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V.MARTÍN, S/C de La Palma
Salen cuatro jóvenes al escenario. Llevan cepillos de barrer. Los palos largos, las púas finas. Tienen partituras. Tocan, sí, tocan, con cualquier cosa son capaces de hacer melodías. Luego, agarran botes de pintura, una chapa de metal, tres recipientes metálicos de diferentes tamaños... Acaban emocionando al público. Interpretan dos piezas musicales, quizás tres, con ritmo, sin espacios para el silencio, y cuando se despiden, la gente en las butacas de aquel teatro, del Circo de Marte, se mira con semblante de admiración. Aplauden. Todos aplauden.
Visita al local de ensayo. Era obligado comprobar hasta dónde llegaba la formación de aquellos menores de apenas 15 ó 16 años. Qué era simplemente inspiración, talento natural, y qué se sustentaba en el aprendizaje, en el trabajo diario. Antes de entrar, justo pegado a la puerta del aula donde practican, ya se escuchan las exigencias del profesor y el arte de los alumnos. Se les oye tocar. Todos a una. "1,2,3 y...". Ya dentro, apenas a unos metros del grupo, sorprende la cara de concentración de los jóvenes. Casi no observan al "visitante". Saben que alguien llegó e incluso lo saludan, pero no sacan la mirada de los instrumentos, en esta ocasión tradiciones en la percusión clásica, como las marimbas, vibráfonos y cajas.
El local, por sí mismo, tiene olor a partitura. Altavoces, instrumentos, sillas... dentro de un desorden que está bajo control. Entra poca luz. Las ventanas apenas están abiertas. Es una penumbra provocada. Es un recinto que atrapa desde el principio, de aquellos que perfectamente podrían estar ubicados en el Liverpool de los 60. En la Inglaterra de los "grandes".
Media vida en la música.- Después de la primera charla, breve, segura, con su profesor, Pepe Toni Tamarit (prefiere que se le conozca por los diminutivos), se entiende que nada es casual. Daylo, Daniel, Samuel y Benjamín llevan media vida, de sus aún cortas vidas, metidos en la Escuela de Música del Cabildo Insular. Años de aprendizaje. Al principio como un juego. Otros decidieron apuntarse al ajedrez, al fútbol, a la artesanía... ellos optaron por entrar en la música. Fue una buena decisión. Ahora, es una pasión que les une, un orgullo compartido del que no quieren desprenderse.
Tamarit, que llegó a la Isla tras un periplo musical y docente por tierras peninsulares, tiene claro que los alumnos que forman el grupo "son muy buenos. Sólo hay que ver la edad que tienen, son chavales, y lo que ya son capaces de hacer. Además, se les ve que tienen ganas. Ven la respuesta del público y eso les emociona, a mí el primero". Además, el profesor, joven, con aspecto bohemio y cara de sentir los sueños, destaca el comportamiento y la seriedad de los jóvenes: "Cuando tenemos un concierto, si quedamos a las cuatro de la tarde, por ejemplo, para la prueba de sonido, ya saben que tienen que estar media hora o una hora antes. Cada uno se encarga de sus baquetas, de preparar los instrumentos, de las partituras, que todo esté listo. Y cuando acabamos, ya no hace falta que diga nada. Cada uno sabe lo que tienen recoger".
La creación.- Tamarit, al que se le encienden, sin querer, por naturalidad, los ojos cuando habla de sus alumnos, se encargó de crear la pieza que los menores tocan con contenedores y cubos, otras son arreglos del "Tequila" o una samba blues que despierta el alma. Sorprende verles hacer música con escobas, frotar teniendo en cuenta el peso de cada uno sobre el nuevo "instrumento", siempre de forma acompasada con el resto de compañeros.
El maestro deja claro que el objetivo de utilizar estos utensilios es que "comprendan que con cualquier cosa pueden hacer música. La movida de los botes de pintura y todo esto ya está inventado, pero me parece muy interesante para ellos. El material se puede conseguir por la calle, en la casa, pero hay que apreciar y coger los sonidos que se pueden sacar de cualquier cosa. Un buen percusionista es aquel que va por la calle, ve un material y con sólo tocarlo con la mano ya sabe cómo sonará".
En la despedidas, los jóvenes mandan un recado. "No te olvides de poner a Benjamín, que hoy no pudo venir al ensayo". Un grupo es un grupo.
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