Gastronomía
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Las Palmas cogió el testigo de Dublín

2/oct/09 07:29
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Hace un año, recuerdo que el día amaneció desapacible en la capital irlandesa. Ráfagas de aire gélido se alternaban con la llovizna en plena avenida O'Connell, atestada de gentío a horas muy tempranas. Bienvenida del sonriente Robert Farrand, organizador y "alma mater" del certamen y antesala de la fascinación ante un ejemplo de organización para conciliar la actividad frenética de 34 mesas de cata, cada una con tres expertos y su responsable (más de 40 variedades de media). La gran sala. Observatorio radical con quesos de todas las facturas, mescolanzas cromáticas, presentaciones artesanales, algunas rozando el límite de lo enigmático. La condición de Canarias, Las Palmas para ser más exacto, como sede hoy del concurso internacional, era la razón de este privilegio de pasar por cada punto de cata: los especialistas serenos y concentrados en un ritual de cruce de convicciones para plasmarlo en los estadillos. "Harinoso, demasiado salado, recuerdos a frutos secos, a humedades...". Así, cada queso (incluida una cincuentena de Canarias), fue recibiendo (con el sistema de restado de puntuación) su nota. A los más sugerentes, las pegatinas de oro, plata o bronce; de los primeros se realizaría la selección final, con la designación del vencedor. Curiosa la técnica de algunos catadores, que hundían una especie de "curfina curvada" con la que extraían un "cilindro de queso". Una vez probado, con la corteza circular del mismo quedaba sellado, sólo esa muesca como señal de que había sido abierto el derivado lácteo. ¿Catar casi cincuenta quesos de una tacada?, se preguntarán. Desde luego que tiene su mérito, pues el paladar se va cansando con los contrastes y llega el momento en el que al cerebro se le complica evaluar sabores, texturas, defectos o virtudes. Ahí está el oficio y los trucos: delgadas obleas de pan integral, manzana, agua,... La consejera Pilar Merino recogió el testigo de manos del ministro de Agricultura irlandés y después se apagó la sed de la larga jornada con una soberbia pinta de cerveza negra Guinness, símbolo nacional. Ya de vuelta al hotel sonó el móvil y el consiguiente revuelo: "¡Que ganó un queso de Arico, está confirmado!". No se presagiaba, entre el grupo de canarios que se dirigía a la feria de muestras, que iba a pasar las diferentes cribas hasta colocarse por la tarde en el primer puesto, entre alrededor de... ¡1.400 quesos! de "quilates". A cruzar los dedos para que gane otro canario. Francisco Belín

 

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