegar una copia de esa biografía de Bolívar, que, mire Vd. por dónde, me fue pedida por el Consulado Venezolano hace unos años. No sé si la tienen allí todavía. Verá Vd. cuánto se equivoca al juzgarme como lo hace.
Y sin más, me despido. Eso sí: agradeciéndole la atención que tuvo hacia mi carta. Por lo demás, recordemos aquel axioma que se atribuye al inmortal Sócrates: "Una vida sin discusión no merece la pena".
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