EN LOS REGÍMENES totalitarios, el monumentalismo es un recurso para destacar tanto la megalomanía de sus líderes como del propio estado, nación o imperio. Uno de los múltiples ejemplos que aún se pueden observar de esa tendencia a la egomanía escultural y arquitectónica está en el denominado antiguo bloque del Este, aunque el virtuosismo de los artistas y arquitectos que han fabricado esos mensajes subliminales de control y poder a través del arte y la edificación están regados por todo el planeta. No obstante, todos recordamos el monumentalismo que reinó en la antigua Unión Soviética durante la etapa, por ejemplo, en la que gobernó Stalin. El uso de esos monumentos, esculturas o edificios no perseguía en la mayoría de las ocasiones la excelencia artística (que también, en algunos casos) o la funcionalidad de un edificio. Se trataba, como los retratos que colgaban y cuelgan de los palacios reales, de enviar un mensaje, de transmitir la idea de poder y superioridad, de exhibir la autoridad del Estado y sus gobernantes, de simbolizar y atemorizar al ciudadano ante quienes se encargaban de ordenar, con mano de hierro, su vida.
Por eso, el estalinista -el propio Stalin- creía en la fuerza de los símbolos, en la necesidad de anteponer la imagen a la función, de imponer el terror antes que el diálogo, con el objetivo de someter y atemorizar. De hecho, él mismo era un símbolo que cuando fue derribado dejó paso a otra cosa que ya no era el estalinismo y que duró cuarenta años más. Pues en Tenerife, en Canarias, hay quien todavía cree en la importancia de los símbolos más que en los intereses de los ciudadanos. Persisten, en el seno de las administraciones canarias, los estalinistas monumentalistas que no toman sus decisiones en función del mayor o menor beneficio para los canarios porque, entre otras cosas, creen que las acciones políticas y de gestión se toman en función de su simbolismo y no de su importancia o repercusión en la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos.
Un ejemplo de ello, y que está en la palestra pública, es el edificio de aparcamientos de la playa de Las Teresitas. El Partido Socialista defendió en el último pleno municipal, con argumentos tan poderosos como "no nos gusta", su derribo, sin pararse a pensar en las consecuencias no sólo jurídicas de esa decisión, sino en el perjuicio económico a la ciudad, esto es, el perjuicio a todos los vecinos de Santa Cruz. ¿Y saben por qué actúan así?, pues porque en su mentalidad anida ese monumentalismo estalinista y ven en ese edificio un símbolo a derribar; creen que, como hacen ellos, los proyectos e iniciativas del ayuntamiento se hacen para alimentar egos y no por el bien del ciudadano. Incluso algunos compañeros suyos han reconocido -no públicamente, por supuesto- que el derribo del párking -cuyas obras están paralizadas por un asunto que se debe dilucidar en un juzgado- sólo persigue hacer daño político, creen que con esa acción "tumban" un proyecto político como el de Coalición Canaria en Santa Cruz y, por tanto, da igual por qué, cómo o para qué está esa construcción al inicio de la playa. Da igual, es imposible dialogar sobre temas técnicos o jurídicos, porque la ceguera es tal que ven nada más que un símbolo a destruir, cuando no se han dado cuenta de que vivimos en otro tiempo y en otro sitio y que Santa Cruz, por suerte, no es San Petesburgo bajo la denominación de Stalingrado.
Lo que no le ha interesado ahora a los socialistas -digo ahora, porque con anterioridad sí apoyaron el proyecto de remodelación de la playa que ahora quieren eliminar- es discutir y hablar sobre las ventajas o inconvenientes de ese edificio de aparcamientos; solamente dicen que no les gusta y que hay que tirarlo para hacer daño, para señalar con el dedo y decir "hemos derrotado a?"; ¿a quién?, me pregunto yo, ¿a los concejales que lo aprobaron en su día y que alguno de ellos es compañero de su partido?, ¿a uno de los arquitectos más famosos del mundo?, ¿a los miembros del jurado que escogieron ese proyecto tras un concurso de ideas internacional?, ¿a Coalición Canaria?, ¿a este alcalde? La respuesta afirmativa a cualquiera de estos interrogantes es mezquina, porque, al final, los únicos perjudicados son los chicharreros, y les explicaré por qué.
Lo que los socialistas quieren derribar es un proyecto que fue aprobado por Costas y el Ayuntamiento de Santa Cruz. De hecho, ya en su momento, en el año 2007, ATAN solicitó la paralización de las obras y el Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC) dictó un auto (en julio de 2007) mediante el cual denegó la paralización solicitada en base a que se trataba de una obra que tenía título habilitante. Es decir, la aprobación del proyecto por parte de las administraciones públicas y, además, porque se trata de una obra de interés general, algo que a los socialistas parece que nunca les ha importado. Así, el proyecto consta de una estructura de aparcamientos de 400 plazas con locales con destino a bar y venta de recuerdos o souvenirs. Dominique Perrault, el arquitecto francés que ganó el citado concurso internacional de ideas, diseñó, además, una ampliación de la playa, un paseo de madera para el acceso a lo largo de toda la playa, la mejora y ampliación de las duchas y vestuarios y la instalación de zonas de ocio como espacios deportivos y parques infantiles. Esto es lo que no les gusta a los socialistas. Además, el edificio de aparcamientos que se pretende derribar porque es un símbolo, sólo por eso, es la estructura en la que irían los futuros aparcamientos y, si se ejecutase el proyecto aprobado, quedaría bajo rasante, lo que significa que no existiría ningún impacto visual ni estético. El aparcamiento de Las Teresitas, por tanto, sería igual que el aparcamiento subterráneo, por ejemplo, de la plaza de España. Por otro lado, el Gobierno de Canarias ha dicho que los permisos se pueden dar. Por tanto, ¿por qué hay que destruir un proyecto que pretende acondicionar la playa y dar respuesta a lo que siempre han pedido los vecinos? Es decir, alumbrado, vestuarios, duchas, zonas de juego para niños. Independientemente de quien sea el titular de los terrenos, lo que está claro es que son terrenos de titularidad pública, bien de Costas o bien del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, y, por ese carácter público, sólo se podrán hacer obras de interés público. Es decir, para el común de todos los vecinos. Pero todo esto da igual, no importa, el estalinismo monumentalista que perdura en la mente de una parte del PSC-PSOE canario hace que piensen en sus claves y haya que derribar no un edificio de aparcamientos y un proyecto de mejora de una playa, sino un símbolo que no ha representado nunca a nadie, sino, y no es poco, las ganas de trabajar y mejorar esta ciudad. Es decir, no los representa a ellos.
* Alcalde de Santa Cruz de Tenerife y diputado en el Parlamento de Canarias
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