LAS CALLES de Venecia son públicas y, hasta donde cabe prever, continuarán siéndolo en el futuro; los enormes edificios de aparcamientos que hay a la entrada de la singular ciudad, no. Para acceder a ellos -eso sí son auténticos mamotretos, pero mamotretos imprescindibles- hay que pagar, si no me falla la memoria, 24 euros por todo un día sin fracciones. Da lo mismo estar un minuto que 23 horas y 59 minutos; quien cruza la entrada abona la tarifa completa. Pasear por las calles, como digo, es gratis al menos de momento. Por utilizar un simple urinario también hay que apoquinar un euro y medio. En Venecia lo único gratis, si acaso, son las campanadas de la torre adjunta a la catedral de San Marcos, cuyos cimientos -dicho sea de paso- están reforzando con una sofisticada obra de ingeniería para que no se les venga abajo.
Dejemos Venecia, abandonemos el Mediterráneo, crucemos el Atlántico y vayámonos a otro continente. En muchas playas de Estados Unidos hay que pagar para entrar. No para acceder a los servicios ni a los estacionamientos para vehículos. Simplemente hay que pagar para extender una toalla sobre la arena y tumbarse al sol. Eso contando con que el lugar no sea un paraje natural de marcado interés, porque en ese caso hay que soltar cinco o diez dólares -lo que toque- sólo por pasar a ver.
Sobra decir que España es diferente hasta en esto. Los directivos de la Warner no se podían creer que filmar en el Parque Nacional del Teide, uno de los patrimonios de la humanidad, les saliese gratis. Debían suscribir un seguro multimillonario para responder de posibles alteraciones del paisaje y otros daños que pudieran producirse, pero rodar en el Teide no les costaba nada, pese a su asombro, porque la ley establece que esos espacios son de dominio público. Cierto que en algunos parques se cobra, pero no es la tónica general.
Quiero decir con todo esto que los lugares públicos son de libre acceso, pero no necesariamente de entrada gratuita. Sin esos mamotretos de aparcamientos en Venecia -por seguir con el ejemplo- el caos en la carretera de acceso a dicha ciudad sería enorme. Y sin un pago por su conservación, muchas de las playas norteamericanas hace tiempo que habrían alcanzado la misma pestilencia que impera en muchas de las españolas; incluida Las Teresitas durante los fines de semana estivales. Por lo tanto, cae de lleno en la demagogia José Ángel Martín, portavoz socialista en el Ayuntamiento de Santa Cruz, cuando plantea derribar el mamotreto para que esa playa conserve su carácter público, familiar y social. Aunque es más fácil comer peras después de habérselas pedido al olmo, que apelar a un discurso de los socialistas que no sea populachero.
No tengo la menor intención de defender el mamotreto. Que lo justifiquen quienes cobran -y mucho- por hacerlo. Tan sólo me atrevo a decir que renunciar de golpe a todo el proyecto de Perrault para Las Teresitas parece un disparate. Esencialmente porque volvemos al punto de partida con la circunstancia agravante, y esto quizá sea lo peor, de no saber cuánto tiempo más seguirán los santacruceros, y todos los tinerfeños en general, sin una playa digna. Lo actual, como digo, es una hediondez se mire como se mire. Pestilencia veraniega que muchos dan por buena, y hasta les gusta, por la sencilla razón de que no han visto otra cosa en su vida.
Queda por comentar el cambio de actitud del PP y la primera derrota seria sufrida por Miguel Zerolo en esta legislatura. Le auguro que no será la última. Lo penoso es que el descalabro no se circunscribe sólo a un alcalde; afecta a todos los ciudadanos de Santa Cruz sea cual sea el ideario político de cada cual. ¿De qué han servido tantos proyectos, tantos años de debate y la ingente cantidad de dinero gastado? Los grandes proyectos requieren grandes consensos. ¿Se puede llegar a un acuerdo con el PSOE respecto a Las Teresitas? Indudablemente, sí. ¿Es posible hacerlo con el PSOE de Santiago Pérez y su poderdante López Aguilar? Radicalmente, no. El PSOE de Pérez, de López y hasta del propio Zapatero es excluyente y arrasador: "nosotros, o nadie". El PP es la corrupción químicamente pura, CC es la corrupción físicamente absoluta y nosotros somos los redentores de la memoria, los hombres y mujeres del talante y los paladines del buen rollito. Acierta Zerolo cuando dice que en ningún caso habrían permitido los socialistas un triunfo de CC en Las Teresitas. Lástima que el alcalde santacrucero también se haya equivocado mucho en todo lo que ha rodeado al proyecto de mejora de esta playa; sobre todo al pensar -de ilusiones también se vive- que Guigou y Guimerá tardarían por lo menos un par de meses en echarse al monte.
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