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MIGUEL ZEROLO *

Un "no" indigno

11/oct/09 07:33
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LA DIGNIDAD en política no tiene que ver en ocasiones con el mayor o menor arraigo y respeto por las ideologías. En un mundo globalizado, en un planeta en el que la quiebra de una empresa puede generar millones de parados y una recesión económica universal, la acción política en lugares como Tenerife o Santa Cruz tiene más que ver con las ansias de mejorar la calidad de vida de sus conciudadanos que con la imposición de ideas de izquierdas, de derechas, de centro o de cualquiera otra posición espacial o temporal. Los políticos servimos y, a raíz de la confianza que en las urnas nos han concedido los ciudadanos, gobernamos. Pero en los últimos años se ha impuesto la teoría de la tierra quemada, de la caza, no del hombre-político, que también, sino de todo aquello que proyecte o inicie el adversario político señalando como excusa, por cierto, falsos ideales; porque, en el fondo, los argumentos para criticar o censurar una iniciativa son del calibre intelectual y político de "no nos gusta". Ahí es nada.

Por eso, haciendo repaso a, por ejemplo, la actitud del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en Santa Cruz, partido que, por cierto, ha tenido en los últimos seis años hasta cuatro portavoces diferentes -así es difícil sentarse a dialogar, sobre todo cuando dentro de ese grupo ha anidado más la serpiente de la vendetta hacia los propios compañeros que la propia labor de oposición-, uno no deja de sorprenderse ante todo a lo que se han opuesto los socialistas con virulencia y, en algún caso concreto, con malas artes o de manera sibilina. Un sinfín de ideas, proyectos, iniciativas que, por suerte, son hoy una realidad o que esperamos lo sean en el futuro y que han contribuido al avance de nuestra sociedad. El ciudadano a veces no es consciente de ello, pero los socialistas se han opuesto a (sin orden cronológico y a vuelapluma) la peatonalización del centro de Santa Cruz, a la recuperación del entorno de la calle de La Noria, al TEA, al Auditorio de Tenerife, a la apertura de la ciudad hacia Cabo-Llanos, al túnel de la avenida de Tres de Mayo, a la rehabilitación del parque García Sanabria, al Recinto Ferial, al Parque Marítimo, a los planes de barrios, a la mayoría de las actuales obras del Plan E, a los actos del Carnaval, a la creación del IMAS para atender a los más necesitados, a la ampliación de las autopistas que entran y salen a la capital, a la remodelación de la plaza de España, a la construcción de una estación marítima para cruceros, al proyecto de Dominque Perrault para Las Teresitas, al tranvía? y si miramos a nuestro alrededor, los socialistas se han opuesto, porque sí, a la declaración de La Laguna como Patrimonio de la Humanidad, al Plan La Cuesta-Taco, a la peatonalización del casco lagunero, a la reforma del mercado municipal, a la creación de nuevos parques en los barrios laguneros, a la rehabilitación del Leal o de la Catedral, al fabuloso impulso comercial de Aguere, a la implantación de proyectos culturales, a la colaboración con la Universidad lagunera, a la reforma de Padre Anchieta, al Plan General, por supuesto como en Santa Cruz, a la reforma de las piscinas de Bajamar y la Punta del Hidalgo? y si vamos más allá se han opuesto al tren del sur, a la ampliación de las líneas del tranvía, al anillo insular, a los planes sectoriales de Turismo, a la labor en materia agrícola y ganadera del Cabildo? y si hablamos de Canarias, se han opuesto y se oponen a todo aquello que no sea de su "gusto", algo que, como en los casos de Santa Cruz, La Laguna o la Isla, también es falso porque en el fondo sólo los moviliza el puro afán revanchista y la impotencia ante su incapacidad para gobernar desde hace tantos años en algunas administraciones y nunca en el caso de Santa Cruz.

Y es cierto que los socialistas no son los únicos que se oponen a muchas de esas cuestiones y que la cultura del "no" impera en diversos colectivos asamblearios o ecologistas. Pero estos últimos sí merecen respeto y hay que considerarlos mucho más dignos. Ellos defienden sus posicionamientos y los llevan hasta las últimas consecuencias sin engañar a nadie. Representan lo que representan y la ciudadanía los apoya en mayor o medida, pero los socialistas en Canarias llevan jugando a ese mismo juego, engañando a los propios colectivos que dicen apoyar y a los votantes en general. Es más fácil sentarse a debatir con un colectivo que sabes que no está de acuerdo contigo por convicción, que con algunos socialistas que están en posturas contrarias a la tuya, no por convicciones o argumentos, sino por el interés medido del electoralismo. Ante todos esos que dicen "no" a muchas cosas que se proyectan en la Isla, cabe la discusión y el desencuentro, pero con actitudes como la del PSOE ya sólo cabe el asombro y el sentimiento de vergüenza porque, de verdad, uno no sabe qué hacer ante quien por el mero de hecho de sentarse a dialogar es capaz, como partido, de insultar y vejar a un compañero de filas. Porque no todo el PSOE es así por suerte para Canarias; otra cosa es que el griterío lo generen unos cuantos y el resto esté asustado ante una jauría tan cruel y violenta.

* Alcalde de Santa Cruz de Tenerife y diputado en el Parlamento de Canarias

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