Terminaba la semana pasada esta crónica dejando constancia de la invitación de Obama a Rodríguez Zapatero a reunirse con él, y del júbilo de éste porque, al fin, iba a poder presumir de la tan ansiada fotografía. Pues bien, resulta que, irónicamente, esa fotografía ha sido la peor de todas las que el presidente del Gobierno español podía haber imaginado. Aparentemente se trata de la consabida constancia gráfica del encuentro, que en esta ocasión, como en tantas otras, incluyó a las esposas de ambos, y también a las dos hijas del matrimonio Rodríguez, que hicieron el viaje a Estados Unidos en el avión oficial.
Dos circunstancias, sin embargo, han hecho de esta fotografía una pieza única: por un lado, es sobradamente conocida la fijación, rayana en lo obsesivo, de Rodríguez Zapatero por evitar que aparezca en los medios de comunicación la imagen de sus hijas; la razón que aducía era que son menores de edad, y que no tienen por qué ver complicada su vida por la ocupación de su padre. Aun sin acabar de comprenderlo del todo, los medios aceptaron sin mayores problemas esta actitud presidencial; la consideraban como una curiosa manía que no se sabe que otros gobernantes tengan, más bien al contrario: son famosas las fotos de los hijos de John F. Kennedy correteando por el Despacho Oval y, entre nosotros, las de los miembros más pequeños de la Familia real, sin que ocurra absolutamente nada. La otra circunstancia es el atuendo que las jóvenes Rodríguez Espinosa lucen en la foto: ambas de negro riguroso (como su madre) ataviadas con prendas y complementos de cuero que la moda llama "góticas" y que recuerdan a la célebre Familia Addams de la vieja serie de televisión.
La Casa Blanca colgó la foto, siguiendo la rutina, en su página web, y la retiró poco más de una hora después, dicen que a petición de Zapatero. Pero Internet, a estos efectos, es implacable, y esa imagen inundó la Red en cuestión de minutos. Y, naturalmente, los medios en soporte de papel la publicaban en sus ediciones del día siguiente, aunque "pixelando" pudorosamente los rostros de las adolescentes. Nunca podría Rodríguez Zapatero haber imaginado que le hubiera salido el tiro por la culata de peor forma. En España apenas se habló el viernes de otra cosa, y eso que había muchos asuntos de que hablar.
Dos proyectos de Ley
Esto se escribe cuando se encuentra reunido el Consejo de Ministros, que se celebra en sábado y no en viernes debido al viaje del presidente. Dos proyectos de Ley serán aprobados: el de Presupuestos Generales del Estado, que incluirá la subida de impuestos con que ya hemos sido amenazados, y el de la nueva ley de aborto, que pretende que la madre pueda decidir dar muerte a su hijo en las primeras catorce semanas de embarazo sin tener que dar explicaciones a nadie y, en caso de las menores a partir de los 16 años de edad, tampoco a sus padres. Otra ironía de la vida: la aprobación de este proyecto de Ley por el Gobierno se ha producido justo el día de los santos Cosme y Damián, patrones de los médicos y, especialmente, de los cirujanos.
Esta semana se ha conocido el texto del dictamen del Consejo de Estado sobre este anteproyecto legislativo, que, efectivamente, otorga el beneplácito a su legalidad y constitucionalidad. Se trata de un texto habilidosamente elaborado por un experto en la terminología y los tecnicismos jurídicos, que no logran, sin embargo, disimular su endeblez de fondo, que lo hace muy vulnerable hasta por un recién salido de la Facultad de Derecho. Pero el trámite está cumplido, y en realidad daba lo mismo, porque se sabe, y el Consejo de Estado mejor que nadie, que al Gobierno le da igual lo que digan esos dictámenes preceptivos, pero no vinculantes. De hecho, lo aprobado ayer en el Consejo de Ministros desoye por completo las reticencias del dictamen hacia la facultad de las adolescentes de 16 años de abortar sin siquiera informar a sus padres de su decisión.
En este asunto del aborto provocado el Gobierno es rotundamente beligerante a favor de dar las mayores facilidades posibles para la matanza de hijos en el vientre de sus madres; hay que suponer que esa actitud no obedece a ninguna particular afición hacia el derramamiento de sangre inocente, sino más bien a la decisión de blindar al gran negocio del aborto frente a cualquier percance legal y facilitar su siniestra actividad todo lo posible. El mismo viernes 25 prohibió la concentración que el día 25 de cada mes se realiza frente a una de las aborterías más antiguas de Madrid, al tiempo que autorizaba una manifestación pro abortista para ayer, sábado.
Impuestos
Rodríguez Zapatero ha dicho en Pittsburgh que la subida de impuestos afectará sólo a los más ricos. Si tenemos en cuenta todo lo que ha dicho desde que en 2007 ya se sabía que nos enfrentábamos a una crisis que él negaba, sus palabras de ahora en Estados Unidos carecen del menor valor, máxime cuando todos los economistas y fiscalistas que aparecen en los medios aseguran que cualquier aumento impositivo que quiera acercarse a los 16.000 millones de euros que el Gobierno quiere recaudar de más ha de afectar inexorablemente a las clases medias de manera muy principal.
En estos asuntos se comprueba siempre, sin excepciones, que las proclamaciones de los gobernantes de quitar el dinero a los ricos para dárselo a los pobres es una pura patraña, porque muy pronto descubren que los ricos de verdad no dan para tanto. El viejo dicho mantiene su vigencia: el bandido generoso y el ministro de Hacienda se parecen en que ambos empiezan diciendo que quitan a los ricos para dar a los pobres, y acaban quitando a todo el que tiene algo para quedárselo ellos; y se diferencian en que mientras el bandido generoso lleva a la policía detrás, el ministro de Hacienda la lleva por delante.
Ironías de la vida.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD