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EL GONGO JORGE DÁVILA

El poder de elegir

19/sep/09 08:01
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ELEGIR es una de las misiones más difíciles a las que se enfrenta una persona en esta vida. Escoger un club de fútbol, posicionarse cerca de una corriente ideológica, saber distinguir en una lista inundada de nombres dónde está el amigo y en qué línea el conocido... Nos pasamos nuestra existencia eligiendo. Primero, de una manera condicionada. Está el ejemplo del menudo que se mide a la sesuda tarea de agarrar un indio verde, rojo o azul... Al final, lo que menos importa es el color de la pieza en cuestión, pues el "machango" va a terminar, sí o sí, en el interior de una destartalada caja de zapatos junto con otras miniaturas de juguetería. Lo peor de este enamoramiento es que es pasajero, es decir, que se esfuma a una velocidad de vértigo en cuanto desaparece un olor, al superhéroe le amputan uno de sus miembros o, simplemente, te aburres de su compañía.

Más tarde, cuando ya superas los 150 centímetros de altura y en casa te inyectan el miedo en el cuerpo con la idea de que ha llegado la hora de que tengas tu primer Documento Nacional de Identidad, debes continuar eligiendo. En el instituto decides si "alistarte" en el bando de los de Letras o en el de los de Ciencias; una opción a recordar cuando a los cuarenta algún gracioso te pregunte por la raíz cuadrada de 68. Entonces, lo más socorrido es decirle que uno siempre fue de letras. Ya eres mayor de edad y hay que proseguir eligiendo; despejar la incógnita de quién será tu primera novieta más o menos formal, a qué convocatoria de la facultad te vas a presentar en febrero o cómo invertir una parte de la beca o de tu primer sueldo. Eso sí, en una biografía siempre hay capítulos que vienen impuestos. Esos no tienen margen de maniobra, ni conocen el significado del perdón. Te golpean con una violencia exagerada y, encima, nunca tienes la posibilidad de acudir a los tribunales. ¡Mamá, me caso! En tu ausencia sólo me he permitido la licencia de reclamar un espacio (gracias a los compañeros que me lo cedieron) para repetirte una vez más que TE QUIERO. Te quiero tanto como a todas esas personas que saben que tu adiós no fue una elección fácil de digerir. Te quiero tanto como Ana Elena. No tengo claro quien eligió a quien, pero nos elegimos. Gracias a ti, sé que existen los sueños de carne y hueso.

* Redactor de EL DÍA

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