APARTE de una buena definición de la política económica, un grito musical o una multinacional española dedicada al diseño, fabricación y comercialización de prendas de vestir, centrada en Barcelona, que vende en el exterior más del 75% de su producción, es un producto de lujo que brota, tan generosamente como queramos, de nuestro campo.
El mango (Mangifera indica L.) es el tercer frutal tropical en importancia de las Islas Canarias, tras el plátano y el aguacate. Una verdadera bendición de la naturaleza, que, debido a las especiales condiciones de temperatura, se ha aclimatado perfectamente en variedades obtenidas por la adaptación de la planta durante varios siglos a un clima más favorable que el que tenían en la zona de procedencia (India). Mejoradas por evolución natural, son conocidas por "mangas" en Canarias, Venezuela y en la costa Atlántica de Colombia, donde han adquirido una categoría especial para que de ellas se deriven casi todas las variedades del mango de injerto. La mejora de esta especie por medio de la investigación biológica tiene mucho interés ya que está muy bien adaptada a las condiciones subtropicales de las Islas. La superficie dedicada al cultivo del mango en Canarias puede ser de una cifra que se acerca considerablemente a las quinientas hectáreas.
Pero en Europa, y desde que se negoció la entrada del Reino de España en la Política Agraria Comunitaria (PAC), la única cesión consistente que se entendió necesaria fue la reserva cada vez más parcial del mercado peninsular para el plátano. Con eso, el turismo y una caña era suficiente. En lo que respecta a otras frutas, ni la piña, ni el aguacate, ni el mango, ni ninguna otra merecieron u obtuvieron las más mínimas condiciones para la exportación a los mercados comunitarios en lo que podían haber sido políticas económicas compensadas que las protegieran ante los mayores costos internos y que dieran algún sentido al desarme arancelario que hizo gratuitamente Canarias para todos los productos industriales y colonizaciones de distribución provenientes del viejo continente. Ya no decir el tomate, cada vez más perjudicado por los lazos de amistad con Marruecos, la papa en peligro de extinción o las flores, plantas y esquejes, ya semidesaparecidas de la faz de las Islas.
El problema principal de la producción y comercialización rentable se debe a que es perecedera, aunque puede ser cosechada verde, por lo que su consumo no debería distanciarse demasiado del lugar donde se cosecha. En este momento, con suerte, sólo se mal vende en el mercado interior cuando, antes de la entrada en la UE aún existían ciertos tirones de demanda en Península y continente. La mitad o más de la cosecha actual, y creo no decir ninguna barbaridad, madura en sus azúcares y nunca llega a consumirse por insuficiencia de consumo. Ni regalados, en los "picos" de producción, los agricultores acaban tirándolos. Afortunadamente, su pulpa puede guardarse congelada bastante tiempo y sirve para zumos, por lo que haríamos bien en motivar muy mucho la investigación, envasado o procesado de productos derivados.
Es una fruta de la zona intertropical, de textura carnosa y semiácida que se cultiva en muchos países (Venezuela, España, Costa Rica, Paraguay, China, Italia y EE.UU.). La pulpa puede ser (o no) fibrosa, siendo la variedad llamada "mango de hilacha" la que mayor cantidad de fibra contiene. Se te queda entre los dientes como cuando a un rastrillo se le traban las ramas. Normalmente de color verde en principio, pasa a amarillo o naranja cuando está maduro y entonces el gusto es excepcional. De origen asiático, comprende numerosas variedades, muchas de ellas obtenidas a partir de las técnicas de injerto. El mango salvaje crece espontáneamente en zonas intertropicales americanas (introducido a fines del siglo XVIII en el Brasil por los portugueses) y es de color amarillo, más pequeño que las variedades comentadas, tanto el mango "bocao" como el de hilacha son exquisitos.
Los sabores pueden ser muy diferentes entre una variedad y otra. Por ejemplo, una variedad existente de mango de gran tamaño tiene un sabor y olor similares al del melocotón en almíbar, aunque con una textura menos hidratada (mango melocotón).
Bajo en calorías, aporta al organismo antioxidantes, vitamina C y vitamina B5. Apropiada para el metabolismo de los hidratos de carbono y problemas en la epidermis. Es de muy fácil digestión aunque puede tener efectos laxantes cuando se consume en exceso.
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