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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

La PDA del director de la sucursal

27/sep/09 08:26
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AUNQUE sea sólo de forma excepcional, tengo ganas de que España encabece una clasificación europea por un asunto que no sea denigrante o, cuando menos, poco digno de ser considerado un motivo de orgullo. Mientras me disponía a escribir estas líneas ayer por la mañana, oí en una emisora de radio que tenemos las comisiones bancarias más caras de la UE después de Italia. En ese momento me acordé que en cierto banco, donde tengo una cuenta desde hace más de treinta años, me están cobrando medio euro por apunte. Ese es el trato que recibo después de tres décadas sin retrasarme ni un día en ningún pago y sin haber tenido jamás un céntimo en números rojos. Ni un céntimo de peseta cuando manejábamos la vieja moneda, ni un céntimo de euro en los tiempos actuales. Hace unos meses le pregunté al director de la oficina en cuestión cuál era el motivo de recibir semejante trato. "No se preocupe que yo se lo arreglo". Al mes siguiente, empero, volví a recibir el extracto con las mismas comisiones. "El sistema no permite suprimirlas, pero he puesto un mensaje en mi PDA para retraérselas manualmente cada mes", fue la respuesta que me dio el director la segunda vez que le telefoneé.

A mí, qué quieren que les diga, la solución me pareció de lo más chapucera. Temores que se confirmaron pronto. Al llegar el mes de agosto, acaso porque el directivo bancario se había ido de vacaciones y había dejado -con buen criterio- la PDA desconectada en el despacho, pagué el íntegro de las comisiones como diría un peruano limeño. A pesar del dato europeo sobre la carestía de estas tasas, se quejan los banqueros españoles de que dicho estudio se ha realizado teniendo en cuenta el tope superior de las mismas, cuando en nuestro país los bancos negocian su importe cliente por cliente. Quiero suponer que no todos utilizan la PDA del director de mi sucursal. Sucursal, dicho sea de paso, de la que voy a sacar los cuatro euros que tengo para no volver a pisarla jamás.

Lo de las comisiones, como les conté antes, lo oí ayer sábado por la mañana. El viernes a eso del mediodía me llamó un amigo para pedirme ayuda periodística sobre un asunto también relacionado con los bancos. Uno está acostumbrado a que lo llamen a última hora, como a los bomberos, pero a pesar de eso y del ajetreo del momento lo atendí con mucho interés. Los amigos, amigos son. Su caso está relacionado con la quiebra de una importarte empresa constructora -nada nuevo bajo el sol- y unos avales que debe pagarle un banco. La cantidad, seis millones de euros, no es calderilla. Pese a ello, o quizá precisamente debido a ello, lo llevan toreando más de dos semanas y es posible que deba esperar uno o dos meses para cobrar, si es que al final consigue algo. Dos meses en los que un banco podrá hacer con ese dinero lo que le venga en gana. Verbigracia, lucrarse con los intereses. Sólo a un uno por ciento de interés -el precio oficial del dinero fijado por el Banco Central Europeo-, esos seis millones generan 164 euros diarios; es decir, 4.930 euros cada mes. Cantidad más que suficiente para comprar algunas PDA destinadas a directores solícitos. De nuevo, nada nuevo; a fin de cuentas, siempre se ha dicho que este es un país de bandoleros; antes con trabuco y navaja de siete muescas, y ahora con cuellos blancos y artilugios electrónicos de última generación. Lo de bandolero dicho en sentido figurado, por supuesto, pues tanto los banqueros como los empleados de sus sucursales cumplen estrictamente la ley. El desacierto -o desaguisado- no está en su actitud, sino en las permisivas normas por las que se rigen.

Porque, ironías aparte, cabe preguntar cómo un Gobierno socialista, tan propenso al talante, a la defensa del débil y al buen rollito en general, cual es el caso del Ejecutivo de Zapatero, le mete la mano en el bolsillo a las clases medias pero le permite a los poderosos seguir campando a sus anchas. Interesante pregunta con muchas respuestas, aunque me quedo con una: los dejan en paz porque no se atreven con ellos. O no les conviene atreverse, que en definitiva es lo mismo.

Se quejan los bancos, por ejemplo, de que aumenta la morosidad. Ayer mismo se publicaba que la tasa de impagos en créditos hipotecarios durante el segundo trimestre de este año duplica a la del mismo período de 2008. Sin embargo, esa tasa de impagos no llega al tres por ciento; el 97 por ciento de los que han pedido un crédito para comprar una vivienda están pagando religiosamente. No obstante, a los banqueros les conviene llorar. Les conviene porque mientras lo hacen nadie se acuerda de las comisiones, ni de los avales millonarios cuyo pago retrasan una semana y otra, un mes y otro y, sobre todo, nadie recuerda que la gigantesca crisis actual la han ocasionado los bancos concediendo préstamos incobrables por quien los otorgaba e impagables por quien los recibía.

rpeyt@yahoo.es

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