ESTAS LÍNEAS se escriben justo cuando da comienzo la reunión del Comité Federal del PSOE. Es ya casi litúrgico llamar en los medios a ese Comité el "máximo órgano entre congresos", lo que sobre el papel es cierto, pero cuya práctica lo ha convertido en una pura cámara de resonancia del culto a la personalidad del que verdaderamente ostenta el máximo poder entre congresos, que es el secretario general, sobre todo si está ocupando La Moncloa. El parecido entre el Comité Federal y lo que en el franquismo era el Consejo Nacional del Movimiento es llamativo. José María Pemán escribió un muy comentado artículo (por cierto, con Franco vivo y sano, es decir, en el ejercicio de todo su poder personal) en el que ponía en solfa la razón de ser de aquel organismo: venía a decir que era curioso un órgano del Estado llamado Consejo Nacional, que se reunía una vez al año "para escuchar un discurso del aconsejado". Hoy, como ayer.
Inicio estas líneas de este modo porque esta semana se han seguido produciendo hechos que muchos interpretan como síntomas de una división interna en la casa socialista bastante más profunda de lo que aparece en la superficie: al abandono de la política del ex ministro Jordi Sevilla, que devolvió su acta de diputado y se fue al sector privado le siguió el del ex vicepresidente Pedro Solbes, y corrió como reguero de pólvora la especie de que otros varios ex ministros iban a hacer lo mismo; de ahí a circular el intenso rumor de que el PSOE está dividido no transcurrió ni un día.
Para redondear el panorama, el presidente de la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA), Juan Ramón Quintás, pronunció lo impronunciable: dijo que si los dos grandes partidos no son capaces de llegar a acuerdos básicos para hacer frente a la crisis, no habrá otra salida que adelantar las elecciones. Quintás acababa de dar un martillazo en el sistema nervioso central del socialismo: poner en riesgo el poder. Inmediatamente se ha desplegado todo un abanico de declaraciones de unidad y proclamaciones de cohesión indestructible.
En este contexto, sería una sorpresa morrocotuda que la reunión del Comité Federal del PSOE fuese cosa distinta de una explosión de aclamaciones al líder que tanto favorece a tantos militantes. El asunto no es nuevo: en horas muy bajas del felipismo, un Comité Federal osó no estar del todo de acuerdo con la política atlántica de González, pero éste levantó una ensordecedora ovación tras su discurso final, en el que desarrolló una sola idea: confiasteis en mí y os he llevado al poder; ahora os repito: confiad en mí si queréis que lo sigamos disfrutando. Éxito total.
Tabaco, aborto
Mientras arrecian desde todos los ángulos las críticas a la política económica y fiscal del Gobierno, éste trata de desviar la atención de terreno tan pantanoso con diversas provocaciones sociales de muy diversas características, que enfrenten a unos ciudadanos contra otros y den pasto para que la bronca se traslade a los medios. Estos días han sido los casos del anuncio de la prohibición total de fumar en cualquier espacio público (cortina de humo, nunca mejor dicho), y la filtración del dictamen del Consejo de Estado sobre el anteproyecto de la nueva ley de aborto.
Tras el siniestro anuncio de la ministra de Sanidad ("la sociedad española ya está madura para la prohibición total de fumar", dijo, lo que traducido significa que cree que ya está lo bastante embrutecida para soportar esta arbitrariedad), se han empezado a oír las protestas de los hosteleros que ven esta prohibición como un golpe mortal a su negocio, y que son conscientes de que han tirado a la basura el dinero invertido en afear sus establecimientos para crear zonas de fumadores y no fumadores. Posiblemente se acabará un día esta estúpida muestra de despotismo, que es además una intolerable intromisión en los hábitos de los ciudadanos particulares respecto a una sustancia que el Gobierno no declara ilegal porque le suministra billones de pesetas de ingresos fiscales; pero mientras tanto, el sector de la hostelería va a sufrir las consecuencias.
Lo del aborto son palabras mayores, pues de lo que se trata es de desproteger por completo la vida de más de cien mil inocentes cada año en nombre de una ley inicua. La filtración del dictamen del Consejo de Estado señala que este máximo órgano consultivo del Gobierno considera que el aborto a plazo -es decir, sin que la madre tenga que dar la menor explicación de por qué dispone la muerte de su hijo durante las primeras catorce semanas de embarazo- tiene encaje en la Constitución.
Todavía no se conoce públicamente el texto íntegro de ese dictamen, que suscita la natural curiosidad de conocer cómo se argumenta la constitucionalidad de dar muerte, sin tener que justificar nada, a quien el Tribunal Constitucional ha definido como jurídicamente protegible en virtud del artículo 15 de la Constitución, que señala que todos tienen derecho a la vida. De todos modos, esta curiosidad no deja de ser teórica o académica: el Gobierno ya tiene sobradamente demostrado que le importa un comino lo que diga el Consejo de Estado. Si avala sus designios, lo celebra ruidosamente; y si no, sepulta el dictamen en un cajón y sigue haciendo lo que le da la gana.
En relación con esto, ha irrumpido con fuerza en los medios la convocatoria, para el 17 de octubre, de una manifestación gigante en Madrid, en defensa de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural. La cuestión del aborto provocado no ha sido, ni es, ni será pacífica nunca. Todos nos jugamos en este envite el respeto a la dignidad humana, que es la base y el fundamento de la libertad. Perder esta referencia es el camino hacia la servidumbre.
Posdata
Obama ha invitado a Rodríguez Zapatero a visitarlo en la Casa Blanca el mes que viene. Por fin. El júbilo del Gobierno es enorme, tras más de cinco años de espera para hacerse la ansiada fotografía. Eso es lo que le gusta a Rodríguez: la imagen.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD