ESTE MUNDO difícil, caprichoso y mortificante en el que de momento tengo licencia para habitar, se empeña en envolverme con esa duda perenne de no saber qué tipo de gripe me va a tocar padecer cuando estamos a las puertas del otoño, tampoco si el CD Tenerife conseguirá la ansiada permanencia, ni tan siquiera cuándo cambiará este momento tan depresivo y oscuramente perverso al que llaman crisis, donde el dinero huye, apenas sirve para nada o lo atesoran manos avariciosas. Pero el tiempo empuja y acostumbrado como estoy, todavía, a las agradables caricias del calor, casi despreocupado, me estremezco con el ligero roce de los primeros fríos, rodeado sin quererlo del horrible pitido de teléfonos pinchados y escuchas furtivas; de la indignidad del fisgoneo oficial y del oficioso; de los odios groseros masticados a boca llena; del áspero y millonario tacto de la traquita en la montaña de Tebeto, y de tantas y tantas miserias humanas que duermen al raso sus malsanas heridas. Siento que el mundo grita y que en ese bullicio cada vez más ronco, sobre ese ruido caliente y empalagoso con sabor a patio de vecinos mal avenidos, nadie está de acuerdo con nadie. Por eso quisiera salir a pasear la ciudad evitando tropezarme con esa loca algarabía en la que algunos viven sin permitir que los demás vivamos; quisiera que no me dieran gato por liebre; quisiera aprender chino en sólo quince días; quisiera que se firmaran todos los acuerdos posibles; quisiera unas espléndidas autopistas, sin límite de velocidad; quisiera controlar las cuentas del gasto público, partida por partida; quisiera una buena taza de leche con gofio; quisiera que los políticos me convencieran sin engaños; quisiera que me homologaran con el Universo; quisiera que todos, sin distinción, pasáramos por el aro; quisiera que no me mataran la ilusión, al menos no tan lentamente; quisiera una bandera tricolor con siete estrellas verdes; quisiera tener a mi padre aquí, conmigo; quisiera que se suprimieran la estupidez y el arribismo; quisiera un bucio que encierre todos los ecos de la mar; quisiera que volvieran los buenos tiempos?
(*) Redactor de El Día
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD