CUANDO ARTURO ALFONSO GARCÍA nació las cosas no eran fáciles. Le tocó hacerse hombre pronto, debido por una posguerra que daba pocas oportunidades. La historia de Arturo Alfonso García comien- za ochenta años atrás y se ubica en el sur rural e incomunicado de la isla de Tenerife, en Arona, donde nació. Bregado en mil tareas como marinero de tripulación en barcos de singladuras transoceánicas o las de menesteroso emigrante en la República de Santo Domingo en tiempos del novelesco "Chivo", Arturo Alfonso García tuvo siempre en mente establecerse con su familia en la tierra de sus primeros pasos. Aquí precisamente, en el año 1966, con una incipiente panadería, con el sabor acumulado durante años de esfuerzos y el pertinaz empeño de los isleños correosos fundó Los Compadres. Lejos de esperar que la suerte le favoreciera, García no cesó de perseguir la excelencia para los productos que fabricaba y se precipitó a buscar por la Europa de entonces lo que la insularidad le hurtaba a su industria. Las novedades técnicas y las más acendradas recetas artesanas fueron incorporadas a la par a sus propios métodos de trabajo. Arturo Alfonso García supo en aquel momento proyectarse hacia el futuro en una época en la que la periferia constituía una doble frontera: la del alejamiento y, aún más insalvable, la barrera del temor a crecer. Pionero en la adopción de la racionalidad económica a los métodos productivos, su ejemplo ha sido imitado por muchos. Pero además de su vertiente profesional cabe destacar su largo compromiso con la sociedad tinerfeña. Consciente de las implicaciones del empresario con el ámbito donde se fragua su quehacer, Arturo Alfonso García no ha cesado de apoyar cuantos proyectos socio-culturales, benéficos y deportivos han merecido el esfuerzo; conocida de sobra es su vinculación con el Club Deportivo Tenerife; en los buenos momentos, pero también cuando los avatares de la competición no le auguraban un futuro brillante. A día de hoy sigue madrugando como antaño lo hacía para comprobar in situ que las cosas se siguen haciendo, día a día, con todo el primor que él mismo se exigió en los inicios y que no ha cesado de pedir a todos y cada uno de sus colaboradores, allí donde se encuentren y cualquiera sea la actividad que desarrollen en la organización. Arturo Alfonso García es, decididamente, un empresario, pero también, y ante todo, un hombre de mucha miga.
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