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El eclipse y la violencia escolar

17/sep/09 07:31
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YA HABÍA escuchado por la radio la propuesta del Museo de la Ciencia y el Cosmos de buscar testigos presenciales del eclipse solar ocurrido el 2 de octubre de 1959. Fecha que recuerdo como si fuera ahora mismo, porque la sensación de verse totalmente a oscuras en pleno mediodía es una experiencia que le marca a uno para siempre.

En los preámbulos del eclipse, la gente andaba inquieta en el cuadrilátero comprendido entre las calles Porlier, Serrano, Castro y la rambla de las Asuncionistas de Santa Cruz. Se hablaba, desde la ignorancia, de malos augurios y hasta el borrachito del barrio, al que habían engañado, andaba por las calles lanzando gritos de arrepentimiento y promesas de dejar la bebida para siempre, ante la hilaridad dubitativa que causaba en los vecinos su balbuceante verborrea.

Entonces la mayoría de las casas eran terreras, y al vivir yo en una de dos pisos junto al lateral del cine Víctor, tenía una vista inmejorable del barrio, pues podía ver hasta la torre de la iglesia de La Concepción. Acostumbrado a pasar casi todos mis ratos libres a la intemperie, cuidando de mis palomas mensajeras, me aposté en la azotea desde hora temprana para charlar con la mayoría de los vecinos de las casas colindantes que habían hecho lo mismo. Provistos de los cristales que habíamos ahumado convenientemente, nos dispusimos a contemplar el fenómeno desde su inicio. Como así fue.

Conocíamos por la prensa la presencia de numerosos científicos y el detalle del reactor norteamericano preparado para fotografiar la evolución del hecho; pues se decía que, al romper la velocidad del sonido y alcanzar el punto "match II", el avión tendría, con su seguimiento, unos minutos más de visión. Ignoro si esta apreciación es técnicamente correcta, pero era lo que se decía por entonces.

Finalmente, al llegar al punto de absoluta oscuridad (11 horas, 42 minutos y 10 segundos), se escuchó una gigantesca exclamación salida de todas las gargantas del barrio, rota por el estruendo del paso del reactor como un raudo fantasma en la oscuridad reinante. La reacción de las aves, que por aquella época abundaban en las azoteas como complemento alimenticio, fue la de acurrucarse ante la inesperada noche; al tiempo que los gallos rompieron de improviso a cantar desaforadamente. Mis palomas, como no iban a ser menos, desde que comenzó la penumbra se apresuraron a entrar en el palomar y meter sus cabezas entre las plumas. Y mi perro cocker emitió en principio unos ladridos nerviosos, aunque finalmente se tranquilizó al ver amanecer por segunda vez en el mismo día. Creo recordar que, pese a las advertencias, hubo más de un ciudadano que tuvo problemas de retina por no guardar las debidas precauciones.

Cambio rápidamente de cuestión y apuro los últimos renglones refiriéndome a la propuesta de Esperanza Aguirre para dotar a los docentes del estatus de autoridad, a fin de evitar los continuos atentados físicos y morales de que son objeto; extensivos también a los propios condiscípulos.

Resulta evidente que, a lo largo de los años, la educación ha dado paso a la simple enseñanza de una serie de materias y conocimientos útiles para el desenvolvimiento del alumno en su vida laboral. Y aunque se dice que la educación parte desde el núcleo familiar, no es menos cierto que éste carece prácticamente de la figura materna al estar la mujer más que involucrada en el mercado de trabajo. A esto habría que añadir la endogamia existente en las comunidades y universidades, muchas veces con discutible valoración académica, que perjudica notablemente la calidad de la enseñanza. A lo que hay que añadir la opinión de muchos profesores "progres" que confunden libertad con libertinaje, y luego quieren que la horda de salvajes que está bajo su responsabilidad les manifieste un mínimo de respeto.

El terrible dato que coloca a España (y a Canarias, por ahora) en el puesto número 78 en cuanto a calidad de la enseñanza, por debajo de países como Malta y Malasia, dice muy poco en favor de este Gobierno, que parece que se esfuerza cada día más por derribar los pilares que conforman una sociedad moderna y culta.

Sugiero a estos negados mandatarios que amenacen a los discípulos, como al borrachito de mi antiguo barrio, con el castigo divino de la noche eterna de un eclipse, para que se porten bien y si es que se tragan la milonga zapatista.

jcvmonteverde@hotmail.com

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