VENTURA GONZÁLEZ, S/C Tfe.
El Tenerife sale del partido tocado en su moral y en su confianza. Es verdad que tiene pocas cosas que reprocharse, pero tal vez en esa misma conclusión se encierra el problema. Sin cuatro de sus titulares y con un quinto (Alfaro) fuera de su sitio por las otras bajas, hay partidos en los que al equipo no le alcanza con su intensidad y su intachable actitud. Como ayer.
Para ganarle a un rival tan rocoso, tan bien puesto en el campo y salpicado de detalles de alta calidad como el Deportivo, este Tenerife tan lastrado por las bajas, está obligado a rayar la perfección en determinados aspectos. Ayer consiguió estar en esa línea durante una primera parte en la que los de Oltra firmaron una actuación defensiva brillante como colectivo. Con las líneas muy juntas, muy cohesionadas, con las ayudas a mano, ahogaron a su rival, le impidieron progresar con el toque y le obligaron a veces a jugar más directo; entonces, los cuatro del fondo, con la inestimable ayuda de Mikel Alonso, dieron una respuesta impecable en todas las disputas y en los despejes de cabeza. El Tenerife jugó como una sola pieza cuando no tuvo el balón y luego distribuyó sus posesiones con criterio. En tal sentido se lució Mikel, que apareció siempre cerca de la pelota para dar continuidad al juego y además protegió a los cuatro del fondo con su posición defensiva. Es verdad que esta vez costó más llegar al área con claridad, pero aún así el Tenerife tuvo mucha presencia cerca de Aranzubía, subió bien por la derecha (Aitor sigue creciendo) y le remató varias veces con peligro: Román en el 11'; Richi de cabeza en el 20'; Nino, a la media vuelta, en el 30' y Alfaro, de falta, en el 44' rondaron el gol frente a un rival que sacó varias contras de nivel por su brillante costado izquierdo. En una de ellas Guardado le puso en la cabeza el gol a Lassad, pero Sergio lo evitó.
Un cambio clave.- Lotina leyó el partido desde la responsabilidad que había tenido su propio equipo en el dominio local. Entendiendo que el hecho de jugar con dos puntas facilitó que Mikel Alonso estuviera muy cómodo, quitó a Lassad y metió un centrocampista más, Juan Rodríguez, al que colocó en la zona de creación de los locales. Fue un cambio determinante. El Tenerife se atascó en la salida, perdió algunos balones comprometidos y se desconectó de los atacantes, que son los que llevan el peso y marcan el ritmo de este equipo. Todo cambió. Pudo marcar Riki a los 2 minutos, lo rondó Juan Rodríguez ante Sergio en el área pequeña (13') y lo marcó Colotto, solo en el segundo palo tras el lanzamiento de un córner. No se debe entender que el Deportivo se había adueñado de la situación, pero sí es verdad que le cortó el ritmo al Tenerife, porque le trabó más la salida del balón. Con 0-1apareció Omar en la banda para relevar a Richi y con el cambio, Alfaro se fue al medio, desde donde ya había dado un pase maravilloso a Nino minutos antes, que pudo acabar en gol. El cambio, aprobado por la grada, que silbó antes a Richi, era un remedio adecuado para la situación de desventaja: más desequilibrio, mejor simetería y más "jugones" para abrir brecha. Lo que ya no resultó tan acertado fue la entrada de Dinei tres minutos después. Se marchó Aitor Núñez y se modificó el dibujo: tres al fondo, dos pivotes, tres medias punta y dos delanteros. De alguna manera Oltra contradijo así su cambio anterior, porque con éste segundo le quitó espacios a los jugadores desequilibrantes, que cuando esperan quietos la pelota arriba pierden ese filo que les hace tan peligrosos. El entrenador, que acierta tantas veces, llevó a su equipo, demasiado pronto, a jugar un partido descerebrado, a impulsos, como si desde aquel minuto 19 en el que cargó la zona de ataque de efectivos, cada jugada fuese la última. Está por ver qué habría pasado si le da 20 minutos a la alineación natural, con Omar en la izquierda y Alfaro en su sitio.
Más madera.- El Deportivo, acusando el calor, ya no iba a buscar más, aunque tuvo la opción de sentenciar en una contra de Bodipo que se hartó de balón y perdonó (38'), con Mista solo. Ambos habían entrado para aportar más frescura y velocidad por si caía una contra. Oltra quitó del campo Kome y metió a Angel, para jugar casi con cuatro delanteros en línea arriba, pero ya sin conexión desde el medio campo; sin desborde por la derecha, porque Alfaro volvió a caer al costado y buscando el recurso de que Dinei prolongara alguna dejada a sus múltiples compañeros de área. El Tenerife de esos minutos renunció a su estilo y retrató impotencia. Sólo protagonizó algún arreón brioso, como hizo Nino con su tiro lejano que rechazó un Aranzubía, que vivió un partido extraño: en tensión ante tanto punta, pero sin necesidad de intervenir ante verdadero peligro.
No es todo malo en esta cosecha. El Tenerife del primer tiempo fue competitivo. Luego se manejó mal.
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