EL PAPEL que debería desempeñar la educación en el ámbito de la actividad turística constituye sin duda una de las mayores necesidades que hoy día tiene la sociedad canaria. Mi intención, al escribir sobre este tema, es intentar favorecer una determinada reflexión en torno a dicha problemática y pretender que cada uno de los agentes implicados, Administración, empresarios y ciudadanos en general, se percaten de la urgencia que existe de planificar adecuadamente dicha actividad; porque nos estamos jugando no sólo el nivel de calidad de nuestro sector turístico, sino también nuestro prestigio y nuestra imagen de marca.
Es importante que todos entendamos que la educación en turismo constituye una variable estratégica en el propio desarrollo del mismo y, por tanto, la falta de dicha variable puede terminar condicionando su propio futuro. Por consiguiente, es vital establecer unos criterios básicos, tanto en el marco conceptual en el que se debe desarrollar dicha actividad, como en el papel que deben interpretar los distintos agentes antes aludidos.
Tenemos que entender que nuestra primera industria no es el cacao, ni la caña de azúcar, ni la leche o los productos cárnicos, ni los vinos o la fabricación de muebles o de vehículos, ni mucho menos el gas o el petróleo; es, querámoslo o no, el turismo. Es normal, pues, que casi todas las actividades que se generan en nuestras islas giren en torno a él. Por consiguiente, no estaría de más que conociéramos, estudiáramos y aprendiéramos todo lo relacionado con dicha actividad, que es, en definitiva, la que nos proporciona la mayoría de los puestos de trabajo.
Nuestra intención debería ser la de "vender" un producto turístico de calidad, con todo lo que ello implica; y dicho producto lo tenemos que exponer, en un determinado marco o "escaparate", que viene a ser, inevitablemente, nuestro propio territorio, el cual debería estar limpio, brillante, cuidado y decorado con gusto y con esmero para, en lo posible, atraer al potencial cliente para que éste quede deslumbrado, intrigado, enganchado, cautivado y deseoso de verse en la necesidad de adquirir un producto que le sea ventajoso y que, a la vez, tenga una mínima calidad y un precio acorde y coherente con lo que se le oferta.
Para ello, convendría mentalizarnos de que el turista, el "guiri", es quien, en definitiva, nos da de comer; por lo que, si somos consecuentes con dicho planteamiento, deberíamos ser amables, educados, corteses y, si necesario fuera, acogerlo como nuestro huésped, o convertirnos en taxistas ocasionales o en improvisados guías turísticos. En definitiva, quién mejor que nosotros para promocionar nuestra tierra, nuestra cultura, la gastronomía o nuestras fiestas tradicionales.
Impartir la materia "turismo" de forma general dentro de la oferta de educación secundaria debería constituir una prioridad para nuestros gobernantes. Considero que dicha materia contribuiría a sensibilizar a nuestros jóvenes en temas relacionados con la problemática de nuestra primera industria, que, hoy por hoy, es clave en nuestra economía regional y, a la vez, constituiría una posible salida profesional para muchos jóvenes canarios.
No sería precisamente trivial generar, desde un punto de vista turístico, determinados conocimientos, así como despertar la apreciación por nuestros atractivos turísticos, además de prestar la valía adecuada tanto a los recursos naturales como a los culturales, artesanales, gastronómicos, etc. de los que somos no sólo generosos, sino también ricos; pero todo ello sin olvidarnos, claro está, de vigilar y controlar el impacto medioambiental que la industria turística genera en unas islas con recursos y espacios limitados: consumo de energía, generación de residuos y aguas residuales, aumento desmedido de las instalaciones hoteleras y de las infraestructuras, así como de los distintos servicios que se prestan, ya sean éstos sanitarios, de enseñanza, policiales, etc.
Es indudable que tanto la calidad como el cuidado y preocupación por el medio ambiente deben convertirse en un objetivo prioritario, no sólo para los agentes implicados en general, sino también para las propias cadenas hoteleras en particular, las cuales, al parecer, han descubierto finalmente la importancia que su cumplimiento tiene no sólo para su imagen, sino porque, últimamente, lo comienza a demandar el propio cliente.
No debería ser una preocupación, pero por desgracia lo es, el hecho de hacer ver y comprender a la Administración y a los ciudadanos la importancia que tiene cuidar y mimar nuestro entorno, en definitiva, nuestro "escaparate": tener las calles asfaltadas y limpias, no tirar nada al suelo, los edificios pintados, los jardines y parques cuidados, habilitar los aparcamientos necesarios para impedir que el coche se adueñe del centro de las ciudades, peatonalizar en lo posible las calles más emblemáticas y concurridas, restaurar y mantener nuestros monumentos, vigilar y controlar a los amigos de lo ajeno ya que ellos, con su conducta, contribuyen a que su posible víctima no vuelva más a visitarnos y, por consiguiente, el que tima, roba o es descortés con un turista lo está siendo con todos y cada uno de nosotros; no sirve, por tanto, mirar hacia otro lado o encogerse de hombros; el turismo es un tema que nos afecta a todos por igual y, por consiguiente, deberíamos dedicarle la atención, el tiempo y el estudio adecuado en función de nuestro compromiso y de nuestra responsabilidad. Nos estamos jugando con ello nada menos que el futuro.
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