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La sociedad canaria tras la independencia

11/oct/09 07:33
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La mejor garantía para que un pueblo se desarrolle socialmente es tener una constitución ejemplar y un modelo económico sólido, como hemos propuesto en los dos últimos artículos, además de otros como "Los recursos económicos de Canarias" (15-03-09) y "Planificación territorial de Canarias" (12-04-09). Un Estado próspero y moderno con un fondo monetario que dé estabilidad a sus ciudadanos, producto de los impuestos que se recauden y de los ingresos de empresas del propio Estado o mixtas, relacionadas con sectores estratégicos como los de energía y pesca, una vez que seamos dueños del inmenso mar que nos corresponde. Pero aun sin esa superficie marítima, sólo teniendo hacienda propia, evitando el despilfarro y no permitiendo que el Gobierno español se lleve 6.000 millones de euros anuales, podemos articular una sociedad sosegada y sin pobreza; fundamental para combatir la delincuencia.

Recuperar y fortalecer nuestra identidad debe ser una prioridad en beneficio de todos, ya que ésta nos la han debilitado considerablemente como mejor arma para mantenernos sumisos a la metrópoli. Tras la destrucción de la cultura de nuestros antepasados guanches se fue forjando una nueva sociedad canaria a lo largo de los siglos, producto del mestizaje; sociedad que desde hace cincuenta años comenzó a sufrir significativas transformaciones como resultado de la segunda ocupación española, agudizada ésta con la tercera invasión, coincidiendo con la pertenencia a la UE. Fenómeno con resultados muy negativos para nuestro pueblo.

En la actualidad tenemos una sociedad totalmente desestructurada, principalmente las familias, incluso en zonas rurales. Desde Europa no nos han llegado los aspectos positivos como la organización y puntualidad que se practica en ciertos países, entre ellos Alemania, Holanda, Bélgica e Inglaterra. Aquí todo se hace "mañana" o "la próxima semana", ni existe eficacia en los trámites burocráticos. La educación y el civismo se han ido debilitando al tiempo que ha aumentado la agresividad, especialmente en las carreteras, mientras que en Inglaterra, por ejemplo, todos los conductores son generosos con los que se incorporan desde las vías sin preferencia. La amabilidad y hospitalidad que siempre nos han caracterizado también han ido desapareciendo, todo ello debido al fuerte impacto que ha supuesto la llegada de medio millón de foráneos en los últimos quince años, propiciado desde la metrópoli.

Por consiguiente, para tener una sociedad bien cohesionada, tendremos que recuperar nuestra libertad, primero, para llevar a cabo la difícil pero necesaria labor de reincorporar a buena parte de los ciudadanos, principalmente jóvenes de barrios marginados, muchos de ellos víctimas de las drogas; una desgracia para gran cantidad de familias que padecen las consecuencias de la dejación gubernamental, para lo que únicamente emplea la persecución a los menos culpables. Gravísimo problema al que hay que buscar soluciones con más agentes sociales, como educadores, sociólogos y psicólogos, en vez de la poca eficaz represión policial. Es absolutamente necesario que las acciones vayan encaminadas al fortalecimiento de la autoestima de los marginados para acabar con la exclusión social.

La sociedad canaria está a la cabeza de casi todo lo negativo. Se ha perdido mucha responsabilidad, los divorcios aumentan y las familias se desintegran, la alimentación inadecuada se refleja en obesidad, diabetes y otros trastornos de salud, el fracaso escolar es de los más altos y los salarios son de los más bajos. Todo esto hay que invertirlo; tenemos que transformarnos, pues afortunadamente existe suficiente gente preparada en estas Islas para contribuir a la formación de una nueva sociedad canaria con estabilidad e identidad propia.

La sociedad canaria tras la independencia debe fundamentarse en los valores humanos, teniendo como referencia los aspectos positivos de la cultura de nuestros ancestros, tanto la de los guanches como la de nuestros abuelos. Y, además, con preparación cultural y formación profesional para contribuir a mantener un desarrollo económico que nos permita vivir dignamente y en libertad, ocupando un puesto importante entre las naciones soberanas del mundo. Al final, después de tanta humillación colonial, los canarios podremos proyectarnos como seres humanistas y universales. Tendremos soberanía y progreso.

* Presidente del Movimiento Patriótico Canario (MP)

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