Hoy toca fútbol
Durante toda mi vida he tenido aficiones futboleras, aunque nunca fuese socio de ningún club, ni destacase por mi habilidad con la pelota. Más bien pertenecía al grupo de los que jugaban algunos ratos, porque llevaba el balón.
También es verdad que algunos kilos de más, no me facilitaban ser una gacela, sino más bien un triste trotón. En cambio, la falta de apasionamiento y la capacidad de observar con detenimiento lo que ocurría en el campo, me permitían sacar conclusiones sin inclinarme, de manera exagerada, por uno de los contendientes.
Cuando estudiaba la carrera, en Valladolid, los domingos prácticamente con la comida en el buche, íbamos al José Zorrilla un grupo de amigos, compañeros de Colegio Mayor, lloviese o nevase, casi siempre con un frío de narices. El horario era así de madrugador, ya que al no ser obligatorio el alumbrado de los estadios, si se retrasaba el comienzo de los partidos, podía oscurecer demasiado, especialmente en invierno.
Las entradas de fondo norte, eran a nueve pesetas, más treinta céntimos del emblema de Auxilio Social. Allí vi jugar entre los años 56 y 63 a los equipos de Primera de la época y al de Pucela que llegó a tener siete jugadores seleccionados y a recibir a los pocos días siete goles en su visita de turno al Metropolitano, uno por seleccionado.
Mi afición sigue intacta, pero me conformo con ver lo que se tercie, en la tele, con la enorme ventaja de poder verlo repetido, y con mucho más detalle que en el campo.
Esta condición me hace más objetivo e imparcial, y como a nadie le interesan los partidos en mi casa, los disfruto en soledad.
En el fútbol siempre han existido los leñeros, generalmente defensas, pero no con carácter obligatorio, y gente más o menos delicada, más fácilmente arrugable, y por ende lesionadores y lesionados. Pero lo que estamos pudiendo ver, de un tiempo a esta parte se pasa de castaño oscuro, o como se dice hoy, se pasa tres pueblos.
A todas estas, los trencillas, aunque podría decirse en algunos casos, los engominados, aplican el reglamento de una manera aleatoria, según quien pega o quien recibe, y así no puede ser, que todos somos hijitos de Dios.
En la temporada pasada, Pepe el del Real Madrid, un santo él, le dio un pisotón a un contrario que cayó al suelo. El árbitro pensó que era simulación, y le sacó tarjeta amarilla al pisoteado, que ya tenía una tarjeta, y lo expulsó. Hasta ahí puede considerarse como un error de apreciación, pero lo que dabo asco, era ver como el portugués, el causante del desaguisado se abalanzaba sobre el caído para afearle su comportamiento. ?Debió dejarse pisar con más alegría, y así ser más protagonista? Días después castigaron por bestia al luso, con una suspensión ejemplar. Todavía era defendido por algunos como excelente elemento. Es posible que se le considere un defensa excepcional, pero como deportista lo deja todo por desear.
La cobardía del árbitro del Madrid-Tenerife, no atreviéndose a dejar con diez a un superequipo fue clamarosa. La escusa es que no fue por detrás. Del resultado nada que objetar, porque el fútbol es un deporte de hombres. El merengue le ha pedido perdón, en todos los medios, para quedar bien. Vean el vídeo, y se darán cuenta de que Drenthe señala que él iba a por el balón simplemente, no es culpable que el tobillo estuviese por medio.
Los peliculeros de sonrisa sardónica, Albelda o Marchena, que jamás han roto un plato. Los revoltillos como Navas o Capel, que nunca dan menos de seis o siete vueltas sobre su eje cuando van al suelo. Todo esto tiene que desaparecer por higiene deportiva. Las maneras, no los jugadores. Como ejemplos siempre tendremos al predicador Kaka y al buen samaritano de Valerón, que para colmo es de la isla redonda.
Para evitar los repetidos desplazamientos del balón,una vez pitadas las faltas, aplicar el reglamento del balonmano y todo resuelto. Así de fácil.
