EL 96% DE LOS HABITANTES del pueblo barcelonés de Arenys de Munt, de 8.000 habitantes, dio el "sí" a la independencia de Cataluña, en el referéndum no vinculante del pasado domingo. Los vecinos han celebrado, alborozados, esta decisión, cuya contundencia ha sorprendido en los ambientes políticos catalanes. La consulta iba a ser organizada por el Ayuntamiento, pero los tribunales se lo prohibieron, así que un comité cívico fue el encargado de realizarla, sin la participación oficial municipal, aunque no hay duda de que, desde las Casas Consistoriales, se veía el asunto con muy buenos ojos.
Aunque nada sea "oficial", ni el resultado vinculante, hay que reconocer que si es sintomático. Queremos decir que el 96% del pueblo votó a favor de la independencia de Cataluña, luego alberga ese sentimiento, con todas sus consecuencias.
En Canarias, un archipiélago que tiene muchos más motivos que Cataluña para ser libre y todos los condicionantes históricos y en sintonía con el derecho internacional para obtener su independencia, no se ha realizado todavía una consulta de este tipo. Pero el antecedente no nos viene mal. Las Naciones Unidas han impuesto la fecha del 2010 para que el mundo se descolonice de las metrópolis dominantes. Nosotros hemos sido colonizados por España, pues el trato desigual, las humillaciones históricas y las injusticias flagrantes con relación a otras autonomías así lo demuestran.
Este maltrato secular ha traído consigo la existencia de un fuerte movimiento independentista, de carácter absolutamente pacífico, que reivindica nuestra soberanía: poder elegir nuestro destino y podernos convertir en nación. Lo lógico sería que esta circunstancia llegara más pronto que tarde, para cumplir con las directrices de la ONU. Si todavía hay alguien que cree que esto es España está en un error. Esta es la tierra que nos legaron nuestro antepasados; esta es la tierra de los guanches, exterminados por el invasor a golpe de machete y de traiciones. Nosotros no podemos ni debemos traicionar su memoria, porque sentimos su sangre correr por nuestras venas.
El Gobierno de España no hace nada por Canarias. Desde principios de año prometió su presidente un plan especial para el Puerto de la Cruz, bajar las tasas aeroportuarias y suavizar el terrible clima político que se vive en las islas por la acción de individuos de la catadura política de Juan Fernando López Aguilar y de Santiago Pérez. Son los peores enemigos de Tenerife: todo lo censuran, todo lo critican, todo lo boicotean. Allí donde hay un follón, ahí están ellos. Lean, si no, el artículo amargo que publicaba el domingo en estas páginas Miguel Zerolo, alcalde de Santa Cruz, harto de que desde el propio Estado y desde el propio Partido Socialista se boicotee a la playa de Las Teresitas y a Santa Cruz. ¿Por qué no, pues, pedir la independencia? ¡Viva Canarias libre!
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