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Irlanda da el "sí" al Tratado de Lisboa con el 67% de los votos en el referendo

La "vuelta de Irlanda al corazón de Europa", en palabras de un feliz y aliviado primer ministro, Brian Cowen, tiene mucho que ver con la profunda crisis que afecta al país, con índices de paro desconocidos desde los años ochenta, un sistema bancario desprestigiado y un sector inmobiliario estancado.
4/oct/09 07:49
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EFE, Dublín

Irlanda dio ayer un esperado "sí" al Tratado de Lisboa que reforma las instituciones europeas, en un segundo referendo en el que la crisis económica ha actuado como acicate para que los irlandeses ratificaran un documento considerado vital para el futuro de la UE.

Con el Tratado paralizado por el rechazo irlandés al texto comunitario en la consulta de 2008, la isla se había ganado la vitola de miembro díscolo, proclive a la sorpresa en las ocasiones que ha tenido para pronunciarse sobre estas cuestiones. Siete años antes, los irlandeses ya se opusieron en un referéndum al Tratado de Niza, aunque lo acabaron aprobando en una segunda consulta popular un año después con casi un 63 por ciento de sufragios a favor.

Ahora, los resultados finales del plebiscito del viernes reflejan un espectacular giro en el comportamiento del electorado, con un incremento del 20% en el bando del "sí" respecto a 2008, hasta llegar al 67,1% de apoyo, y una participación cercana al 60%.

La base europeísta está ahí. El principal problema, sostienen los observadores, es motivar a una ciudadanía superada por la fuerte militancia de los seguidores de grupos minoritarios.

Por eso, quizás tengan algo de razón los que acusaban a Irlanda de haberse acomodado y crecido, hasta desplegar una actitud de desdén hacia Bruselas, por el éxito económico y espectacular crecimiento experimentado en las últimas dos década, gracias, en parte, a las ayudas de la Unión.

No en vano, la "vuelta de Irlanda al corazón de Europa", en palabras de un feliz y aliviado primer ministro, Brian Cowen, tiene mucho que ver con la profunda crisis que afecta ahora al país, con índices de paro desconocidos desde los años ochenta, un sistema bancario desprestigiado y un sector inmobiliario -uno de los motores de su economía- estancado. De hecho, el mensaje durante la campaña del Gobierno y de todos los partidos -excepto el Sinn Fein- así como de la patronal, los sindicatos, las grandes multinacionales y hasta la poderosa Iglesia Católica resaltaba la necesidad de mirar hacia Europa para campear el temporal.

La "campaña del miedo" la llamaron los opositores al Tratado, una variopinta coalición compuesta por grupos izquierdistas, neoliberales, pacifistas y ultra-católicos convencidos de que las garantías dadas por Bruselas en forma de protocolo para salvaguardar los intereses irlandeses, como su independencia fiscal o su neutralidad, son papel mojado. Esa es la prueba que debe superar ahora el impopular Gobierno de coalición del Fianna Fail y el Partido Verde, sobre todo en el terreno económico.

El principal argumento que le ha dado la victoria se puede ahora volver en contra el Ejecutivo, si en los próximos meses la situación económica no mejora y el lema visto en multitud de carteles electorales de "Sí a Lisboa es igual a puestos de trabajo" no se hace realidad.

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