José Luis Martín Meyerhans
Carta abierta al alcalde de Tacoronte
Desde hace una semana en que me he enterado de los cambios que se van a originar con motivo de la presentación a información pública del II PGOU de Tacoronte no salgo de mi asombro ante el desatino de dicho Plan. No le voy a plantear argumentos técnicos por salirse de mis conocimientos (ya D. Juan Jesús Ayala en "El Camino de la Historia" de EL DÍA del 29 septiembre pasado lo plantea muy correctamente).
Pero lo primero que quiero decirle es una obviedad: a Vd. se le ha elegido democráticamente como representante de los vecinos de esta ciudad para defender los intereses de la comunidad en general, y no para generar conflictos que nos llenan de inquietud. Leyendo este PGO se queda uno horrorizado del destrozo que van a hacer en la imagen de Tacoronte. No se ve en todo el texto una justificación del por qué de este Plan. El cambio que se origina en Tacoronte no está justificado. La sostenibilidad del territorio de la que tanto se habla no es tal, ya que produce un gran desequilibrio entre todas las zonas, como por ejemplo, en el casco histórico de Santa Catalina, Vd., creo, está subordinado el interés general de los ciudadanos y no está garantizando los derechos de las personas que representa; en definitiva, con este plan está cometiendo una injusticia.
Siempre he oído, y leído, que la característica específica de Tacoronte es su campo, su campiña, su viña, su paisaje verde y luminoso, al menos es eso lo que leemos cada año en los programas de las fiestas. Precisamente donde inicialmente surgieron los núcleos poblacionales, a la vera de cada barranco, junto con las casas están las huertas cuyo cultivo incrementa el cuidado a tener de los barrancos; van a desaparecer estos terrenos para hacer unas zonas de parque. ¿Creen que así conservarán mejor los barrancos o que van a venir más turistas? Mire el parque Hamilton. Formidable, es verdad, pero allí no van más que contadas personas, con perros la mayoría.
Por favor, rectifiquen el Plan, no tiene objetividad, da la sensación de que han trazado líneas aleatoriamente, indiscriminadamente, sobre un plano fotográfico aéreo (hombre, al menos, "patearse" las zonas afectadas), excepto en los márgenes de los barrancos, y es ahí donde se ve la intención de lo que se pretende (liberalizar suelo urbano para que los promotores de viviendas y ayuntamiento hagan su agosto), y no es justo.
Sin perjuicio de que presentemos las alegaciones oportunas, ruego medite sobre lo expuesto.
Francisco López Bear
Ruido molesto en el Campus de Guajara
Estimados amigos de EL DÍA, me pongo en contacto con ustedes (una vez más) para comentarles algo que está ocurriendo en el Campus de Guajara desde hace bastante tiempo, pues recuerdo darme cuenta de ello en junio, mientras estaba en exámenes.
El suceso en cuestión es el siguiente: sin explicación alguna, durante casi todo el día, un pitido extraño molesta (y bastante) a los alumnos y profesores que allí se encuentran, ya sea estudiando, en clase, o en los alrededores. Se trata de una especie de ruido electromagnético que suena por un intervalo de 3 ó 4 segundos, y que va decreciendo en sonido, luego a los dos segundos vuelve a empezar, decrece nuevamente poco a poco, vuelve... y así sucesivamente, todo el día. Y claro, imagínense estar en clase escuchando al profesor y, a la vez, oyendo ese sonido (que es indescriptible para mí) tan agudo e incómodo, que se le va metiendo en la cabeza a uno y acabas con un dolor en la frente. Y decía entre paréntesis que es indescriptible puesto que no sé a qué se debe, probablemente sea el viento, que produce sonidos extraños, pero yo creo más bien que existen algunas interferencias electromagnéticas en esa zona, o alguna antena que los produce, y es justamente donde se encuentra la biblioteca general, facultad de filosofía y el aulario de Guajara. Ciertamente, hay que estar allí para oírlo, y yo les invito a que se pasen un día por allí y se percaten de ese sonido, que la verdad, molesta, y a ver si es posible y alguien hace algo para que desaparezca, por el bien de todos, porque de lo contrario acabaremos todos locos.
Un saludo y seguid con esa buena labor que realizáis.
Óscar Rodríguez
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