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G. MAESTRE, S/C de Tenerife
No es el primero, ni siquiera es el único joven con síndrome de Down de Canarias que encuentra trabajo, pero el caso de Harold Montoya no deja de ser especial, puesto que ha comenzado a trabajar justamente ahora que los niveles de desempleo suben mes tras mes.
Desde hace algo más de treinta días pasa su jornada laboral haciéndose cargo de la ropa que llega de la lavandería al hospital La Colina de Santa Cruz de Tenerife. Son docenas de camisones, sábanas, colchas, mantas y toallas que hay que doblar y colocar en los carros para distribuir por las habitaciones e incluso por los quirófanos.
No es un trabajo demasiado ameno, pero para Harold es una gran oportunidad.
"Me gusta lo que hago", asegura.
Desde que llegó se ha integrado con total normalidad en el día a día de la sala de lencería y le gusta pasar el tiempo con sus compañeros, y sobretodo con sus compañeras, que lo miman y le hacen todo el tiempo muestras de cariño.
"Es súper cariñoso y nos hace reír un montón", explica la responsable de costura, Onelia Fuentes.
Sin embargo, para Harold el camino hasta llegar a este trabajo no ha sido fácil y ha tenido que formarse muy bien para ello.
"Son personas con necesidades educativas especiales y necesitan algunos apoyos para poder integrarse laboralmente, explica María Susana, la preparadora laboral que está acompañando a Harold en esta nueva aventura.
"Es muy cuidadoso y se nota que aquí está muy a gusto", dice Loli Hernández, una de las compañeras del nuevo trabajador.
No obstante es Harold el que lo tiene más claro. "Me gusta trabajar porque sé que voy a tener mi propio dinero y quiero comprarme cosas para mí como gomina".
Y es que le gusta estar a la última y luce un pelo de punta perfectamente colocado como el de cualquier otro chico de su edad. "Me pongo un poquito por la mañana y otro poquito por la noche", dice mientras enseña su peinado orgulloso. "Además quiero comprarme ropa y zapatos".
"No gana demasiado dinero, porque hay que tener en cuenta que su puesto de trabajo surge gracias a un convenio entre el hospital La Colina y la Sociedad Impulsora del Minusválido del Cabildo de Tenerife (Sinpromi), pero es un primer paso y está demostrando que cuenta con capacidades para poder desarrollar un empleo adaptado a sus características", explica la monitora.
Más autonomía
Además de la experiencia laboral que Harold está adquiriendo, hay otros aspectos que están consiguiendo que sea cada vez más autónomo.
"Todos los días cojo el tranvía yo solo a las siete de la mañana y a las ocho ya estoy en mi trabajo", dice Harold.
"Es una de las cosas que hemos ido enseñándole después de que le saliera este trabajo, y hasta el momento todo está saliendo muy bien con él", señala María Jesús mientras sigue con la mirada como su alumno dobla una chaqueta cuidadosamente.
Por el momento, el contrato de Harold es sólo de tres meses, pero tanto él como sus compañeros esperan que pueda quedarse más tiempo.
Para ello la Fundación Alex, una institución sin ánimo de lucro que nace en julio de 2006 gracias a la sensibilidad y el esfuerzo de todos los que forman parte de USP Hospitales, puede jugar un papel importante, ya que uno de sus objetivos fundamentales es la integración social y laboral de personas con discapacidad.
"Este ha sido sólo un primer paso y, desde luego, estaríamos encantados de repetir porque el resultado está siendo muy positivo", afirman desde el departamento de Comunicación de La Colina antes de recordar que quizás un paso importante para que hayan más casos como el de Harold es que exista menos superprotección por parte de los padres de las personas que sufren este tipo de síndrome. "Se sorprenderían de lo que son capaces", sentencian.
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