No ha de ser motivo de satisfacción para nadie el que la ciudad en que uno vive se convierta en centro de atención por sucesos como los que han rodeado al Puerto de la Cruz estas últimas semanas. Si encima esa ciudad es una de las joyas del turismo mundial, la situación es incluso peor. Nuestra responsabilidad es máxima hacia esos vecinos que viven diariamente las consecuencias del desgobierno en que el PSOE ha sumido al más hermoso paraje de Canarias.
Tan pesquero y marinero como cosmopolita y agrícola, Puerto de la Cruz ha sido durante décadas el remanso de paz que viajeros de toda índole han encontrado al recalar entre nosotros. Viajeros insignes como Agatha Christie o el barón de Humboldt lo citan en sus obras, salpicadas de referencias a su paisaje y el encanto de sus gentes. Enclave pionero del desarrollo turístico de Canarias, sigue siendo destino de alemanes, nórdicos, británicos y peninsulares.
El pasado martes fuimos testigos de un cambio de gobierno en un municipio que merece estabilidad y compromiso por parte de todos. Coalición Canaria y Partido Popular han asumido el reto de encauzar los desaguisados generados tras dos años largos de mandato del PSOE. Guillermo Meca y Luis Miguel Rodríguez sabrán estar a la altura de las circunstancias y prestarán apoyo a un gobierno municipal que encabezará el nacionalista Marcos Brito, a quien desde ahora deseamos maneje con acierto esta nave.
Como símbolo del escaso conocimiento de la realidad de Puerto de la Cruz de la anterior alcaldesa, la socialista Dolores Padrón, queda para la posteridad el conflicto que aún mantiene cerrada la sede de la Cofradía de Pescadores del Gran Poder de Dios, en la concurrida calle Los Lonjas, centro neurálgico de la ciudad.
Allí, su roja fachada y sus puertas de madera maciza, han sido testigos mudos de la insensibilidad demostrada por los socialistas, incapaces de entregar una obra a su verdadero gestor: el pescador de Puerto de la Cruz.
Un edificio que ha costado varios millones de euros sufragados con cargo a fondos europeos procedentes del Instrumento Financiero de Ordenación de la Pesca, y que ha tardado más de cuatro años en ser terminado. Su restaurante, con espléndidas vistas al mar, ha perdido un nuevo verano de turistas y visitantes por la terquedad de quienes debían entregar sus llaves al sector pesquero, que a partir de ahora dispondrá de unas instalaciones perfectamente equipadas para acoger pescadería, restaurante, oficinas y sede social de la Cofradía.
Todavía el pasado miércoles tuvimos que escuchar a la diputada Padrón, hasta hace días aún alcaldesa de Puerto de la Cruz, decir que la obra no se había entregado porque los pescadores no querían gestionar el restaurante. Los portuenses saben perfectamente que eso no es cierto. Sólo el despecho de quien aún no ha digerido la derrota puede llevar a hacer semejantes afirmaciones.
Justo es que citemos a la consejera de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación del Gobierno de Canarias, Pilar Merino, que ha demostrado ser una gestora responsable y eficiente, pero también ha dejado patente su compromiso inequívoco con los hombres y mujeres del mar. En su empeño por que las llaves del edificio fueran entregadas al sector pesquero tuvo que soportar un desplante de la depuesta alcaldesa, ignorante tal vez de lo caro que habría de salirle el gesto. Así sucede cuando se gobierna de espaldas al ciudadano.
Ahora, cuando han pasado varios meses del desafortunado incidente, un nuevo convenio de uso de este inmueble de la calle Las Lonjas ha de marcar un antes y un después para el sector pesquero del Norte de Tenerife, que contará con un restaurante equipado y un punto de primera venta donde colocar a buen precio el producto de tan dura actividad. Es una gran noticia para los portuenses y, desde luego, pueden contar con mi participación decidida, pero también es el primer indicio de lo mucho y bueno que nos espera.
Tal y como ya manifestaron los ediles populares portuenses, este nuevo acuerdo entre CC y PP es un factor clave para el buen gobierno, es un compromiso con el Puerto de la Cruz que pone a prueba la capacidad de los nuevos dirigentes políticos y de la nueva oposición en el progreso de la ciudad.
Ambos partidos, PP y CC, CC y PP, deben trabajar por el Puerto y por el Norte de Tenerife mañana, tarde y noche, restablecer relaciones con otras administraciones públicas, sin partidismos y sólo pensando en que la ciudad recupere el tiempo y el esplendor perdido.
Wiston Churchill decía que "el político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones". Si me permiten un consejo personal, hagan suya esta magnífica reflexión. Hay que pensar más en la ciudad y menos en las elecciones. Estoy convencida de que este gesto los portuenses lo sabrán valorar.
Pero para conseguir todas estas metas es necesario que abramos una nueva etapa política donde la ciudad y los portuenses sean los únicos motivos de debate y acción política del Ayuntamiento. Hay que dejar de lado la política en clave personal y asumir todos, tanto el nuevo gobierno como la nueva oposición, el reto común que se llama Puerto de la Cruz.
* Presidenta del PP de Tenerife
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