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DORY MERINO, Tenerife
María Victoria Tavío y José María Pérez Ortega celebrarán sus bodas de oro de matrimonio el próximo 2 de octubre, día en el que se conmemorán los 50 años del eclipse total de Sol, que se observó perfectamente desde Canarias, sobre todo desde Santa Cruz de Tenerife.
"Elegimos la fecha de nuestra boda al azar, unos meses antes, y cuando nos enteramos por el periódico de que ese día y a esa hora se iba a producir el eclipse nos quedamos sorprendidos, pero decidimos mantener la cita", relató Mariví Tavío a EL DÍA, quien recuerda que subió a la azotea de la casa de su madre, en el centro de Santa Cruz de Tenerife, vestida de novia para contemplar el extraordinario hecho, "que no eclipsó mi boda para nada, pero algunos invitados sí que llegaron tarde por este motivo", señaló.
"Todas las personas que estábamos en casa de mi madre nos quedamos sorprendidos de lo que sucedía en el cielo", manifestó Tavío y, como dato curioso, indicó que en la azotea "teníamos un pequeño gallinero para el consumo familiar y, en el momento en el que se oscureció el día, pasadas las once de la mañana, nos extrañamos de que las gallinas se echaran a dormir".
El novio, en el balcón
Tavío guarda un grato recuerdo del momento en el que se hizo noche cerrada en pleno día, porque pudo saludar a su novio, que se encontraba en el balcón del que era el hotel Camacho, que estaba muy cercano a la iglesia de San Francisco, justo enfrente de su azotea.
La familia de mi novio también salió al balcón en el momento en el que se oscureció el día.
"Fue un encuentro visual muy agradable momentos antes de la boda, los dos vestidos de novios y nos saludamos", apuntó Mariví Tavío.
El que ahora es el marido de Mariví es peninsular, de Burgos, y se encontraba con su familia en ese hotel, en espera de celebrar el matrimonio. Conoció a José María cuando él, ingeniero agrónomo, llegó a Tenerife en un viaje de prácticas.
La familia Pérez Ortega también pudo observar el eclipse total del año 1959, que en ese caso no era visible desde la Península.
Tavío también recuerda otros detalles de ese día en relación con el eclipse, como por ejemplo que algunas personas se quemaron los ojos, incluso, a pesar de llevar cristales ahumados, como aconsejaba el periódico.
Asimismo, dijo que tenía conocimiento de que otras personas se habían desplazado hasta las Cañadas de El Teide para observar mejor el anunciado eclipse, algo inusual.
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