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Vida en la playa del Muerto

Sus escarpados accesos han sido su salvaguarda. Sus más de 50 residentes conviven en un entorno privilegiado y sin echar en falta las comodidades.
TACHI IZQUIERDO, Tenerife
17/sep/09 7:30 AM
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Sólo un desgraciado incidente ha sacado del anonimato y de la tranquilidad al enclave costero de la playa del Muerto, en la costa de Añaza, al Suroeste de la capital tinerfeña. Los pocos vecinos fijos del lugar aún recuerdan el desagradable momento vivido el pasado domingo, cuando por un desprendimiento de piedras resultó herido de gravedad Avelino Rodríguez Ávila, quien se encontraba cenando con otras personas, resultando golpeado por una tabla que salió despedida tras el impacto. Los otros comensales sólo sufrieron heridas leves.

Tras varios días de hospitalización y una intensa observación en la UVI, Rodríguez Ávila se ha ido recuperando paulatinamente, aunque con cierta desorientación debido a la gravedad de sus heridas. Sin embargo, quienes le aguardan en la playa reciben con una inmensa alegría cualquier avance en su estado de salud, por mínimo que sea.

Indican que, a pesar de que desde la Concejalía de Servicios Sociales del Ayuntamiento de Santa Cruz se hayan interesado por su caso y ya se ha abierto un expediente para habilitarle algún tipo de ayuda o facilitarle un domicilio adecuado para cuando se recupere, "Avelino lo único que quiere es volver a la playa, y estar tranquilo en su casa", algo que, señalan, "ha pedido cada una de las veces que le han retirado la sedación y cuando lo hemos ido a visitar".

Avelino es de los pocos que viven de manera permanente en esta playa, justo en la desembocadura del barranco del Muerto, en una cueva excavada en el mismo risco que estuvo a punto de segarle la vida. Los responsables de la administración han tenido ciertas dificultades para elaborar un historial, pues Avelino, al parecer, carece de documentación y escrituras que definan la constancia de su empadronamiento, requisitos que, sin embargo, quizá haya pensado que sean poco válidos para una vida en un lugar tan cerca y, a la vez, tan lejos de la civilización.

En la época estival, esta playa puede albergar en las viviendas que se han construido a lo largo de los años a unas 60 personas, muchas de ellas asiduas también en los fines de semana. Sus vidas transcurren entre el equilibrio de saberse privilegiados por contar con un lugar idílico y las desventajas de no contar con servicios esenciales como la luz y el agua, algo que se supera "porque ha sido nuestra forma de vida y la de nuestros padres y abuelos".

Más de cinco décadas y otras tantas generaciones han dado vida a este rincón de la costa cercano a Añaza, donde aún no se olvida su origen pesquero, observando con estupor "cómo públicamente se dice que esto es un asentamiento de chabolas", indican tres de sus habitantes afanados en la reparación de las artes de pesca.

La playa del Muerto se ha salvaguardado de las influencias del mundo exterior gracias a su casi impenetrable acceso por un escarpado camino que serpentea el risco, que miles y miles de veces han sorteado sus habitantes para llevar hasta este rincón los materiales de construcción con los que han conformado su actual estructura urbana y humana.

"Aquí todos nos conocemos, somos una familia y compartimos lo poco que tenemos", señala uno de los vecinos, que comenta orgulloso y, a la vez en tono severo, que, "cuando viene alguien a alterar nuestra forma de vida y la tranquilidad de nuestras familias, lo invitamos a que se vaya a otro sitio, pues aquí impera el respeto".

Salvo tres o cuatro viviendas que presentan un aspecto más precario por la falta de atención de sus propietarios, la mayoría están en relativas buenas condiciones, pero en este lugar tan próximo al mar es muy difícil olvidarse de que "Costas pueda aparecer en cualquier momento y hacer lo que ha hecho en otros enclaves", lamentan estos pescadores, que creen que el incidente "le ha dado demasiada publicidad a la zona", cuando en más de 50 años jamás se ha producido un incidente tan grave como el del pasado domingo".

"Nunca nos han dicho nada, ni nadie ha venido por aquí. No molestamos a nadie y llevamos nuestra vida como en los últimos 50 años. Lo que pasa es que siempre atacan al más pobre, algo que no nos parece justo a los que vivimos en la playa del Muerto".