L.C., Madrid
Feliciano García, de 63 años, es catedrático de Construcciones Navales en la Universidad de La Laguna (ULL), y lleva 13 meses en Madrid esperando un trasplante de corazón.
Le detectaron una cardiopatía consistente en "una dilatación del corazón no reversible" a raíz de que un día, hace seis años, se le disparó la tensión. Ocurrió después de un partido del Tenerife contra El Ferrol. "Ganamos 5-0, yo estaba en Herradura y allí comenzó la odisea". "Ahora los médicos me tienen prohibido ver al Tenerife", añade.
Como Feliciano pertenece a Muface (una mutualidad privada para funcionarios) y sobrepasa el límite de 14.000 euros al año no tiene derecho a ninguna ayuda por parte del Servicio Canario de Salud. A pesar de que su sueldo se ve mermado a la mitad todos los meses porque avaló a un familiar que, después, se declaró a insolvente, Feliciano tiene que pagar 650 euros al mes por un apartamento.
Está solo, aunque con frecuencia recibe visitas de alguno de sus cinco hijos. "Toda mi gente tiene que trabajar allí", explica.
"El canario está en total desventaja", dice, para añadir que sería deseable "más sensibilidad institucional y apoyo a la problemática de los canarios y los trasplantes" de corazón y pulmón.
Feliciano tiene un marcapasos y un desfibrilador y problemas con la retención de líquidos por el deterioro de su corazón. Mata el tiempo haciendo trabajos para la Sociedad Canaria de Tecnologías Medioambientales, a la que pertenece, entre otras cosas.
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