JUAN JOSÉ RAMOS, Madrid
Para los aficionados del Real Madrid, el de ayer fue un partido más en el que su equipo no juega bien, pero gana. La misma película que ya vieron ante el Deportivo y el Xerez. Pero los matices, imperceptibles para los seguidores blancos que sólo se fijan en la estela del Barcelona, fueron de una riqueza importante. La primera parte de ayer, por ejemplo, desnudó las vergüenzas merengues gracias a un espectacular y valiente planteamiento de José Luis Oltra, que permitió a su equipo anular a la estrellas blancas y merecer algo más que el 0-0. El Tenerife tuvo más la pelota, dispuso de más oportunidades, pero careció de la pegada que sí tienen los grandes. Defensivamente, ni una fisura. Apretó muy arriba, con la defensa adelantada y las líneas muy juntas. Mikel Alonso y Román Martínez, con la solidaridad de sus compañeros, ahogaron el centro del campo blanco. A la galaxia se la había tragado un agujero negro. La única ocasión blanca fue de Raúl, bien respondido por Sergio Aragoneses (27?). Cristiano sólo apareció para lanzar una falta a las manos de Aragoneses (37?). El bagaje ofensivo de los locales se acaba en esas dos acciones. El de los blanquiazules fue mucho más amplio. Alfaro fue el primero en probar suerte (4?). Poco después, una pared entre Bellvís y Nino la terminó el lateral con un disparo desde dentro del área demasiado cruzado (15?). Alfaro, que estaba haciendo un roto a Drenthe por la derecha, lanzó un centro que se envenenó y sacó Casillas a córner con apuros (29?). Román también lo intentó desde la frontal del área, forzando otra intervención del meta madridista (40?). Pero en el partido había un invitado incómodo. Uno que no sabes cómo ni para qué ha llegado hasta allí. Muñiz Fernández representó lo peor del estamento arbitral. No erró en acciones decisivas, aunque su asistente validó el 1-0, pero machacó a los insulares en el reparto de faltas y tarjetas. Román ya había sido amonestado a los cuatro minutos, mientras que Drenthe lesionó a Bertrán con una entrada de roja directa... que se quedó en amarilla. Así va a ser imposible dejar de pensar que siempre favorecen a los grandes y que, además, les gusta. El empate a cero no respondía con exactitud a los méritos de uno y otro equipos, aunque al Tenerife le estaba faltando puntería. Pellegrini, que había puesto a calentar a Kaká a la media hora de juego, le dio entrada al brasileño y a Guti tras el descanso. Pasó a Lass al lateral y retiró a Sergio Ramos y Granero. Los galones, para Xabi Alonso y la responsabilidad para Kaká. No hizo falta. En 11 minutos ya ganaba 2-0. Benzema hundió el hasta entonces buen partido de Manolo ganándole en el salto del primero (47?) y superándole en carrera en el segundo (57?). ¿Por qué el central va a tapar la portería en lugar del remate? Sólo él lo sabe. En medio, el Tenerife demostró que sólo había cambiado el marcador, pero no el juego. Sí, el Madrid tenía ahora a Kaká y más espacios porque iba por delante, pero seguía sin tener la seguridad del triunfo. Una gran combinación entre Alfaro, Nino y Román la culminó este último con un peligroso disparo (49?). Alfaro asistió luego a Nino, que, en posición forzada, envió por encima del larguero una vaselina (54?). La única aparición de Cristiano Ronaldo demostró su descomunal potencia. Arrancó desde el centro del campo y, a base de fuerza y velocidad, dejó a cuatro rivales por el camino antes de forzar una espectacular intervención de Sergio (56?). Los de Oltra estuvieron a punto de permitir el ?hat trick? de Benzema (61?). Ya con Mikel como central y Alfaro de enganche, el Tenerife recuperó el mando... y generó las ocasiones más claras de este tramo: Omar disparó al palo, tras un error de bulto de Casillas (64?) y Nino cabeceó, tras dejada de Richi, provocando la estirada del portero de la selección (72?). Pero la pegada la tiene el Madrid y no los blanquiazules, que dispararon 17 veces (5 por dentro y un poste) por 13 de su rival (7 por dentro, 3 de ellos goles). Por eso, Kaká aumentó la cuenta con un golazo (77?) cuando ya el equipo de Pellegrini había puesto el piloto automático y pensaba en Europa.
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