EL DÍA, Vilaflor
En el pueblo más alto de España tuvo lugar, como cada año, la recogida o "apañada", como gusta decir en el lugar, de la almendra. Vilaflor volvió a vivir una jornada de encuentro con una tradición ancestral en vías de recuperación y un momento para compartir, enseñar y aprender. Los mayores son quienes se encargan de transmitir a los más jóvenes y hasta a los más pequeños este rito que coincide con el final del estío y, por tanto, la llegada de un otoño que trae "aires nuevos para renovar el ciclo anual de las plantas, de las personas, para volver a vestir de viento y lluvia las tierras del Sur de Tenerife". Así se expresa en un trabajo que con música de Juan Carlos Martín "Guadá" sirve para dejar constancia y transmitir "un tributo a la solidaridad, al trabajo y a la madre naturaleza". La apañada de las almendras comienza en Chasna la noche antes, ante una mesa surtida de los productos de la tierra donde no falta el vino y la charla casi en penumbra. Al amanecer, el paisaje de Vilaflor se alumbra con un sol que trata de confundir al "aire frío que baja desde la cercana cumbre, aires del Sombrerito o de Las Lajas". Todos los caminos de Chasna llevan hasta los almendros que allá por febrero dejaron el espectáculo de sus flores y que hoy ofrecen un fruto que es recogido para entregarlo con fines benéficos. La jornada es dura, porque la apañada de la almendra requiere sapiencia, esfuerzo y aguante. Pero merece la pena.
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