P.F., S/C de Tenerife
Durante los últimos años, el trabajo de los miembros de la Unipol (Unidad de Intervención Policial) de la Policía Local de Santa Cruz de Tenerife se ha orientado, en buena medida, a responder a las quejas de los vecinos por los problemas de seguridad que tienen más cerca, como suele ser el tráfico de drogas a pequeña escala o el botellón. Esa labor en todos los barrios de la capital empieza a dar frutos y son los propios ciudadanos quienes participan activamente en erradicar temporalmente cada problema, gracias a la información que suministran a los agentes.
En lo que va de año, los integrantes de la Unipol han detenido a 33 "camellos" por delitos contra la salud pública en diferentes puntos de la ciudad y, además, han levantado 711 actas por tenencia de sustancias estupefacientes a otros tantos consumidores. Durante julio y agosto, esa labor contra el "trapicheo" se mantuvo, hasta el punto de que casi la tercera parte de los arrestos tuvieron lugar en ambos meses estivales.
Tales servicios se han desarrollado, fundamentalmente, en las zonas de Juan XXIII (Ofra), las inmediaciones del cementerio de San Rafael y San Roque, la calle Picasso, Los Gladiolos, Miramar, Chamberí, Chimisay, así como en varios enclaves del Distrito Suroeste.
Antes de que pasen a disposición judicial, la captura de los distribuidores de hachís o cocaína es el último paso de un proceso donde el diálogo entre los representantes de comunidades vecinales y los profesionales de la Unipol resulta fundamental para acabar con los focos de alarma social.
Así lo afirman el subinspector Javier Rodríguez, jefe de la Unidad de Intervención, y el oficial Benito Fortes, quien una vez por semana celebra reuniones con ciudadanos para conocer la esquina, plaza o calle donde se puede actuar, aunque el contacto telefónico también es habitual.
Y en el día apropiado se desarrolla el despliegue de los policías de paisano, los uniformados y el grupo canino para localizar, identificar y apresar a los pequeños traficantes, así como para encontrar la droga. La planificación, el desarrollo y la conclusión de los operativos se resuelven en cuestión de horas, ya que se trata de una acción inmediata.
Después vienen las tareas de seguimiento para saber si la operación ha sido satisfactoria para la comunidad afectada por el problema y cómo ha evolucionado la situación. En cualquier caso, ambas partes son conscientes de que con el fenómeno del "menudeo" no hay erradicaciones absolutas; ya que casi siempre la venta se desplazará a otro lugar antes de volver de nuevo a la misma esquina, plaza o calle de antes.
Rodríguez aclara por enésima vez que en este asunto no puede hablarse de unos barrios como peores que otros. "Nuestro trabajo es exactamente igual en los núcleos periféricos que en el centro de la ciudad; existe la misma demanda en Residencial Anaga que en las vías de Añaza", comenta el subinspector.
Armas
El botellón es otro de los objetivos de las críticas de los residentes en diferentes áreas de la capital. En este aspecto, buena parte de las concentraciones para escuchar música a todo volumen y consumir alcohol provienen del entorno del Parque Marítimo. Para prevenir incidentes en dichos encuentros masivos de jóvenes, los integrantes de la Unipol realizan controles de documentación y vehículos que deparan curiosas sorpresas, como el hallazgo de los más diversos objetos que pueden convertirse en peligrosísimas armas en caso de reyerta, como ballestas, hachas, catanas (espadas japonesas), palos de golf, bates de béisbol, palos de madera e, incluso, martillos.
Labor clave de la Unidad Canina
Javier Rodríguez y Benito Fortes se muestran muy orgullosos de los perros utilizados por la Unidad Canina de la Unipol y señalan que se trata de un grupo puntero a nivel nacional. En estos momentos, la Unidad de Intervención posee tres pastores belgas malinois, dos pastores alemanes, un labrador y un rottweiler. Los cuatro últimos están especializados en detección activa de las sustancias estupefacientes, es decir, el sistema por el que el can percibe el producto ilícito y rasca o ladra para conseguirlo. Por su parte, los pastores belgas malinois, que fueron adiestrados en la Escuela de Veterinaria del Ejército de Tierra en Madrid, desarrollan la detección pasiva, que consiste en que el animal se dirige hacia donde está la droga y se sienta. Las anécdotas con los perros son innumerables. Fortes explica que recientemente pararon en un control a un vigilante de seguridad. Uno de los canes se acercó hasta la guantera del coche y señaló que había droga. Pero, cuando los agentes fueron a comprobarlo, no hallaron nada. ¿Se había equivocado el animal? La respuesta la brindó el propio vigilante de seguridad, quien reconoció que en ese lugar ya no había, pero hubo marihuana. Y entonces el orgullo de los guías caninos creció un poquito más, como reconocen el subinspector y el oficial.
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