NUESTRA portada del viernes, es decir el canario, el guanche y la libertad, casi no necesitaba de palabras. Estaban consternados en Las Palmas. No tienen lo que tienen que tener para rebatir la línea editorial de este periódico con argumentos. Sólo descalifican y descalifican.
Quieren partir al canario el pico con una azada, como dice la copla popular. Sí, parece que conviene que el canario no cante. El árbol recio de la tierra no va a doblar ante el conquistador obsceno. El pino canario se mantiene erguido y entero a pesar de los siniestros que soporta. El pino puede ser un símbolo adecuado para un pueblo que resiste, incluso ante las zancadillas de los politicastros de Madrid, que han regresado en sus mysteres como nuevos conquistadores. ¡Váyanse por donde vinieron, que aquí nadie les dio vela en este entierro!
Canarias resiste, pero es preciso acelerar el proceso que concluirá en nuestra libertad. El procedimiento marcado por Naciones Unidas. En paz, siempre en paz. Porque nosotros somos un pueblo pacífico, amante del diálogo, suavizados los isleños por nuestros propios vientos y por nuestra propia lluvia; amantes de las tradiciones, de las pequeñas cosas que nosotros sabemos hacer grandes. Queremos que nos den lo que nos corresponde y que nos dejen en paz. ¿Es mucho pedir?
No dobla el árbol recio de la patria canaria, no doblan ni el pino ni el cardón; nos mantenemos a la espera de los procesos que nos devolverán la libertad. No renunciamos a nuestra propia historia, tan plena de acontecimientos que nos llenan de valor. El guanche y el canario. ¿Habrá mejor forma, incluso poética, de comunicar lo que somos? El guanche exterminado por el conquistador y el canario que busca un pino donde cantar. Un pino que le sirva de atalaya y de nido para traer más canarios que canten más y más.
Nuestra portada del viernes no necesitaba de muchas palabras. El canario vuela alto, llega hasta las faldas del Teide para avisar al gigante, para alertarle en su permanente vigilancia. El guanche ya no está, pero sí su legado su recuerdo y su honra. Feneció en las islas y hasta en Venecia, como una atracción de circo. Resistió a la humillación y en ocasiones se suicidó con honor. El árbol recio de la tierra resiste. Resiste en las cumbres, en el mar. En las mágicas medianías de los campos reverdecidos por el tesón. Viva la Canarias que nos dejaron nuestros padres. Pero libre. Siempre libre. Que nos abran paso al pino, al canario, al guanche y al cardón. Aunque el guanche ya no esté.
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